Elogio del artista neuromejorado, por Miquel Molina

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Una implicación perturbadora de la carrera tecnológica es la posibilidad de que en el futuro haya personas neuromejoradas que compitan con ventaja sobre las que seguirán sometidas a las limitaciones del pensamiento analógico, o bien porque éstas no pueden pagarse el upgrade (¿chips implantados?) o bien porque preferirán no hacerlo. 

El debate no es nuevo. Lleva años planteado. Kazuo Ishiguro lo desarrolló en Klara y el sol (Anagrama, 2021) y, de alguna forma, lo sugería ya Orwell en su preclaro El camino a Wigan Pier , de 1937.

En el campo de las artes, la posibilidad de neuromejora avanza ahora de la mano de los modelos de Inteligencia Artificial generativa (IA), tan lesivos para los derechos de propiedad de los creadores como estimulantes si se trata de explorar las nuevas fronteras del arte.

 Es pronto para saber en qué medida esta evolución tecnológica determinará el tipo de creaciones artísticas o literarias que se producirán, se mercantilizarán y se consumirán en los próximos años, pero el enorme potencial de los nuevos artefactos de IA invita a pensar que el efecto será relevante.

La IA ampliará las fronteras del arte, pero hay casos de hiperestimulación analógica

Cierto: la neuromejora , con otros nombres, ha existido desde que el ser humano descubrió en la antigüedad el poder estimulante del vino o de la adormidera. Infinidad de artistas han querido expandir su universo creativos gracias a las sustancias psicotrópicas. Uno de ellos fue el poeta, novelista y ensayista Robert Graves (1895-1985), cuya obra reedita y actualiza ahora en formato bolsillo Alianza Editorial, cubriendo algunos vacíos.

Graves no solo usó sustancias psicotrópicas (las setas psilocibínicas ) para alterar deliberadamente la capacidad de su mente, sino que teorizó sobre ello en el artículo El trance del hongo sagrado , publicado en 1963 en Story Magazine . Este texto fue recopilado junto a otros de Aldous Huxley y Robert G. Wasson en el sugerente libro La experiencia del éxtasis , editado por La liebre de Marzo en 2003.

casa Mallorca Robert Graves

La ventana del despacho de Graves en Deià, abierta de par en par a su musa poética 

REDACCIÓN / Terceros

Escribió Graves que, “muy lejos de oscurecer los sentidos, el hongo mexicano los azuza con un latigazo. Un espíritu experimentador no sólo permanecerá consciente bajo sus efectos, sino que se volverá supraconsciente. La psilocybe ilumina el espíritu y reeduca la vista y el oído”.

El poeta compuso algunos pasajes iluminado por esa experiencia psiconáutica , pero para descubrir los auténticos secretos de su neuromejora hay que visitar Ca N’Alluny, la casa de Mallorca donde vivió desde 1929 hasta su muerte.

La revelación no son los libros que atesora su biblioteca, relativamente escasos para alguien que desde allí nos explicó la Roma clásica, los mitos griegos, la Primera Guerra Mundial o la historia que está en el origen de todas las historias, su monumental La Diosa Blanca (por cierto, uno de los títulos recuperados por Alianza en traducción de William Graves). Graves, además, murió pocos años antes de la irrupción de internet y Amazon, dos hitos que hubieran facilitado mucho su trabajo.


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El secreto, decíamos, no son ni los psicotrópicos ni los libros, sino, en su mismo despacho, esa ventana abierta a la prodigiosa naturaleza de Deià, complementada con la vista, desde el huerto, del mar que baña Cala Deià, el mismo lugar en el que el autor sitúa el asesinato del argonauta Anceo en El vellocino de oro , ahora reeditado por Edhasa traducido por Lucía Graves.

Una formación clásica rica en lecturas obligatorias, unas docenas de libros, el trabajo constante, la pasión por la poesía, el apoyo familiar, escribir junto a una ventana al paraíso y una capacidad de concentración que nos está vetada en la sociedad hiperconectada de hoy son las claves de su exuberante bibliografía.

Así que, ¿artes con IA o artes analógicas? ¿Y por qué no las dos? Es lícito, creemos, maravillarse ante las olas algorítimicas de Quayola o los personajes imposibles de Universal Everything que se expusieron en la muestra barcelonesa Digital Impact. Pero también lo es afirmar que jamás habrá un algoritmo capaz de ayudar a un escritor a componer un argumentado delirio como es La diosa blanca.

‘La Diosa Blanca’

La influencia en Leonora Carrington

La diosa blanca de Graves es un libro de gran belleza poética, aunque difícil de leer. Quizás lo más indicado sea hacer una lectura no necesariamente lineal, sino aleatoria, como aleatorio parece el deambular del autor en su busca de su suprema musa poética y de las deidades femeninas originales luego silenciadas por el patriarcado. Esta sabia mezcla de conocimiento y suposición ha influido en numerosos artistas. Fue el caso de Leonora Carrington, cuya obra ya nunca fue la misma después de lectura de La Diosa Blanca.

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