La raíz negra del country que Beyoncé reivindica en ‘Cowboy Carter’

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Desde su portada, en que se muestra a lomos de un caballo blanco luciendo bandera de Estados Unidos, el nuevo disco de Beyoncé, Cowboy Carter, representa una reivindicación del papel que los músicos negros han tenido en el origen de la música country, comenzando por la aportación del banjo, que inventaron los esclavos africanos en el siglo XVII. Orígenes negros reconocidos por artistas como la familia Carter, estandartes de un género vinculado a la sociedad blanca del sur de Estados Unidos con una veta que se remonta hasta los estados sureños del bando confederado de la Guerra Civil, la “old Glory” (vieja gloria) del periodo conocido como “antebellum”.

“Este álbum nació de una experiencia que tuve hace años en la que no me sentí bienvenida… y estaba muy claro que no lo era”. Así explicó Beyoncé en su cuenta de Instagram el origen de Cowboy Carter, refiriéndose a su actuación en el 2016 en la gala de la Asociación de Música Country (CMA por sus siglas en inglés) junto a las Dixie Chicks, la formación country femenina denostada en el 2003 por criticar la guerra de Iraq. La presencia de la tejana en aquella gala dio pie a una campaña para impedir que subiera al escenario, y las críticas de tinte racista arreciaron tras el concierto. La respuesta de Beyoncé fue profundizar en los orígenes de aquella música. “El disco es una mezcla de homenaje a sus mayores, a los pioneros de la música country y a los artistas afroamericanos, y también una manera de reinventar y resignificar lo que significa la música country” explica Beatriz Navarro, autora del libro Dolly Parton, un retrato americano y antigua corresponsal en Washington de este diario, afincada actualmente en BRuselas.

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Dolly Parton participa en el álbum de Beyoncé gracias al tema ‘Jolene’

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Para este trabajo, la artista de Houston ha contado con las leyendas del country Willie Nelson y Dolly Parton (sin olvidar a Martell) así como de Rihannon Giddens, responsable del banjo y la viola que suena en Texas Hold ‘Em, una mezcla que refleja las raíces mestizas del género considerado como la música del pueblo, “la música popular por excelencia en EE.UU., aunque también representa lo más rancio de la sociedad americana y sus aspectos más conservadores”, comenta Navarro. Precisamente la relectura del clásico Jolene, de Parton, ha sido uno de los puntos destacados de Cowboy Carter. “Dolly es una artista de gran talento, pero también es una magnífica empresaria que se lleva sus royalties”. 

Desde hace años, la autora de I will allways love you empezó a decir que le gustaría que Beyoncé versionara Jolene, una canción de la que se han hecho más de 200 versiones, porque “junto con Taylor Swift son las reinas de la música pop, todo lo que hace tiene tiene un impacto enorme. Entre los fans de Dolly Parton, el Dollyverso, había gran expectación por saber qué haría Beyonce con la canción”. Esta nueva relectura hará aún más conocida a la veterana artista entre el público joven, “le ayuda a que su música siga siendo relevante, de hecho fue la versión del tema que hace años hizo su ahijada Miley Cirus la que dio a conocer a Parton entre los jóvenes”.

La versión que Beyoncé hace de ‘Jolene’ ha renovado la fama de Dolly Parton entre los jóvenes

“Está claro que Beyoncé no se sentía cómoda suplicando a su rival que no le quitara a su hombre”, comenta Beatriz Navarro sobre el nuevo enfoque de la canción. “En una lectura superficial, la Joline original tiene un enfoque poco feminista, porque le pide cuentas a una mujer sobre los flirteos de su pareja, pero la canción no va de eso”, apunta, y recuerda que Parton,  junto a otras artistas como Loreta Lynn, cambiaron el punto de vista de las canciones,“en el caso de Joline, Dolly se sitúa en una posición de vulnerabilidad total, ese lugar incómodo, de pánico a que otra mujer u otro hombre te robe a tu pareja”. Nada que ver con las amenazas que Queen B lanza a la amante de su marido. “Beyoncé o no la ha entendido o no se ha sentido identificada con ese punto de vista, la ha hecho suya con un discurso de empoderamiento muy actual pero que tiene poco que ver con el sentido original de la canción”.

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Kane Brown es una de las voces negras del country más pujantes en la actualidad

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El éxito del disco habla a las claras de la discriminación sufrida por la población negra en el country, pues Beyoncé se ha convertido gracias al single Texas hold ‘em en la primera artista negra en alcanzar el número 1 en la lista Hot Country songs de Billboard. Hasta ahora Taylor Swift había sido la única mujer que había encabezado la lista, y Linda Martell, que colabora en el disco en el tema Spaghetti, la cantante negra que más arriba llegó al alcanzar la posición 22 en 1969.

Estos datos escuecen si se tiene en cuenta que el country nació en la región de los Apalaches, donde un 20% de la población es afroamericana (y representan el 50% de la población total afroamericana de Estados Unidos). Sin embargo, en la música country que se ha publicado entre los años 2000 y 2020 los afroamericanos solo representan el 4% de los artistas, según apunta el estudio publicado en el 2022 por la Black Music Action Coalition. El mismo informe apunta que sólo 3 artistas negros se cuentan entre los 155 miembros del Country Hall of Fame, mientras que sólo un 1% de los artistas con contrato con las tres grandes productoras de Nashville, la cuna del género, son negros. Y en las más de 11.000 canciones radiadas en las pasadas dos décadas en las cadenas de radio dedicadas al country, solamente han sonado 13 artistas negros.

“En los años 20 las discográficas empezaron a segregar a los artistas y al público”, comenta Navarro sobre el origen del género, más reciente de lo que sus vínculos podrían suponer. “Por un lado se separó a los artistas blancos, que grababan música de lo que entonces se llamaba Hillbilly y después se conoció como country. Por otra parte estaban los discos de raza, para artistas negros que actuaban en circuitos segregados para el público negro”. Allí fue donde empezó la separación artificial (racista) entre géneros de una música con los mismos orígenes. “Es una mezcla de influencias de los instrumentos que llegaron de Europa por los emigrantes blancos, irlandeses, escoceses y los instrumentos de los negros, el banjo, junto con los cantos espirituales en los campos de trabajo de los esclavos”. 

La música country tiene un origen mestizo y utiliza instrumentos como el banjo de origen africano

Mantenida gracias a la propia segregación imperante, la división entre géneros fue aprovechada por Richard Nixon para pescar votos demócratas en los estados del sur. Lo hizo asociándose con los artistas de música blanca tradicional, y desde entonces “ha habido un matrimonio de conveniencia muy fuerte, que llega hasta nuestros días, entre la industria del country y el partido republicano”.

Nacida en Houston, Beyoncé creció escuchando country, y ya publicó en el 2016 Daddy’s lesson, el mismo tema que interpretó en la gala de la CMA con los resultados consabidos, y que la Academia de la Música de EE.UU. rechazó cuando la presentó a la categoría country de los premios Grammy. Algo parecido sucedió el pasado febrero, cuando una emisora country de Ocklahoma se negó a radiar Texas hold ‘em porque “no emitían ese tipo de música”. Las quejas forzaron a la emisora a dar marcha atrás en su decisión y alabar la figura de Beyoncé, pero es un ejemplo de las contradicciones latentes en un género que recuperó su vertiente más nacionalista tras los atentados del 11-S del 2001, reflejados en la reaparición de banderas sureñas en conciertos y festivales como el Country Music Festival, que las prohibió en el 2022.

La música country tiene un origen mestizo y utiliza instrumentos como el banjo de origen africano

“Con los músicos negros lo que hay ante todo es una exclusión de la industria, que está en manos de un puñado de personas con una definición estricta y caduca de lo que es la música country”. A pesar de ello, en los últimos 15 años han surgido numerosos artistas negros que reivindican su presencia mientras la industria da señales de apertura. Ahí está Rissi Palmer, la artista de Carolina del Norte que con su disco de debut en el 2007 se convirtió en la primera afroamericana que entraba en la lista de éxitos del country tras 20 años sin presencia femenina. 

Otro nombre que ha roto moldes es War and Treaty, la pareja formada por Michael Trotter Jr. y Tanya Blount-Trotter que se han convertido en habituales del Grand Ole Opry, el templo del country ubicado en Nashville, y que este verano pasarán por el Huercasa country festival de Segovia. O Mickey Guyton, texana como Beyoncé, que desde su debut en el 2015 se ha convertido en una de las voces más cotizadas del country cantando “If you think we live in the land of the free/ You should try to be black like me” (si piensas que vivimos en la tierra de los libres/deberías intentar ser negra como yo). Aunque tal vez el más conocido sea Kane Brown, con seis temas que han alcanzado el número 1 en las radios de EE.UU. con colaboraciones con Camila Cabello o recientemente con la nueva estrella de la música regional mexicana Carín León. Además Brown, nacido en Chattanooga (Tennessee) se ha convertido en el primer artista negro en ganar el premio al videoclip del año de la CMA.

Todos estos artistas se han aprovechado del buen momento de la música country que está viviendo “un renacimiento brutal”, según explica Navarro. “Desde hace dos o tres años triunfa en el streaming, que ha cambiado totalmente el peso de los prescriptores tradicionales como son las emisoras de radio. Goza una enorme popularidad entre la gente joven donde también parece que influye el tema de TikTok, que se han popularizado con muchos bailes”. Una puerta abierta que Beyoncé, que luce orgullosa sus gorros de cowboys en conciertos y galas mientras canta “They don’t know how hard I had to fight this” (No saben lo duro que he tenido que pelear por esto), ha ampliado todavía más para sacar a la luz las raíces negras del country, que durante décadas se han querido ocultar y enterrar.


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Sergio Lozano

Kurt Cobain, durante la grabación del ‘MTV Unplugged’ en Nueva York, en noviembre de 1993

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