Donald Trump y el Barça, por Manel Pérez

Equipo
By Equipo
8 Min Read

Trump tiene un lío tremendo tras colocar en bolsa su red social Truth Social. Hundimiento del valor y pleitos cruzados. Una operación especulativa que también es la elegida por el Barça de Joan Laporta para colocar su filial digital.

Donald Trump, el expresidente de EE.UU. y casi seguro candidato de nuevo del partido republicano para las elecciones de noviembre próximo si los jueces se lo permiten y Joan Laporta, el presidente del Barça, el emblemático club de fútbol tienen aficiones especulativas en común. Acuciados ambos por problemas económicos: el primero en su grupo empresarial y por las demandas de la justicia de su país; el segundo, al margen de su desconocida situación patrimonial privada, por las estrecheces financieras del club que dirige, derivadas de años de excesos y malos resultados deportivos.

Personalidades ambas con gran relevancia mediática y adorados por amplios sectores sociales en sus respectivos ámbitos de actuación: la política y la gestión deportiva. Los dos, ya es casualidad, han recurrido a idéntico salvavidas para hacer frente a esas angustias. Una vía que pocos eligen y que se ha llevado a la práctica en un reducido número de ocasiones, pues se trata de un procedimiento completamente desacreditado incluso en Wall Street, la meca de la más desaprensiva ingeniería financiera. Veremos los motivos, que seguro conocía Trump y que también se le transmitieron a Laporta y sus compañeros de junta antes de embarcarse en la aventura.

Se trata de dar un pelotazo por la vía rápida en la bolsa de Nueva York. Trump ya lo ha puesto en marcha; Laporta se ha quedado, hasta el momento, atrancado en el camino. El primero ha conseguido colocar en bolsa Trump media and technology group, que incluye su red social particular Truth Social (siete millones de seguidores), una empresa que facturó poco más de 4 millones de dólares en el último ejercicio cerrado, el 2023, valorándola en nada menos que 10.000 millones de dólares. Laporta, más modesto, ha intentado hacer lo propio partiendo de una filial llamada Barça Studios, con ventas de 0,5 millones de euros, y que se pretendía que debutara en bolsa con un valor de 1.000 millones de dólares.

Esas estratosféricas valoraciones son las que explican la peculiar vía elegida. Una salida relámpago a la bolsa que no requiere ni valoraciones externas, ni exámenes, autorizaciones o inspecciones de los reguladores de los mercados. Se busca una sociedad sin actividad, una cáscara vacía, spac en el lenguaje del mercado, que ya cotice en la bolsa, para fusionarla con la actividad que se quiere inflar como si convirtiera en oro todo lo que tocara. Es una especie de autovaloración que luego el mercado ratificará o no, pero que de entrada se puede apuntar en los libros contables como si fuera real.

(FILES) This file photo taken on September 16, 2008 shows a Wall Street sign outside an entrance of the New York Stock Exchange in New York. US stocks jumped 1.3 percent in opening trading November 7, 2016, joining a global rally after the FBI lifted the threat that Democratic candidate Hillary Clinton could face charges over her emails. The early gains snapped a nine-day losing streak for the S&P 500 as controversial Republican candidate Donald Trump has gained ground on Clinton, the preferred choice of markets. About two minutes into trading, the broad-based S&P 500 was up 1.3 percent to 2,111.82 and the Dow Jones Industrial Average was up the same amount to 18,126.16. / AFP PHOTO / Stan HONDA

Trump y Laporta comparten la idea de especular en Wall Street

Stan Honda / AFP

Pero, claro, en la vida real los milagros no existen, por más que muchos sigan queriendo creer en ellos. En el caso de Trump y pese a la ventaja de calendario que lleva sobre su émulo Laporta, los dolores de cabeza con la operación no han hecho más que empezar, aunque para la mayoría de los medos de comunicación la noticia empezó y terminó el día el debut en bolsa, hace dos semanas. Como veremos, el Barça enfrenta malestares semejantes, aún antes de estar en el mercado de valores.

El club contabilizó su sociedad por 400 millones; la infló para bolsa hasta 1.000 y ahora está bloqueada

Desde su debut, el precio de la acción de la sociedad de Trump no ha hecho más que desplomarse. Alcanzó en el día D casi 80 dólares y el pasado viernes cerró justo en la mitad, 40; es decir la capitalización cayó en la misma proporción: 5.500 millones. Descenso que siguió a la publicación de sus datos de facturación y un reconocimiento de pérdidas de más de 58 millones de dólares.

Afortunadamente para la credibilidad de los mercados, ni Trump ni ninguno de sus socios en ese tinglado ha podido vender acciones, pues una de las limitaciones de ese ventajoso sistema de marcha triunfal a la Bolsa obliga a mantener los títulos al menos seis meses a los accionistas iniciales. Así que tal vez, cuando llegue esa oportunidad de venta, al magnate en decadencia devenido en político populista no le quede ni un dólar de plusvalía. Esa es la apuesta de los inversores que merodean apostando de manera casi unánime ( a corto, según el argot bursátil) a una sostenida caída en picado de su precio.

Por si esto no fuera suficiente, a los pocos días de cotizar en el Nasdaq, Trump demandó a los accionistas propietarios de la sociedad instrumental que ya cotizaba y con la que había fusionado su red social. Los otros dos socios, a su vez, presentaron otra demanda contra su volcánico compañero de negocios.

Un compendio de los problemas habituales en estas operaciones corsarias: opacidad, especulación peligrosa, elevada litigiosidad y riesgo económico incontrolado.

El Barça, aún sin haber llevado a buen puerto la operación ya se ha atragantado con el asunto. Para el primer paso, hacer saltar la valoración de Barça Studios de los 150 millones que un informe externo había establecido como hipotético valor máximo, a los algo más de 400 que aceptaron fijar los dos socios iniciales, Socios.com y Orpheus, una sociedad del magnate audiovisual Jaume Roures. Compraron el 49%, aunque solo desembolsaron 20 millones, en una operación instrumental que buscaba marcar un valor y elevar el listón del fairplay de la Liga para inscribir jugadores. Para el siguiente paso, alzar la tasación hasta 1.000 millones, ya vendrían otros socios a tomar el relevo.

El expresidente colocó la sociedad por 10.000 millones; dos semanas después cotiza por la mitad

El problema es que esos nuevos inversores tal como aparecieron se han esfumado desde hace ya tiempo. El club anda ahora desesperado buscando un relevo, pero la cosa se presenta difícil. Seguro que las desventuras de Trump no son una buena tarjeta de presentación. Y Laporta ya apuntó el año pasado en las cuentas del Barça 400 millones de Barça Studios. Si no hay nuevos socios ese valor se desvanece y se convierte en una pérdida. El agujero sería descomunal. En fin, Laporta y Trump comparten parecidas tribulaciones.

Share This Article
Leave a comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *