Eduardo Navarro, el artista que quiso ser foca

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Esta es la historia de Eduardo Navarro (Buenos Aires, 1979), un artista entregado al mundo del océano hasta el punto de que ha querido convertirse en foca para interactuar con ellas. Y enfundado en un traje que las imita ha logrado que las rescatadas focas bebé de un refugio en Uruguay tomen el biberón con él. Y jueguen a hacer que se creen que él es una delas suyas. Jueguen al teatro. Pero también es la historia de Pedro, una foca de 500 kilos que no está claro ya si más bien es un humano con forma de foca. Y también, la historia de la fascinación absoluta del arte contemporáneo por los océanos, que se manifiesta en multitud de obras, exposiciones y bienales.

“El océano causa fascinación en el arte porque es como si fuera el cosmos dentro del planeta Tierra”

Esta semana Barcelona acoge la gran Conferencia de la Década de los Océanos, bajo el liderazgo de la Unesco. Su lema es “emplear la ciencia que necesitamos para tener los océanos que queremos”, unos océanos que fueron el inicio de la vida, recuerdan, y son claves para un futuro sostenible y equitativo. Pero además de la ciencia, el arte contemporáneo también está sumergido en ellos. “En los años setenta y ochenta –señala Navarro– hubo muchas utopías en las que se hablaba de construir naves espaciales y todo el mundo proyectaba el futuro en el espacio exterior, la tecnología nos iba a llevar a colonizar el cosmos. De la desilusión que hubo, de no llegar a nada, en contraposición el único punto que todavía sigue siendo un misterio a nivel casi cosmológico es el océano. Es como si fuese el cosmos dentro del planeta Tierra. Otorga la posibilidad de sumergirse en un terreno aún desconocido pero dentro de lo posible y lo real en lo humano y en el planeta mismo”.

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El artista Eduardo Navarro dando el biberón de proteínas a focas 

Leslie Gómez

En la pandemia Navarro estaba en Uruguay y pensó, dentro de su línea de trabajo, interactuar con las focas bebé huérfanas del refugio marino SOS, a cuyo impulsor conoce hace años. “Y surgió la idea de qué ocurre si soy una foca en vez de simplemente ir ahí a contemplarlo. La posibilidad de convertirme en una foca”. Decidió que lo haría con un traje de foca.

“Implica un proceso de cambio. El traje es como un vehículo, de la misma forma en que las personas se ponen máscaras en rituales para acceder a una forma distinta de pensar o ver el mundo, Ser artista es una máscara en sí misma que permite una dinámica con la sociedad y con el universo que es como una suerte de puente. Y esa máscara que es ser foca, que es la forma en la que se camina, el ruido, las aletas, el peso, genera una condición física y al mismo tiempo una instancia más espiritual de tomar contacto con algo mayor que lo humano”.

«Mi juego con las focas es parecido a las personas con el arte: no huelo a foca y no puedo imitarlas, pero son amigables con alguien que se entrega a su cosmos»

Pero su acción es más que el traje. “Están en estado de estrés, de crisis, a las focas huérfanas se las ha recogido y se las ha llevado al refugio a alimentarlas. Que entren en confianza es todo un proceso. Me costó”. Se acercaron, le olisquearon… “Para que la comunión ocurra tengo que salir de mi disfraz humano. Respirar, relajarme, entrar en otro lenguaje”. La confianza llegó y les pudo dar los “daiquiris de pescado con polvo de proteína” de los que se alimentan. Y también comenzó un juego. “Es parecido a las personas con el arte: sabes que no es real pero te entregas a un sistema de creencias, a asumir como verdadero lo que el artista está canalizando. Cuando me pongo el traje les doy licencia como para divertirse porque son humanos del mar de alguna forma, los lobos marinos y las focas tienen una necesidad muy grande de jugar. Y hay una suerte de comunión entre dos entidades que vienen de universos distintos. Claramente yo no huelo a foca y no puedo imitar exactamente la forma en la que gritan y hablan. Pero están siendo empáticamente amigables con alguien que está de alguna forma entregándose a su cosmos. Supongo que se deben reír después de que me voy”.

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El artista Eduardo Navarro dando el biberón a focas 

Leslie Gómez

Y dice que en todo caso la autoconcepción de los seres humanos es “tan conceptual, tan basada en quién soy yo, quién es el otro, qué es la naturaleza, que la idea de yo soy foca es como un mantra para mí, tiene la intuición de disolver esa idiosincrasia humana. En ese yo soy foca, no sé cuán foca soy, pero sé que hay una integración con algo mayor”.

«Hay una foca que se llama Pedro que es enorme, tendrá 18 años, y la sueltan y vuelve a aparecer. Es bastante humano a estas alturas»

Y subraya que “son animales muy amorosos y tienen personalidad. Una es muy gritona, la otra juega mucho, la otra es muy dominante. Es interesante ver de cerca cuán sofisticadas son como cultura. Y las devuelven al mar y regresan. Hay una foca que se llama Pedro que es enorme, tendrá 18 años, y la sueltan y vuelve a aparecer. El refugio está sobre el mar. En el mar, libre, Pedro tendría infinita cantidad de comida. Podría estar jugando en las olas y apareándose. Y sin embargo, prefiere estar ahí en una piscina de cemento, donde lo mojan con una manguera y le dan de comer. Aquí se pone interesante quién es quién, es un humano que es foca, una foca que es humano… A Pedro le gusta estar en una clausura de lo que es el océano. Pedro es bastante humano a estas alturas”.

«Tiene un componente casi mágico ponerme el traje, esa transformación. No me imagino dejándolo de hacer hasta los 80 años»

Navarro admite que “tiene un componente casi mágico ponerme el traje, esa transformación. No me imagino dejándolo de hacer. Hasta cuando me dé la columna, me imagino hasta los 80 años, si todavía tengo cierta conciencia y motricidad física, poniéndome el traje y haciendo eso. Igual que Pedro se ha hecho un poco humano. tengo la sensación de formar parte de algo mucho mayor al ponerme el traje e interactuar con ellas. Me da un estado meditativo luego. Me quita la ansiedad, la especulación, me da una sensación de paz muy gratificante. Recomiendo hacer la foca. Las personas están muy alienadas en su neurosis y sus miedos. No hay nada más empático que hacer conexión con el reino animal”.

El artista ha creado el proyecto F.o.c.a. (Fundación oceánica de contemplación amorosa), becado por la Fundación Botín, y quiere generar un espacio donde puedan ir escritores y artistas. Y quiere generar un archivo fotográfico, de cuentos, poesía, películas, sobre “esta interacción con el juego y el océano y el afecto, y sería increíble si al final acaba abierto al público y actúa como un talismán oceánico, donde uno accede a una información más intuitiva”.

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