El Athletic, campeón de la Copa del Rey tras acabar con su maldición

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Un rincón para los románticos, esa es la Copa del Rey.

Un rincón para la tradición, para aquel fútbol que conocimos de críos, cuando un conjunto menor podía acceder a un título grande, fútbol vintage que se resuelve con sangre en el césped, cabezas vendadas, jugadores acalambrados, llanto en las gradas. Mallorca y Athletic, dos almas que juegan un papel menor en la liga del Madrid y el Barça y casi nunca se asomarán a la Champions, se citan en Sevilla y en la víspera nadie se anima a señalar a un favorito, pues no lo hay, sino más bien incertidumbre, pasión y urgencias. Para unos y otros, estas oportunidades no abundan.

Iker Muniain comparte la Copa más deseada con una afición eufórica

Iker Muniain, capitán del Athletic, levanta la Copa al cielo de Sevilla (Javier Soriano / AFP)

Y por eso, vencido el desenlace, con el Athletic campeón, los mallorquinistas se derrumban sobre el césped, rotos y desesperados tras la tanda de penaltis, cuando fallan Morlanes y Radonjic, quién sabe si algún día vivirán más ocasiones así.

Acaso condicionado por las urgencias históricas, azuzado también por el acelerado ambiente de La Cartuja, el Athletic se precipita y se trastabilla. Lo ilustra la primera jugada del partido. Nico Williams se verticaliza y descabezado que se va, sin acompañantes y sin compás, hacia el marco de Greif.


El Athletic, campeón de la Copa del Rey tras acabar con su maldición

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Los jugadores del Athletic exultantes tras la conquista de la Copa del Rey


El desenlace es un disparo tontorrón que a nadie inquieta, y menos al Mallorca, que asume su papel, centrado en la contención, todos juntitos alrededor de Samu y Darder, y a exprimir las jugadas a balón parado.

Fútbol vintage

La Copa es aún rincón romántico, fútbol que vivimos de críos: un club de peso menor logra algo grande

Nico Williams es el termómetro del equipo vasco, ya se encuentra claramente por encima de Iñaki, su hermano mayor: ambos corren a la misma velocidad, aunque el menor le pone más acierto. Nico Williams es un cuchillo afilado en el carril izquierdo, el de Valjent, pero a veces va demasiado deprisa y en otras, se equivoca. Para compensarlo, en muchas otras, acierta.

Primero, los errores. Aún se están posicionando todos sobre el campo cuando Nico Williams falla en la entrega, un peligroso pase atrás, y el Mallorca acaricia el primer gol.

El aviso es serio. El Mallorca no dará más concesiones: marca al fin poco más tarde, ya en el minuto 20, cuando el Athletic se duerme en defensa y concede al equipo de Aguirre tres remates consecutivos dentro del área. En el tercero, acierta Dani Rodríguez, refuerzo de invierno en el once del Mallorca.

(Derrengado acaba, con calambres en el minuto 73).

Y ya está el Athletic ante sus demonios, acaso reviviendo episodios recientes, esas cinco finales que ha desperdiciado en una década y media.

Cómo ha cambiado el cuento: en el siglo XX, la Copa era de los vascos. 23 títulos habían recopilado en aquel pasado que se iba alejando, cuarenta años iban desde el último éxito, aquel que los mitómanos del fútbol recuerdan avergonzados, con Maradona practicando full contact con el rival vasco, el Athletic de Zubi, Goiko, Endika y Sarabia, antes de recoger los trastos y emigrar a Nápoles.

En realidad, el gol a favor le sienta mal al Mallorca, incluso peor que al Athletic. El conjunto de Aguirre se duerme en los laureles, se olvida de pivotar sobre el temible Muriqi, se tira atrás y permite que se crezca Nico Williams.

El partido y la crónica orbitan alrededor de su figura, la de Nico Williams. Tan mal se lo hace pasar a Valjent que Aguirre refuerza el carril con otro hombre. Ahora también le sigue Gio y, en la prórroga, Maffeo. No hay manera, Nico Williams está on fire .

Marca en fuera de juego y se lo anulan, y luego se combina con Sancet y otra vez está a punto de firmar el empate.

Las tablas caerán más tarde, ya en la reanudación, y en términos inversos: quien roba es Nico Williams, y su pase habilita a Sancet, que ahora sí registra el 1-1.

Quedan cuarenta minutos de tiempo reglamentario y al Mallorca que mueve pasiones –Rafael Nadal y Carlos Moyá, bufandas mallorquinistas al cuello, le contemplan desde el palco– parece venirle grande la cita.

Darder no da rienda suelta al darderismo que le hizo leyenda en Cornellà: desaparece y se marcha a la ducha. Tampoco hay noticias de Larin, y el kosovar Muriqi es un islote en el corazón del Pacífico, un peñasco solitario azotado por las mareas y los vendavales.

Nadie distingue su faro, tampoco en el tramo final, cuando una venda le envuelve la cabeza.

Sufre el Mallorca pero aguanta el envite, entre otros motivos porque la ofensiva vasca se reduce a Nico Williams y a Sancet, y el compromiso llega a la prórroga, una bendición para Valverde, que luce músculo y fondo de armario: incorpora a Muniain, Berenguer y Raúl García, gente con tablas, imprescindible en hora punta, cuando el alma se encoge.

Ficha técnica

Athletic, 1 (4) – Mallorca, 1 (2)

Athletic: Agirrezabala, De Marcos, Vivian, Paredes. Yuri (Lekue 105), Prados (Vesga 46), Ruiz de Galarreta (Unai G. 79), Iñaki W. (Muniain 91), Sancet (Berenguer 91), Nico Williams y Guruzeta (Raúl García 91). Entrenador: Ernesto Valverde

Mallorca: Greif, Gio González, Valjent (Maffeo 91), Raíllo, Copete (Nastasic 107), Lato (Van der Heyden 110), Darder (Morlanes 61), Samu Costa, Dani Rodríguez (Radonjic 73), Muriqi y Larin (A. Sánchez 61). Entrenador: Javier Aguirre

Campo: La Cartuja (57.000 espectadores).

Árbitro: Munuera Montero (c. andaluz).

Amarillas: Paredes, Muriqi y Radonjic.

Goles: 0-1 Dani Rodríguez (21), 1-1 Sancet (49).

Penaltis: Muriqi (gol)-Raúl García (gol): 1-1

Morlanes (para)-Muniain (gol): 2-1

Radonjic (fuera)-Vesga (gol): 3-1

A. Sánchez (gol)-Berenguer (gol): 4-2

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