Del botijo a la sequía

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Resulta llamativo que en un país peninsular con dos formidables archipiélagos se haya escrito tan poco sobre el agua. Motivo para celebrar la publicación de La sed , un título que pone en el centro al líquido más crucial. Lo firma Virginia Mendoza (Valdepeñas, 1987), escritora de La Mancha, donde creció entre adultos muy conscientes de la importancia de velar por el agua, empapándose de la curiosidad e inquietudes que han inspirado este libro sobre cómo ha influido la ausencia de ese elemento en su casa y en la humanidad.

Así de ambiciosa es la obra, que abarca desde la aparición de agua en la Tierra hasta el uso del botijo pasando por los sacrificios humanos para atraer la lluvia o una breve historia de la meteorología, entre otros muchos aspectos que Mendoza despliega con su mirada de periodista-antropóloga abierta a mezclar estudios de arqueología, medioambientalismo, historia o cualquier disciplina tocada –y cuál no lo está– por el agua.

Virginia Mendoza

Virginia Mendoza

Debate

El soberbio prólogo insinúa una lectura en la que las vivencias de proximidad combinarán seductoramente con estadísticas y relatos sobre sedientos universales, pero Mendoza se escora enseguida hacia el ensayo divulgativo basado en la concatenación de datos, detalles y relatos simbólicos, perdiendo cierto encanto literario. La acumulación de microhistorias que igual pasan en Egipto que en Australia o Terrinches funciona de manera dispar. A veces, el libro fluye, galopa, y otras (las menos, conste) satura obligando a saltar a toda marcha de una geografía a otra, de una sequía a otra, acumulando mitos, dioses, yermos, que son fruto, en cualquier caso, de una fenomenal investigación en la que solo se echan en faltan más líneas sobre el impacto del cambio climático actual.

El ánimo de abrazar la totalidad se inscribe en la línea de autores que publican en su misma editorial, desde Jared Diamond a Lewis Dartnell, además de los autóctonos Irene Vallejo o Juan Luis Arsuaga. El hándicap es el tránsito por algunos territorios archivisitados: ahí están de nuevo las cuevas de Altamira o Lascaux, Darwin, el descubrimiento de Lucy, Dian Fossey… Y, aunque Mendoza siempre halla un vínculo con la sed, en ocasiones devana historias demasiado desenfocadas del tema central.

Todo cambia cuando se rebela contra el dictado histórico atreviéndose por ejemplo a especular con el inicio de la agricultura en “los estertores de la Edad de Hielo”, o cuando señala que el rezo de su abuela, más que religión, es una forma de cuidar de muchos. Entonces, el libro vuela. Al imprimir aire fresco a los datos, y al deslizar historias tan significativas como inusuales, logra páginas vibrantes que encumbran a la narración.

/ El islam se expandió a causa de la sequía. Dicen que “el euskera proviene del dogón y el parentesco se debe a la desertización de África”

Algunas cosas que aprendemos. El islam se expandió a causa de la sequía. Dicen que “el euskera proviene del dogón y el parentesco se debe a la desertización de África”. Luke Howard clasificó las nubes influyendo en la pintura de Constable o Turner, en la poesía de Goethe y Shelley. En el Quijote llueve, más o menos, dos veces. Andrew Elicott Douglass descubrió cómo leer el clima en los anillos de los árboles, estrenando la dendrocronología. Porque Mendoza, particularmente estimulada por los muertos y el lenguaje, introduce un arsenal de términos, e ilustra sobre los orígenes de la palabra petricor, habla de pluviomagia, coreomaniacas, ant­lofobia… asociando esas palabras a historias asombrosas en las que caben magnicidios, migraciones masivas, arte para invocar la lluvia…

La manchega propone un interesante y amplísimo recorrido por nuestra necesidad de beber –y comer–, siendo singularmente incisiva cuando mira la historia de España, con San Isidro, señor de las aguas, determinando la capitalidad de Madrid; las hazañas del dictador Paco el Rana, hacedor de pantanos en serie; o el tándem agua escasa y caciquismo causando estragos en el país, con su abuela, siempre, como musa de la sed, como estrella guía de un libro que se diría destinado a mojar lenguas y lenguas.

Virginia Mendoza La sed Debate 272 páginas 20,90 euros

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