Ensayo sobre el porvenir

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Antes de cumplir los treinta años, el joven Peter Handke se estrenó con una serie de obras maestras –todas publicadas en España desde su aparición en alemán–, en cuatro géneros, el teatro con su emblemático Insultos al público, que tantas veces se ha representado en nuestro país; la novela de debut Los avispones, en 1966; la narrativa breve con obras maestras como El miedo del portero ante el penalty, de 1970, y Carta breve para un largo adiós , de 1972, el mismo año en que presentó Desgracia indeseada sobre el suicidio de su madre, que Carlos Barral sacó en 1975 con traducción de Víctor León Oller, y la poesía, que en verso o en prosa ha hecho desembocar toda su producción posterior, desde las excursiones goethianas hasta los ensayos donde tan a menudo aparece nuestro país, del cual es un patriota enamorado.

En estos casi sesenta años de producción, Handke ha destacado sobre todo en la narrativa breve, tanto en las nouvelles encubiertas o en los relatos, sobre el nomadismo o la vida austera y sedentaria. Handke ha imprimido un sello distintivo con el marchamo de la poesía, donde colmó su obra en libros como Poema a la duración o los guiones para películas tan inspiradas como Cielo bajo Berlín , de su amigo Wim Wenders. Por no hablar de diarios como El peso del mundo –traducida por el poeta de Sant Carles de la Ràpita Víctor Canicio para Laia–, que mantiene estrechos vínculos con el libro que se presenta esta temporada: “Hablaba en el tono de quien está convencida de que lo que dice va a ser interpretado como una simple forma de conversación; al darse cuenta de que yo la escuchaba con curiosidad, fue cambiando poco a poco de voz.”

⁄ A los seguidores del autor, desde hace tiempo nos hacía falta un Peter Handke del bueno. ¡Aquí lo tenemos!

De la mano de grandes traductores del alemán como Miguel Sáenz, el gran Eustaquio Barjau e incluso el poeta Feliu Formosa, Handke siempre nos ha ofrecido retales de su vida, literariamente mística, que coinciden plenamente con su nuevo título, Mi día en el otro país , subtitulado Una historia de demonios , pero que es también una historia de ángeles.

El protagonista, un horticultor misántropo, vive en soledad mientras insulta a todo el que se le acerca en el pueblo. La narración evoluciona sobre el fenómeno en que se disipa el odio y el rencor y aparece un relato casi bíblico sobre la nueva percepción de mirar hacia adelante. El horticultor amenazaba el pueblo mientras lanzaba sus diatribas contra la sociedad, “nada de la creación me parecía bien. No aceptaba nada de ella”.

En poco menos de cien páginas, el premio Nobel austríaco del 2019 sintetiza un retrato de cómo construir un cuento clásico en primera persona, saboreando sus condiciones innatas y dejando atrás libros fallidos: “Mi autoridad apenas tenía que ver con fisionomías y registros de voz. ¿Era quizás la mirada esencial? Esencia puede que valga, pero no mirada puesto que mirada y mirar designan algo duradero y constante en una sucesión de tiempo”. La pérdida del alma, la visión del lago que atraviesa y la aparición de la Decápplis bíblica nos proyectan hacia el narrador de los años setenta y ochenta cuando nos deslumbró su tetralogía iniciada por

Peter Handke Mi día en el otro país / El meu dia a l’altre país Alianza Trad. al castellano y catalán de Anna Montané 112 páginas 15,95 euros

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