Yo no creo en la posteridad pero sí en el legado, y esta ‘Orgia’ se convertirá en un clásico

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El Liceu se dispone a «reflexionar en mayúsculas» al lado de Calixto Bieito con esa ópera de Hèctor Parra que llega al teatro de la Rambla destilando la esencia de Orgia, el clásico teatral de Pier Paolo Pasolini. Un estreno largamente acariciado por el compositor barcelonés y que vio la luz el año pasado en el Teatro Arriaga de Bilbao, como parte de una coproducción y coencargo con el Festival de Peralada y el Gran Teatre. Lo único que le detenía para lanzarse a componerla era conseguir los derechos. Finalmente se los cedió la heredera del legado y prima de Pasolini, Graziella Chiarcossi.

 «Por suerte, nadie más tuvo la idea y aún somos los primeros», dice Parra, en constante complicidad con el deseado director de escena con el que ya hizo una versión lírica de Les Bienveillantes de Jonathan Littell, estrenada en la Ópera de Amberes en 2019, y anteriormente Wilde, sobre un médico cooperante altruista al que corroe el egoísmo y el  lado más animal del ser humano. Esta primera fue un encargo del  Festival de Schwetzingen, en Alemania, en 2015.

Días 11 y 13 de abril

El Gran Teatre acoge al tándem operístico catalán más internacional en esta nueva creación de la que habrá sólo dos funciones

La aparición en Barcelona del que es el tándem operístico catalán más internacional -y sin duda el más extraordinario de la escena ibérica- será en todo caso breve:  su Orgia, esa historia sobre la relación sadomasoquista de un matrimonio que acaba con el suicidio de él tras asumir su homosexualidad se podrá ver únicamente dos días, el 11 y el 13  de este mes. «De momento estamos al 60% de ocupación, pero estamos más que satisfechos de tener Orgia como una muestra de normalidad de la nueva creación -ha afirmado el director artístico del teatro, Víctor García de Gomar-. Pasamos por Turandots y Carmenes para poder costear operaciones de mayor riesgo como esta».

Hèctor Parra (en el centro), rodeado de Pierre Bleuse (director musical de 'Orgia') y, de pie, Víctor García de Gomar, director artístico del Liceu, y Oriol Aguilà, director artístico del Festival de Peralada, coproductores junto con el Teatro Arriaga de Bilbao

Hèctor Parra (en el centro), rodeado de Pierre Bleuse (director musical de ‘Orgia’) y, de pie, Víctor García de Gomar, director artístico del Liceu, y Oriol Aguilà, director artístico del Festival de Peralada, coproductores junto con el Teatro Arriaga de Bilbao

Llibert Teixidó

«Yo he intentado humildemente absorber toda la música de creación clásica que se ha hecho después de Schönberg -advierte Parra, para quien Pasolini es el Michelangelo del siglo XX-. No es una ópera expresionista pero sí tiene mucho de expresionismo. Bebe de la sonoridad que trabajé en el IRCAM, con electrónica, estridencias… y tiene algo de pucciniano, pues recuerdo los frescos en los muros del despacho de Scarpia [en el libreto de Tosca] que es el mismo que tiene el embajador de Francia en Roma».

Esta ópera es lo mejor que hemos podido dar como equipo con Bieito, quien además ha construido el libreto a base de fragmentos, destilando la esencia de la obra teatral»


Hèctor Parracompositor

Parra, que compuso esta pieza en Roma durante una residencia en Villa Medici, asegura que es lo mejor que han podido dar como equipo con Bieito, quien además se ha encargado de destilar la esencia de la obra teatral, cogiendo fragmentos y sin añadir una sola línea. «Esta me ha permitido expresar emociones que no he podido expresar en otras óperas. Trata de la fragilidad de la condición humana y de donde ponemos los límites dentro de una relación de pareja», añade el compositor.

Bieito, por su parte, recuerda que está de director artístico del Arriaga para hacer este tipo de creaciones y este tipo de encargos contemporáneos. «Creemos que eso forma parte del futuro de nuestra cultura, de lo que tiene que ser nuestra cultura. Y ese trío fantástico de Liceu-Arriaga-Paralada… es un gran ménage à trois», ríe. 

«Cuando hablamos de hacer Origa llevaba muchos años sin leer ni ver películas de Pasolini. Había sido un gran fan y me había influido mucho, pero lo tenía tan interiorizado que ya ni siquiera pensaba en él. Me apunté a hacer esa ópera inmediatamente. Hèctor ha hecho uno de sus mejores trabajos. No me atrevo a decir el mejor pero tiene una fuerza y una belleza extraordinarias». 

El trabajo de Calixto fue más allá de una puesta en escena. Tuvo que «entender qué era la pieza». «Porque no va solo de diversidad, es una pieza profundamente humanista que muestra el monstruo, la bestia que algunos pueden llevar dentro». Para el regista, esta pieza está muy relacionada con la última parte de Salò, la película. «Conecta con algo que tiene que ver con nuestras células y con las estrellas, es decir, la autodestrucción. En su época de la trilogía de la muerte Pasolini tenía tendencias francamente autodestructivas con la que todos nos podemos sentir identificados. Y mi trabajo consistía en entenderlo y dejarme llevar por la música de Hèctor». 

«Yo no creo en la posteridad. Veo las cagadas de las palomas en la Rosa-Luxemburg-Straße de Berlín y no, no creo. Pero sí creo en el legado. Y esta pieza se convertirá con el tiempo en un clásico», asegura el director teatral.

Bieito está feliz de pisar el Gran Teatre, más al menos que cuando estrenó el monaje de ‘Poppea’ con el que Jordi Savall mostró desavenencias

Bieito vuelve a mostrarse feliz de pisar el teatro barcelonés. Más, al menos, que cuando estrenó la pasada temporada su montaje de Poppea de Monteverdi, con el que el director musical Jordi Savall mostró desavenencias. Esta vez, por contra, la comunión es total. Y cuenta con tres cantantes, Ausriné Stundyté, Christian Miedl y Jone Martínez, «que son artistas -enfatiza-, artistas en el sentido de que son capaces de proyectar sus fantasías y sueños interiores y dejarlos fluir, cosa que a veces aparece incluso sin darse cuenta de lo que están haciendo». 

Al principio le costó a Bieito entender qué quería decir Pasolini. «Él intentaba hacer teatro della parola pero no quedó contento.  No se interesó mucho por el teatro. Yo hice hasta tres cortes distintos de la pieza para adaptarla al libreto, porque me confundía el tema de la diversidad.  No me parecía que el tema fuera un hombre que estaba casado y que era homosexual. Estaba hablando de cosas mucho más profundas». Y prosigue: «Podría haberme apuntado a la moda y situarlo en el tema de la diversidad, pero aquí habla de las raíces del mal, del monstruo que llevamos dentro. De una actitud fascista de cuando uno golpea duramente a la mujer o esta a su hijo». 

El método de trabajo entre compositor, libretista y director musical, nada menos que Pierre Bleuse, director del Ensemble InterContemporain, que se pondrá al frente de la Orquestra del Liceu, ha sido más bien de una complicidad sin palabras. «Primero vienen las imágenes y luego las palabras entre nosotros tres», asume Bieito.

Fue trabajando con él que Parra descubrió que su música tenía algo de humano que no había percibido hasta entonces: tenía sangre en las venas, músculo, tendones y ligamentos, advierte el músico. «Me he forjado como compositor de ópera con él. Porque es algo muy bestia para un compositor ver su obra en escena y encarnada por cantantes. Y en este caso hemos encarnado el teatro de la parola de Pasolini con voz lírica. Porque es muy operalizable Orgia, es una tragedia griega con una escritura totalmente poética, frases cortas y concentradas.. Y Calixto le ha quitado toda la parte más filosófica y política y ha conseguido la esencia de la obra teatral»

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