Agua y un puñado de dátiles

Equipo
By Equipo
6 Min Read

El coche (un Hyundai coreano) para en una gasolinera desierta, en algún punto en la carretera que va del mar Muerto al aeropuerto de Ammán. Son las cinco menos diez de la madrugada. El conductor ha calculado la escala técnica para tomar agua y echar unas caladas al último pitillo antes de que dentro de unos minutos el muecín llame a la oración, y los musulmanes practicantes ya no podrán comer, beber ni fumar hasta el atardecer, un ayuno de unas catorce horas.

Si a alguien cuyo trabajo consiste en conducir –y no requiere esfuerzo físico– el Ramadán le complica la vida, le resta energía y hasta las ganas de hablar, imagínense a los futbolistas que tienen que hacer hasta dos sesiones de entrenamiento al día o jugar un partido con el estómago vacío, hambrientos y sedientos, a un alto nivel competitivo, contra rivales perfectamente alimentados, cuya rutina no se ve alterada por preceptos religiosos. El riesgo de lesiones es más alto de lo habitual.

Lee también

En Jordania, Egipto o Arabia Saudí los partidos se juegan muy tarde, para que los jugadores hayan cenado

En Jordania, Egipto, Arabia Saudí y otros países musulmanes, el calendario se adapta a las exigencias del Ramadán (que este año acabó ayer), los entrenamientos son por la mañana temprano después de la última comida permitida, y los encuentros se celebran a las 10 u 11 de la noche, después de que los jugadores hayan digerido la cena tras la puesta del sol, y puedan salir al campo bien hidratados. Ayudan a ello las altas temperaturas y la costumbre de permanecer levantados hasta muy tarde (la calle Rey Faisal de Ammán es un hervidero de familias con niños bien pasada la madrugada, con los comercios abiertos y las luces de neón encendidas, y el popular restaurante Hashem no para de servir platillos de humus y falafel hasta el cántico matinal del muecín).

Para los centenares de jugadores musulmanes de la Premier League, la Liga española, la Bundesliga o el calcio italiano es más difícil la adaptación por las costumbres, los prejuicios culturales, la enorme competitividad y la dictadura de las televisiones, que imponen sus horarios. Pero las cosas han cambiado deprisa en los últimos dos o tres años y ahora –aunque la mayoría de veces pase inadvertido a los espectadores– es habitual, excepto en Francia, que los árbitros autoricen una pequeña pausa para que los jugadores musulmanes beban agua y coman un par de dátiles, un plátano o una barra de chocolate para reponer energías, su primer alimento en muchas horas. Ya no es necesario, como ocurría antes, simular una lesión para provocar una pausa en el juego.

Lee también

Jürgen Klopp fue, a instancias de sus jugadores musulmanes (Mohamed Salah y Sadio Mané, ahora en la liga saudí), el primero en alterar los horarios de los entrenamientos durante el Ramadán. La aceptación del multiculturalismo y la diversidad es un factor importante, pero sobre todo el hecho de que los practicantes de esa religión (Benzema, Elneny, Pogba, Özil, Mahrez, Kanté. Gündogän, Rüdiger, Xhaka, Dembélé…) constituyen o han sido una enorme inversión que sus clubs necesitan cuidar. Hoy en día los nutricionistas cambian los hábitos alimenticios a partir de dos semanas antes de que comience el Ramadán, y los menús incorporan más sopas, verduras , líquidos y frutas.

Entre los musulmanes, como entre los practicantes de cualquier religión, los hay más y menos devotos. Los primeros siguen a rajatabla el precepto del ayuno (al que están acostumbrados desde pequeños), los segundos se consideran al menos parcialmente exentos, y autorizados a hacer un piscolabis en horario prohibido los días de partido, trasladando el ayuno a otra fecha. Al fin y al cabo, hasta Alá puede entender que ganar es, según cómo, lo más importante…

El derbi de Ammán

Los ‘águilas azules’ contra ‘los palestinos’: máxima rivalidad

En Jordania residen (la gran mayoría como ciudadanos de pleno derecho) tres millones de palestinos, seis veces más que en Gaza. Su equipo es el Al-Wehdat, que lleva el nombre de uno de los campamentos de refugiados de la capital, fundado en 1956 y cuyos colores –cómo no– son el verde, el rojo y el blanco. Ha ganado 17 ligas. El más laureado es su eterno rival, los águilas azules del Al-Faisaly, con 35 títulos en su historial. Los derbis en el Estadio Internacional de Ammán y en el Rey Abdullah II echan chispas. Ambos equipos tienen sus grupos de ultras, y los choques son frecuentes, como en el 2010, cuando hubo medio millar de heridos.

Share This Article
Leave a comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *