De Saigón a Ciudad Ho Chi Minh, 50 años de cambios de la ciudad más viva de Vietnam

Equipo
By Equipo
8 Min Read

El 11 de junio de 1972 apareció la icónica foto de La niña del napalm que corre desnuda y aterrada huyendo de su aldea en llamas. La imagen se tomó en la región de Saigón y fue el reportero de origen local Nick Ut quién capturó el instante. Tras lo cual subió en su coche a Phan Thi Kim Phuc, la pequeña de 9 años, y la llevó al hospital. Primero le salvó la vida y después envió la foto para que se publicase en Estados Unidos.

Medio siglo después, muchas cosas han cambiado. Comenzando por Nick Ut, quién ganó el Pulitzer pero se alejó de las crónicas bélicas para fotografiar estrellas de cine. Mientras que Kim Phuc se recuperó tras 17 intervenciones quirúrgicas y se convirtió en símbolo vietnamita. Aunque acabó solicitando asilo político en Canadá, donde vive hoy.

Lee también

De igual modo ha cambiado mucho, muchísimo, Vietnam. Y el mayor exponente es la ciudad de Saigón, que incluso renovó su nombre para ser Ciudad Ho Chi Minh evocando al gran líder. Aunque quizás aquel político marxista no comprendería la ciudad actual. Una metrópoli que ha mutado en atractivo destino turístico para occidentales mientras crece al ritmo descontrolado de la singular fusión de comunismo y capitalismo que rige en Vietnam.

Pero, ¿quién comprende esta ciudad? Como mínimo tiene 9 millones de habitantes, pero resulta imposible saber a ciencia cierta cuántas personas la habitan. Es caótica hasta el delirio, bulliciosa e insomne. El tráfico, dominado por las motos, es demencial y desde luego no es la más limpia del planeta. Sin embargo es fascinante por su gastronomía, el patrimonio mezclando credos y épocas, así como sus propuestas culturales y de ocio.

Las motos son las reinas del tráfico en Ciudad Ho Chi Minh

Las motos son las reinas del tráfico en Ciudad Ho Chi Minh

Mónica Grimal

Todo a precios muy asequibles. Sea una refrescante fruta tropical o un nón lá, el sombrero cónico de bambú que resguarda del sol inclemente, costará decenas de miles de dongs, la moneda local. Pero esa cantidad pasada a euros será ridícula. Aún así tal importe siempre puede ser menor, con el obligado regateo. Los vietnamitas son simpáticos y amables, pero negociantes implacables dispuestos a sacar todo lo que puedan a los incautos turistas.

No obstante, las compras son recomendables y para todos los gustos. Por los bulevares arbolados de Dong Khoi, el distrito financiero, se hace shopping en tiendas de cotizadas marcas. No muy lejos, aparecen las callejas laberínticas donde toparse con talleres de orfebres, ceramistas o sastres de la seda para el delicado ao dai, el vestido de boda para las vietnamitas. Además están los negocios de recuerdos fabricados en masa. ¡Este es el país de las copias por antonomasia! Y para comprobarlo basta con ir al enorme mercado de Ben Thanh.

La experiencia culinaria es clave y la comida es la mejor metáfora de Ciudad Ho Chi Minh

Ciudad Ho Chi Minh es una paradoja constante. En un solo día se ven rascacielos que irradian riqueza, pero también se pasea ante viviendas minúsculas con las puertas abiertas a las más modestas formas de vivir. En las calles más glamurosas nunca faltan gabinetes de belleza que ofrecen las últimas tendencias, pero unas manzanas más allá abren peluquerías al aire libre que constan de una silla y un espejo colgado en la pared.

Existen exquisitos restaurantes que innovan a partir de la rica tradición. Pero hay muchísimos más bares de banquetas en la calle donde se sirven platos típicos. Eso por no hablar de ancianas que cargan en sus bicis con un hornillo y bolsas repletas de salsas y producto fresco, para buscar una esquina donde ofrecer comida callejera. Mujeres que viven del street food desde mucho antes que fuera moda.

Una anciana con su puesto de comida ambulante en la antigua Saigón

Una anciana con su puesto de comida ambulante en la antigua Saigón

Mónica Grimal

La experiencia culinaria es clave. Y la comida es la mejor metáfora del lugar. En un mismo bol se paladea dulce y picante, carne y pescado, frutas y sal, algas y verduras, una amalgama de sensaciones chocantes. Tal y como es su patrimonio histórico.

Un monumento destacado es la pagoda del Emperador de Jade de rito taoísta, pero también hay que acercarse a la mezquita Central de Saigón, al templo hindú de Mariamman o a la catedral de Notre-Dame. Esta iglesia plasma el periodo colonial, cuando esta zona del globo se denominaba Indochina y la explotaban los franceses. Época en la que surgió el teatro de la Ópera o la vieja oficina de correos diseñada por Gustave Eiffel. Casi coetánea sería la construcción del Ayuntamiento, hoy a la sombra de bancos y empresas. Si bien, ante su fachada se yergue la estatua del venerado Ho Chi Minh.

El Museo de los Restos de la Guerra es una visita dura, más allá de fotografiarse junto a los tanques y aviones

También por entonces se levantaron elegantes hoteles. Todavía quedan el Rex, el Majestic o el Continental, creados para visitantes del Viejo Continente. Pero cuando Vietnam se liberó del yugo colonial francés, no tardaron en hospedarse los yanquis venidos del Nuevo Mundo. Ahí se alojaron los oficiales norteamericanos y la prensa internacional. Parte de su encanto es recordar ese periodo histórico, sobre todo mientras se sube a sus terrazas para degustar un cóctel con vistas a la divertida y mítica noche de Saigón.

El turismo, que todo lo fagocita, ha transformado la guerra en reclamo. Se puede ver en estos hoteles o en ciertos souvenirs baratos. Pero no todo es frivolidad a la hora de evocar el conflicto. Lo evidencia el Museo de los Restos de la Guerra. Una visita dura, más allá de fotografiarse junto a los tanques y aviones del patio.

La histórica oficina de correos y telégrafos de Ciudad Ho Chi Minh

La histórica oficina de correos y telégrafos de Ciudad Ho Chi Minh

Mónica Grimal

Lo interesante está dentro, donde se exponen las consecuencias de años de contienda. Algunas tan tremendas como lo que se descubre en la sala del Agente Naranja. Al igual que el napalm que abrasó el cuerpo de Kim Phuc, el agente naranja fue otra arma química de los norteamericanos. Posiblemente más devastadora, ya que cinco décadas después, aún provoca daños en los campos y en la genética de quiénes fueron rociados con este herbicida.

En definitiva, este museo es una cita imprescindible en Ciudad Ho Chi Minh para comprobar cómo ha evolucionado un país tan visto en la ficción y en documentales, pero que no deja de deslumbrar al descubrirlo en primera persona.

Lee también

Share This Article
Leave a comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *