El director del MoMa apuesta por buscar vías diferentes a las donaciones

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Desde la planta 66 de The Spiral, uno de los edificios de HudsonYards, sus ventanales enmarcan una gran obra de arte real: la visión de Manhattan y mucho más allá.

A partir de esa imagen que eleva al espíritu, Glenn D. Lowry, director del admirado MoMa, pone los pies en el suelo. “Si miras los museos de este país, muchos están descapitalizados”, dice. “Si hablamos de donaciones, la amplia mayoría solo sirven para eliminar los déficits anuales de casi todas las instituciones”, añade.

Sus confesiones se producen en la segunda y última jornada convocada por Talking Galleries, organización sin ánimo de lucro fundada y dirigida por Llucià Homs en Barcelona, donde en el 2011 celebró su primera edición.

Esta es la segunda ocasión en que se convoca este simposio en Nueva York, después del éxito que obtuvo en el 2022, entonces desarrollado en la Morgan Library.

“Si miras los museos de este país, muchos están descapitalizados”, señala Glenn D. Lowry

Su desembarco en la Gran Manzana fue la consecuencia natural de un proyecto que crece a escala global. Aunque París se halla en un momento espléndido, indica Homs, Nueva York es el lugar más céntrico del mundo artístico y de mercado.

“En esta ocasión tratamos temas que nos permitan entender cuáles son las prácticas de las galerías, su evolución y hacia dónde se dirige este negocio”, señala el fundador, que cuenta con la colaboración de la firma de asesoría de arte Schwartzman&.

Por ejemplo, uno de los asuntos relevantes en esta edición es la cuestión de la sostenibilidad, terreno en el que, según Homs, se observa un cambio en la sensibilidad de los profesionales del sector. Cada vez los esfuerzos son mayores para aligerar o aminorar la huella de carbono, sobre todo en el transporte de las obras de arte. Existe un creciente esfuerzo por evitar los aviones y recurrir al transporte marítimo, a pesar de que es más caro y requiere previsión, en el continuo movimiento de piezas por exposiciones o ventas.

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Hay otros asuntos relevantes como el impacto de la inteligencia artificial o la contención en el mercado, con una caída en el 2023 de hasta el 20% en arte de mucho valor debido al panorama bélico. Hay dinero, pero no salen obras caras porque los coleccionistas prefieren esperar para sacar más rendimiento.

Y, entre otros, está el tema del futuro de las instituciones públicas, de su supervivencia financiera, de la que Lowry pinta un lienzo oscuro aunque estimulante.

Debe tenerse presente que en Estados Unidos los museos carecen de financiación pública. Su gran fuente de abastecimiento han sido las donaciones. Pero viene el cambio generacional. Si bien para los boomers es una prioridad, sus nietos tienen otros intereses. “Hay que buscar nuevas formas de financiación”, receta Lowry. Dice que se pensó que los restaurantes podían ser una solución, “pero se han demostrado mala idea”. La venta minorista tampoco funciona, salvo las excepciones de gigantes como el MoMa y el Met. Lowry explica que ellos recurrieron a los NFT y les han funcionado. Yoko Ono colaboró.

Una de esas vías sería romper con los supuestos códigos existentes e imitar la comercialidad de la galerías, punta de lanza hoy en día.

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