El doctor Gutiérrez, el ‘padre’ de la cirugía mayor ambulatoria, cuelga la bata a sus 70 años

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Mañana ya no sonarán los teléfonos de los médicos si la actividad quirúrgica no empieza puntual, a las 8:30. Al otro lado de la línea ya no estará José Ramón Gutiérrez Romero, jefe de la Unidad de Cirugía Mayor Ambulatoria (UCMA) del Complejo Hospitalario Universitario de Toledo, para que el ritmo fluya.

Hoy, 11 de abril de 2024, ‘el capataz’, como le apodan sus compañeros por eso de ser el jefe y estar siempre con el bastón de mando, cuelga la bata a sus 70 años, muy a su pesar. «Es un hombre que físicamente y mentalmente está apto para trabajar, y es una pena que no se le pueda aprovechar más con los conocimientos, la capacidad y organización de trabajo que tiene, pero ya no puede continuar más», afirma Mayte Ferreirós, enfermera de quirófano y compañera del doctor en el Hospital Nacional de Parapléjicos desde hace 27 años.

Ferreirós y ‘Ramón, el de la UCMA’ han estado trabajando codo con codo desde 1996, aunque su relación laboral se volvió más estrecha entre 2008 y 2017, cuando «nadie quería ser supervisor» y ella se ofreció.

Durante esos nueve años, fueron tropecientas las anécdotas que vivieron juntos. Pero hay una que recuerda con más cariño: el día que el cirujano la llamó a su despacho para darle la bienvenida en su nuevo cargo. «Yo soy igual de brava que él y me dijo: ‘Bienvenida a la Unidad’. Yo le miré toda seria y le contesté: ‘Bueno, no sé si es bienvenida. Solo espero que no nos demos muchas voces; y si nos las damos, que sean en tu despacho o en el mío, pero no en los pasillos’», La galleguiña, por eso de ser de Moraña (Pontevedra), aún tiene grabada la cara de impacto del médico y de todos los que estaban alrededor. «Como tenía ese genio, nadie se atrevía a decirle esas cosas», rememora.

Una compañera de Mayte le ha repetido a menudo que «las cosas que me ha permitido decirle no se las he permitido a nadie», pero la enfermera asegura que ha tenido que pelearse «muchísimo» con el cirujano, un profesional que «siempre ha querido controlar todo», para que «me dejara mi independencia profesional». «Pero me gané su respeto», sentencia la gallega.

Emocionada, relata que han tenido sus más y sus menos porque ambos «tenemos un carácter fuerte». Pero bajo esa apariencia de hombre serio y brusco, al que le gustan las cosas muy bien hechas y que no se cometan errores, hay una persona «con la que siempre puedes contar, tanto para temas personales como profesionales«. «Es como un padre», afirma Mayte. Porque, si haces algo mal, te echa la bronca, pero luego «siempre está buscando una manera de solucionar el problema» para que no se vuelva a repetir«. »Él siempre está ahí», remata la enfermera.

De ahí, que en sus reuniones de trabajo siempre salgan dos vocablos a relucir: los ‘buspro’ (los que buscan problemas) y los ‘busol’ (los que buscan soluciones) «En mi equipo quiero solo ‘busol’», repetía el cirujano. Por eso, nunca soportaba que se le contestara «creí que, pensé que» cuando había una complicación. Él, en cambio, no se cansaba de repetir: «En esta Unidad ni se cree ni se piensa; se confirma».

El ‘padre’ de la Cirugía Mayor Ambulatoria en España

El nombre del doctor siempre irá unido al de la Cirugía Mayor Ambulatoria. No por solo por ser un profesional que «ha sacrificado su vida por el trabajo», sino por ser quien introdujo este concepto sanitario en España hace 35 años, allá por 1989. «Estuvo rotando de joven en Estados Unidos, ya se hacía la Cirugía Mayor Ambulatoria. Por eso, cuando regresó a España, trajo consigo a médicos y enfermeras estadounidenses para organizar un congreso nacional y explicar en qué consistía», recuerda Ferreirós.

Hoy en día, la Cirugía Mayor Ambulatoria constituye un recurso sanitario fundamental al servicio de los pacientes cuyas patologías requieren tratamiento quirúrgico, interfiriendo lo menos posible en su vida y en su entorno. «Antes, si te operaban de una hernia, estabas entre siete y diez días ingresado en el hospital; hoy, si todo va bien, en dos o tres horas estás en casa», ejemplifica Mayte.

La Unidad no se puso en marcha en Toledo hasta el 13 de octubre de 1992, cuando el doctor Gutiérrez tomó las riendas. Fue la segunda en toda España, después de la del hospital de Viladecans (Barcelona), que «la montó un doctor que había asistido sólo tres meses antes al congreso organizado por José Ramón», matiza la compañera.

En su impecable currículum como cirujano, también figura el logro de haber conseguido que en los Centros de Especialidades, Diagnóstico y Tratamiento (CEDT) de Illescas y Ocaña se pudieran intervenir cirugías pequeñas. «Había pacientes en lista de espera para ser operados, pero, como eran cirugías de poca envergadura, no se les llamaba; y ahí se iban quedando. Por eso el doctor montó unos quirófanos en esos centros y poder hacer este tipo de operaciones», explica la galleguiña.

Al doctor Gutiérrez lo recordarán por ser un hombre con «ideas siempre geniales para hacer cosas nuevas» y, por ejemplo, recurrieron a él para solucionar la presencia de presidiarios en la lista de espera. «Eran pacientes que entraban en ella, pero no salían y estaban ahí para operarlos. Entonces lo llamaron para ver si se le ocurría qué poder hacer, por lo menos con los que eran de cirugía menor», relata Mayte. Y vaya si se le ocurrió. Junto con un grupo de sanitarios, entre los que se encontraba ella, se trasladó a las prisiones y, tras un diagnóstico previo, «los presos que podían ser operados eran intervenidos allí, sin necesidad de abandonar el centro penitenciario».

Sin embargo, el doctor Gutiérrez tiene una espinita clavada: no haber podido ver finalizado un proyecto con el que se pretendía que la Cirugía Mayor Ambulatoria fuera «como El Corte Inglés». Es decir, «diera igual si un paciente se operaba en Toledo o en Albacete; el fin era que en todas las provincias de Castilla-La Mancha hubiera la misma filosofía y protocolos de trabajo».

Hoy, ‘Ramón, el de la UCMA’ cierra, quizá, la puerta más importante en su vida «por la que ha sacrificado todo, incluso la familia». Pero va a abrir otra porque tiene la mente puesta en encontrar una ONG a la que ayudar con sus conocimientos. «No concibe la vida sin poder hacer algo», asevera Mayte.

Hasta que ese día llegue, ganará algo que no tiene precio: tiempo. Tiempo para estar con su larga familia y tiempo para ser el mejor anfitrión en sus reuniones con amigos en su casa de Las Ventas con Peña Aguilera, donde el doctor Gutiérrez colgará la bata a sus 70 años.

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