Ruta en coche por los pueblos medievales de la Toscana

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Cuando hablamos de la Toscana, lo primero que nos viene a la mente son sus serpenteantes carreteras circundadas de cipreses y viñedos. Paisajes de tonos verdes y ocres se funden con el claro azul del cielo, mientras que en la lejanía se divisan cautivadoras aldeas medievales esparcidas por las colinas. No es de extrañar que sea el sueño de muchos sumergirse en esta imagen recorriendo los senderos que atraviesan la cuna del chianti clásico, uno de los vinos más famosos del mundo.

Para descubrir los tesoros de la Toscana, la mejor forma de hacerlo es en coche. En poco más de 200 kilómetros es posible conocer algunas de las principales maravillas que guarda esta comarca de la Italia occidental, conocida principalmente por sus vinos. Esta ruta parte desde Florencia, dejando atrás la ciudad de Dante Alighieri, y se dirige hacia el sur tomando la autostrada del Sole A1 (Autopista del Sol) para descubrir los pintorescos pueblos y borgos medievales de la Toscana.

Certaldo, una de las localidades más bonita de la Toscana

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Certaldo, patria de Bocaccio

A unos 50 kilómetros de Florencia hallamos la villa de Certaldo, primera parada de esta ruta en coche por la Toscana. En este pequeño pueblo amurallado nació el célebre poeta Giovanni Boccaccio, autor de El Decamerón y uno de los tres padres de la literatura italiana, junto con Dante y Petrarca.

Certaldo vivió su época dorada durante el Renacimiento, y actualmente mantiene uno de los centros históricos mejor conservados de la región. Certaldo Alto es como se conoce a su casco antiguo, ubicado en la parte más alta del pueblo, y se puede acceder a él a pie o tomando un funicular que parte desde la Piazza Bocaccio. El edificio más importante que ver aquí es el palazzo Pretorio, de finales del siglo XI, que en su interior alberga actualmente un museo.

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El Manhattan de la Toscana

Tan solo 13 kilómetros separan Certaldo de otro de los pueblos más bellos de la Toscana (y también uno de los más visitados): San Gimignano. Por suerte aún es posible, en ciertas épocas del año, caminar por sus coquetas calles empedradas sin necesidad de esquivar grandes hordas de turistas. Su centro histórico está declarado patrimonio de la humanidad y, a diferencia de otras villas toscanas, conserva un considerable número de las torres que fueron construidas en época medieval. De ahí que se la conozca como la Ciudad de las Mil Torres (aunque en realidad solo sean quince) o incluso el Manhattan de la Toscana.

Además de monumentos como la colegiata, la catedral o el palazzo del Popolo, en San Gimignano hay otro lugar de fama internacional: la gelateria Dondoli. En la plaza de la Cisterna, llamada así por el antiguo pozo que luce en su centro, encontramos este galardonado establecimiento cuyos helados han sido reconocidos en varias ocasiones como los mejores del mundo.

Monterrigioni, en la Toscana

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Monteriggioni, un bastión inexpugnable

Tomando la autovía que conecta San Gimignano con Siena, resulta imprescindible desviarse en la salida que conduce a Monteriggioni. Este evocador pueblo amurallado consta tan solo de cuatro calles, pero su belleza es tal que ha servido incluso como plató de famosas películas como La vida es bella (1997) o El paciente inglés (1996).

Monteriggioni sirvió en el pasado como fortaleza defensiva contra los ataques de los florentinos, que intentaban expandir su territorio. Este bastión resistió los continuos intentos de conquista, y gracias a ello hoy su muralla de atalayas preserva este encantador enclave en el que uno siente que ha retrocedido al medievo. Merece la pena hacer una breve parada en Monteriggioni antes de continuar el camino hacia Siena.

La Piazza del Campo con la torre del Mangia en Siena

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La joya de la Toscana

Siena es, sin duda, la joya de la corona. Poco más de 100 kilómetros separan esta majestuosa ciudad de la cuna del Renacimiento, y la convierten en un destino óptimo para finalizar un primer día de ruta.

Las rivalidades entre Siena y Florencia por convertirse en la ciudad más ilustre de la Toscana motivaron la aparición de catedrales, palacios y un sinfín de obras de arte. Entre los siglos XII y XV, el rostro de Siena se embelleció con una majestuosa catedral de estilo gótico, una de las más bellas de Italia, y una gran plaza abierta para celebrar su afamado palio. Esta carrera de caballos de orígenes medievales que enfrenta a los distintos barrios o contradas de Siena se celebra en los meses de julio y agosto, y atrae a miles de turistas cada año.

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La piazza del Campo es una amplia explanada con forma de abanico donde tiene lugar este popular evento, y está siempre custodiada por la imponente torre del Mangia, un elegante campanario medieval de 88 metros de altura.

Abadía de San Galgano

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La espada de San Galgano

En los últimos años ha surgido una nueva moda de fotografiar lugares abandonados que conservan el espectro de su esplendor anterior. Es el caso de la abadía de San Galgano, a unos 40 kilómetros hacia el sur de Siena, cuyas ruinas se han convertido en uno de los decorados preferidos de fotógrafos e influencers.

Una curiosa leyenda rodea este lugar, leyenda que algunos relacionan con la famosa historia de la espada Excalibur. En este relato no hay reyes, sino un caballero, Galgano Guidotti, a quien se le apareció el arcángel Miguel para encomendarle la construcción de una ermita. Para jurar su fidelidad a Dios y su renuncia a la vida nobiliaria, el caballero clavaría su espada en una roca dentro de la iglesia, que después se convertiría milagrosamente en una cruz.

Volpaia, la Toscana

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Castello de Volpaia

Si no concebís la ruta por la Toscana sin una parada en alguna de sus famosas bodegas, no os decepcionará la del Castello de Volpaia, claro ejemplo de lo que en Italia se define como un borgo.

Esta diminuta aldea amurallada que pertenece al municipio de Radda in Chianti produce sus propios vinos desde el siglo XI, y ofrece visitas y degustaciones con reserva previa. La encantadora terraza de su osteria es un rincón perfecto para disfrutar de la deliciosa gastronomía toscana rodeado de viñedos.

Greve in Chianti, Toscana

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Greve in Chianti y Montefioralle

A medio camino entre Siena y Florencia nos encontramos con Greve in Chianti y, justo al lado, con su vecina Montefioralle. Greve in Chianti nos recibe con sus espectaculares viñedos, de los más afamados de la región, e invita a pasear por sus calles en busca de la carnicería más antigua del mundo, la Macelleria Falorni. Esta se encuentra en la piazza Giacomo Matteotti, que deleita con sus pórticos y balcones cubiertos de flores.

Merece la pena conducir escasos seis minutos para visitar también Montefioralle, un borgo medieval en lo alto de una colina. Sus orígenes se remontan al siglo X, y de él se cuenta que es el pueblo natal del navegante Américo Vespucci. Alimenta esta leyenda una casa antigua situada en la calle principal de Montefioralle, cuyo pórtico aparece decorado con el blasón de la familia.

Badia a Passignano

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Badia a Passignano

La última parada del recorrido antes de regresar al punto de partida es la abadía de Passignano (Badia a Passignano). Se trata de un monasterio del siglo X reconvertido en propiedad privada y cuyos dueños son los marqueses Antinori, una estirpe de larga tradición vitivinícola. Hoy en día es una de las diez familias empresarias más antiguas del mundo.

Se cuenta que el célebre científico Galileo Galilei visitó el complejo monástico de Passignano en uno de sus viajes, y que quedó enamorado del lugar. Los dominios de la familia Antinori en Passignano albergan una de las bodegas más importantes del país, varias hectáreas de viñedos y un restaurante con una estrella Michelin. Desde aquí, el viaje de vuelta a Florencia es de aproximadamente una hora. 



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