Cien años del gol olímpico

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En este 2024 se cumplen cien años del primer gol olímpico, obtenido con un lanzamiento de saque de esquina que se introduce directamente en la meta, sin la intervención de ningún otro jugador que el encargado de la ejecución. La denominación nace de un partido amistoso entre Uruguay y Argentina, se extendió ampliamente en Sudamérica y en Euro­pa es conocida fundamentalmente en España.

El autor del primer gol olímpico fue el delantero argentino Cesáreo Onzari. Jugador del Huracán entre 1921 y 1933, quince veces internacional, cuatro goles, seguramente habría quedado en un discreto olvido de no tener el acierto y la fortuna de marcar de córner directo en el partido disputado en la cancha del Club Sportivo Barracas, en Buenos Aires, el 2 de octubre de 1924. Un partido muy especial, como veremos seguidamente.


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Hasta entonces, el reglamento no daba validez a este tipo de lanzamientos

El 9 de junio anterior, la selección uruguaya se había proclamado vencedora de la competición de fútbol de los Juegos Olímpicos disputados en París. Aún no existía el Mundial de fútbol y esta medalla de oro se consideró el cetro mundial indiscutible. Era la primera vez que el torneo lo auspiciaba la FIFA, y Uruguay repitió en la edición de 1928. De ahí que, unidos a sus títulos mundiales de 1930 y 1950, la selección charrúa luzca cuatro estrellas en su escudo.

El partido contra Argentina se programó para el 28 de septiembre, pero la enorme cantidad de público desbordó todas las expectativas y apenas se pudieron jugar unos minutos. Se habían vendido 42.000 entradas, para un estadio que podía acoger a 40.000, y sumado a invitaciones y gente que se coló por donde pudo, aquello era insostenible. En la repetición del 2 de octubre se instaló por primera vez una valla para proteger el terreno de juego y rápidamente fue bautizada como el alambrado olímpico. Todo fue olímpico ese día. La selección uruguaya dio una vuelta de honor al terreno de juego para recibir el aplauso de los aficionados, repitiendo la que había efectuado en Colombes tras ganar el oro. Había nacido la vuelta olímpica. Y finalmente, el gol de córner.

Para los argentinos aquella victoria por 2 a 1 y especialmente el gol desde la esquina izquierda del marco que defendía Andrés Mazali, guardameta del Nacional de Montevideo (y también destacado baloncestista y campeón sudamericano de 400m vallas) era la gran respuesta al éxito olímpico uruguayo.


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Pero como muchas de las estadísticas del fútbol, aquel primer gol de córner tenía truco. Resulta que la obtención de un gol de lanzamiento de esquina directo estaba prohibida por el reglamento. Los que se habían obtenido anteriormente habían sido correctamente anulados por el árbitro. Sin embargo, en la reunión de la IFAB (International Football Association ­Board, el organismo encargado de las reglas del juego) del 14 de junio anterior se abrió la puerta a la validez de los goles desde la esquina. La nueva norma entraba en vigor en agosto de 1924 en Euro­pa y en enero del año siguiente en Sudamérica. Pero el árbitro de aquel amistoso, Ricardo Vallarino (por cierto, uruguayo) conocía la novedad y consideró que, por tratarse de un encuentro amistoso, podía perfectamente dar validez al gol de Onzari. Los uruguayos reclamaron falta al portero en la jugada, pero no se aceptó.

Onzari siempre jugó en el Huracán, aunque en 1925 se incorporó temporalmente al Boca Juniors para su histórica gira europea, la primera vez que un club argentino jugaba en Euro­pa. Fueron 19 partidos (15 victorias y un empate), con debut en Vigo ante el Celta el 5 de marzo (durante el primer tiempo se derrumbó el techo de una fábrica colindante donde se habían situado espectadores y hubo dos muertos y 26 heridos). Aquel Boca reforzado ganó al Atlético y al Real en Madrid, perdió en San Mamés ante el Real Unión y el Athletic y en su paso por Barcelona ganó tres veces al Espanyol en Sarrià.

Onzari ha pasado a la historia por su gol olímpico: “Salió porque tenía que salir. No hubo otra cosa. Nunca más pude hacer otro igual”. Cien años ya.

La IFAB

El guardián de las reglas

La IFAB, “guardián independiente de las reglas del juego”, es un organismo que fundaron las cuatro federaciones británicas, con dos miembros por cabeza, en 1886. La FIFA se incorporó en 1913, con otros dos representantes, pero sin poder efectivo por el sistema de votación. Todo cambió en 1958, cuando se reestructuró la IFAB y quedó compuesta por ocho miembros: cuatro de la FIFA y cuatro para las federaciones británicas. Hacen falta seis votos para aprobar un cambio, por lo que la FIFA puede vetar, pero no imponer. En 1924 se aprobó el gol de córner y un año más tarde un cambio fundamental: se redujo de tres a dos los defensas que marcaban el fuera de juego.

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