Épica rural con banda sonora

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Antonio Iturbe (Zaragoza, 1967) es un escritor de fondo –Días de sal, La bibliotecaria de Auschwitz, La playa infinita o la serie infantil Los casos del inspector Cito – que en el día a día ejerce de periodista cultural –director de Librújula, es firma habitual en estas páginas-.

En su último trabajo, Música en la oscuridad, Iturbe recupera una de esas historias pequeñas que conforman la historia con mayúsculas. El abuelo materno del autor, Jerónimo, fue un hombre rudo, dedicado al campo y al transporte de personas y mercancías con su mula. Además tocó el saxofón en Casetas, un barrio rural de Zaragoza. El nieto escritor, de sentir inquieto y curioso, quiso saber más y averiguar el porqué de esa afición musical, que se practicó solo en un tiempo pasado y que a priori no encajaba con su perfil.

Se sumergió entonces en un trabajo de campo que le mostró cómo la vida siempre encuentra salidas esperanzadoras. En esa pedanía de casas humildes donde el cierzo procedente del Moncayo lo enfriaba todo, los años treinta del siglo pasado estaban marcados por la supervivencia, sus habitantes trabajaban la tierra con las manos y las mujeres hacían malabarismos para alimentar a la familia.

El escritor levanta con esos materiales una novela de aire épico en la que sobresale la figura de Mariano, sastre de profesión y músico apasionado –toca el clarinete-, que recibe el encargo de instalarse en el pueblo –antes vivía en Mallén- para formar una banda de música. Lo hace con su mujer Joaquina, un verdadero pilar por su fuerza, empuje y resistencia. Allí la pareja, que es recibida con recelo y hostilidad, crecerá y con ella el relato que tiene mucho de superación.

⁄ El protagonista, con su bonhomía, brinda episodios de gran calado humano y de dedicación al bien común

Poco a poco iremos conociendo la composición de esa sociedad donde el alcalde ostenta el poder y donde los papeles están repartidos –la bruja y curandera Hilaria, el cura, la maestra, el sindicalista…y el marginado Mudo-. Todos ellos dibujan un amplio fresco costumbrista, que Iturbe acentúa poniendo en sus bocas un lenguaje propio –las terminaciones en ico/ica abundan en los primeros compases del texto-, con expresiones locales y coloquialismos (miaja, cuaca, chufla, chandro, jamar, rade, zarrio…). El autor transcribe el hablar incorrecto de una población sin acceso a la educación, en cuya oralidad abundan los refranes y las frases sentenciosas. Eso le confiere un tono a la narración, que remite a ese espacio.

El contexto político –la salida de Alfonso XIII, la llegada de la República y la antesala de la Guerra Civil- está insertado con acierto en las conversaciones de taberna o de la mano de personajes como Ladis, un joven del sindicato, idealista y con formación. También la aparición de Ernest Hemingway, que visitó y escribió en aquel lugar.

La figura de Mariano se impone por su integridad y por su trabajo esforzado en favor de la comunidad, por su defensa de la educación, por su bonhomía, por soñar despierto y volar con la música. Resulta entrañable. Se nos revela en sus actuaciones y también en sus insomnios, contradicciones, opresiones y angustias, que el autor ha sabido comunicar.

Su personaje , también épico (“ Eso es ser una banda…formar parte de algo que es más grande que nosotros mismos”, dice a los músicos) brinda episodios de calado humano como su comportamiento en la recepción en casa del alcalde o el viaje con todos los integrantes a Zaragoza para disfrutar de una merienda. La música, por supuesto, acompaña estas páginas, pasodobles y temas populares, pero también conocidos fragmentos clásicos. La oscuridad del título se densifica en el tramo final, cuando la pertenencia a un bando político puede convertirse en una condena.

⁄ Los refranes y las frases sentenciosas caracterizan la forma de hablar de los integrantes de la banda municipal

Antonio Iturbe vuelve a poner su escritura al servicio de una forma de mirar el mundo donde combina la introspección y la fe en la acción individual. Lo ha hecho también, como acostumbra, con mucha documentación, con un estilo prolíjo y rico en metáforas. Música en la oscuridad agranda su trayectoria literaria.

La curandera y la pragmática

La figura de Hilaria, la curandera a la que llaman bruja, representa el contrapunto a la figura sensata y racional de Josefina, mujer entregada y laboriosa del director de la banda.
La cabaña donde vive en lo alto, alejada del núcleo de casas del pueblo con perro de aspecto amenazante, las pócimas y remedios que prepara y su forma de vestir y hablar rompen los esquemas.
Pero los contrarios se atraen y a veces las diferencias no son grandes como las que aparentan. Mariano vivirá algunos momentos entre esos dos polos pero sin perder el sentido de la realidad.

Antonio Iturbe Música en la oscuridad

Seix Barral 416 páginas 20,90 euros

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