Kreuzberg, el Berlín más alternativo es un museo al aire libre

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Si existe un lugar que el visitante puede redescubrir, por más veces que haya pisado su asfalto, esa es Berlín. La capital alemana es mucho más que el Muro que dividía su parte Oriental de la Occidental. Durante años, los movimientos sociales han potenciado una explosión cultural que la convierte en un lugar único. Capaz de ofrecer diferentes ambientes en los doce distritos en los que se organiza, quienes visitan la ciudad saben bien que hay un Berlín diferente para cada turista.

Sus habitantes siempre han presumido de ser baluarte de una cultura alternativa y experimental que ofrece circuitos alejados de las guías de viajes. Esta ciudad cosmopolita ha sabido mirar al futuro abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo dispuestos a encontrar su lugar en Alemania.

Kreuzberg empezó a revivir a finales de los 60, cuando los jóvenes de la RFA se desplazaron para escapar del servicio militar

Más allá de la East Side Gallery, la mayor parte del Muro que aún sigue en pie y que decoraron en 1990 más de un centenar de artistas, la escapada urbana por excelencia debe reservar tiempo para perderse en los barrios más atractivos. Pese a que la gastronomía no es su punto fuerte, para iniciar el recorrido es recomendable coger fuerzas con el tradicional currywurst, el fast food por excelencia.

Kreuzberg, al sureste de Berlín, no puede pasar desapercibido a ojos del turista. El nombre de este barrio debe su origen a una cruz (kreuz) que corona un pequeño monte (berg), hoy el parque Victoria. La zona empezó a revivir a finales de los sesenta, cuando los jóvenes de la antigua República Federal de Alemania se desplazaron intentando escapar del servicio militar obligatorio. Desde entonces, impulsaron el compromiso político y la diversidad cultural haciendo del lugar uno de los barrios obreros más activos.

Kreuzberg, al sureste de Berlín, es conocido como el barrio turco

Kreuzberg, al sureste de Berlín, es conocido como el barrio turco

Cristina Tallón Cáliz

Actualmente, a esta zona se la conoce como el barrio turco, ya que un tercio de su población procede del país otomano. La gastronomía de sus habitantes permite al viajero cerrar los ojos y transportarse a través del olfato a Estambul, una puerta para descubrir también los lazos históricos entre ambos países. La diversidad social, que aún resuena en las calles que un día habitaron artistas como Nick Cave o Bowie, convierten a Kreuzberg en el epicentro de la cultura alternativa que sigue impulsando el espíritu más combativo de Berlín.

Recorremos esta ciudad escondida junto al arquitecto, ilustrador y guía turístico alternativo Jaime Santaisabel, que lleva en la capital alemana desde 2006 y no ha perdido ni una pizca del entusiasmo y la curiosidad que lo trajeron aquí hace ya más de 16 años. Aquí os dejamos algunos de los rincones secretos más preciados de una ciudad que, por mucho que se intente, quedarán grabados para siempre en la retina del visitante.

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Prinzessinnengarten, en Moritzplatz

Cuesta imaginar que lo que en su día fue un vertedero, ahora se ha convertido en un lugar de encuentro para moradores y visitantes. En Moritzplatz se erige un terreno de 6.000 metros cuadrados convertido en el proyecto de jardinería urbana más importante de Berlín. Durante años este espacio permaneció abandonado, pero en el verano de 2009, Nomadisch Grün, una organización sin ánimo de lucro, lo transformó en un oasis verde. Los vecinos y las entidades del lugar desarrollan hoy un programa que pretende ser también fuente de conocimiento sobre la siembra, la plantación y la cosecha.

‘Cosmonaut Astronaut’

Entre puestos de kebabs y tiendas alternativas, si se levanta un poco la vista, Kreuzberg se convierte en un museo viviente al aire libre. Muchas de sus fachadas albergan grafitis y muestras de arte urbano cuya fama ha dado la vuelta al mundo. Una de las imágenes más emblemáticas se encuentra en la intersección de la calle Mariannen Strasse con Skalitzer Strasse. En este punto se descubre el Cosmonaut Astronaut, un viajero espacial de enormes dimensiones que en 2007 plasmó el artista francés Victor Ash. Después de más de una década sigue siendo lugar de culto para todo aquel que pasee por el barrio.

'Cosmonaut Astronaut' de Victor Ash, una de la imágenes más emblemáticas del barrio turco de Berlín

‘Cosmonaut Astronaut’ de Victor Ash, una de la imágenes más emblemáticas del barrio turco de Berlín

Cristina Tallón Cáliz

Künstlerhaus Bethanien

La identidad de la historia reciente de la capital alemana no podría entenderse sin el movimiento okupa. Pese a que en los últimos años Berlín también ha tenido que hacer frente al boom inmobiliario, la esencia de los edificios okupados sigue latente en espacios como Künstlerhaus Bethanien. Construido en 1847, el antiguo hospital destinado a la cura de enfermos de tuberculosis fue ocupado a comienzos de los setenta para convertirse en un centro artístico. Actualmente es una sala de exposiciones de arte contemporáneo que ofrece visitas guiadas y encuentros con artistas.

Baumhaus

Sin salir de Kreuzberg, pero en la frontera con el distrito de Mitte, se encuentra la Baumhaus o “casa en los árboles”. Su presencia suele pasar desapercibida y son pocos los turistas que se detienen a conocer la historia que esconde esta construcción de dos pisos, hecha con materiales reciclados y situada en la ruta del Muro, en una especie de tierra de nadie. Sus orígenes se remontan a comienzos de la década de los ochenta cuando la ciudad aún permanecía dividida en dos partes. Osman Kalin, un inmigrante turco, supo aprovechar el descuido de los obreros de Alemania Oriental para levantar su particular espacio verde.

La 'Baumhaus' esconde una historia que se remonta a los años ochenta

La ‘Baumhaus’ esconde una historia que se remonta a los años ochenta

Cristina Tallón Cáliz

En esta zona, los trabajadores construyeron el Muro dejando un espacio en el olvido. El pedazo de tierra era propiedad de la República Democrática Alemana, pero estaba situado en suelo de Alemania Occidental. Kalin no pasó por alto el despiste de los operarios y acabó construyéndose un huerto y una humilde vivienda. El creador de este espacio verde falleció hace un par de años. Ahora sus hijos intentan convertirlo en un lugar de vista en las rutas más alternativas de la capital para mantener viva su memoria.

BLU, el artista esquivo

Dejando atrás la obra de Osman Kalin, un paseo por la calle Köpenicker hasta llegar al Puente de Oberbaum, que atraviesa el río Spree, vuelve a reencontrar al visitante con el arte callejero. En la fachada de uno de los edificios colindantes al puente se alza un hombre rosa compuesto por miles de diminutos hombrecillos. El artista italiano bajo el pseudónimo BLU es el responsable de este mural que pretende trasladar al espectador la crítica social y denuncia que caracterizan al autor. 


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Aunque es una de las obras más famosas, en este punto es fundamental recorrer las pintadas que conforman la East Side Gallery para finalizar la jornada. Las selfies se repiten frente a la imagen más insigne del Muro, el beso entre el presidente la República Democrática de Alemania, Erich Honecker, y el líder de la Unión Soviética, Leonid Brezhnev. La escena la pintaba el artista ruso Dimitri Vrubel un año después de la caída del Muro en 1989.

Museo del Holocausto de Berlín

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Cristina Tallón Cáliz

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