“No veo tan grave llamar idiota a alguien; yo mismo soy idiota”

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Quim Monzó (Barcelona, 1952) ha reunido en el libro Ments preclares, con el subtítulo “El llibre dels idio­tes” (Libros de Vanguardia) ochenta artículos que durante un par de decenios ha publicado en La Vanguardia. El denominador común, como indica el título, son los comportamientos idiotas, que a Monzó lo sacan de quicio, como ya hizo en los cuentos de Mil cretins o en los artículos de Esplendor i glòria de la Internacional Papanates (Quaderns Crema). Para combatirlos, el escritor usa su mejor arma: la palabra. Y la selección que ha hecho Julià Guillamon es tan buena, que incluso Monzó, el rey de los pesimistas, se ha atrevido a confesar que el libro ha quedado bastante bien.

¿Qué es este libro?

Pues es un libro que se titula Ments preclares y que tiene un subtítulo que reza El llibre dels idiotes. Este subtítulo son dos maneras de enfocar una explicación: una es irónica y la otra es la que sería la literal, la que no busca un segundo nivel ni un primero, pero en cambio complace mucho a los editores.

¿Cómo surge la idea de hacerlo?

Yo ya soy muy mayor para hacer libros y se les ocurrió encargar a Julià Guillamon uno. Visto que yo a veces rehúyo la ironía esta de decir: hostia, esta lámpara, qué bien diseñada está; y de hecho estoy diciendo lo contrario: que es una chapuza, que está muy mal hecha, y a veces una cosa es tan evidentemente imbécil, que utilizo la palabra idiota.

Por el resultado del libro, la idiotez es uno de sus temas recurrentes.

Como hoy se puede hacer una búsqueda en los artículos publicados, Guillamon empezó a buscar los que contenían la palabra idiota, idiotez y todas las que tienen que ver. Salieron un montón de artículos donde pasaba de la ironía e iba directamente al insulto. Tiene gracia porque, antes, no habrías hecho la cantidad de trabajo de buscar idiota leyendo todo los 50 años de artículos.

Hay muchos escritores que han tratado el ‘tema’ de la idiotez, como Cipolla


Quim Monzó

La selección abarca más o menos los últimos veinte años.

Supongo que ya me aburría utilizar la ironía.

Es decir que, ante un idiota, usted pierde la ironía.

No, no. Siempre la uso, pero como te encuentras idiotas cada cinco minutos, supongo que hay alguna vez que en el artículo no la usas. Entonces es cuando explicitas. En vez de una alabanza, escribes un insulto directo.

Le gusta mucho la frase de Enrique Rubio: “Los idiotas no se acaban nunca”. Incluso hay un momento que escribe una frase sinónima en latín.

Sí, “ Stultorum infinitus est numerus”. Esta frase ya la usaba antes de toda esta re­ferencia de Enrique Rubio. A él lo había escuchado de joven, por radio, y me gustaba mucho.

¿Era un cronista de sucesos?

Sí, y se centraba en las estafas pobres, como el tocomocho o la estampita, que engañan a la gente. Son estafas tan evidentes, que piensas cómo puede ser tan corta esa persona para haber caído en el engaño. Lo explicaba muy bien y siempre tenía esa frase de los idiotas que no se acaban nunca.

Usted se ha hecho suya la frase.

A mí me vino a la cabeza durante esos años del dos mil, porque el técnico de sonido de La com­petència, de RAC1, Víctor Ollé, que era muy bueno, también estaba obsesionado con esa frase y la tenía como cuña. Enrique Rubio también había escrito un montón de artículos, entre otros sitios en La Vanguardia.

Como tertuliano, mi posición era casi siempre: ‘No tengo ni idea, no sé qué decir’


Quim Monzó

¿La idiotez es un subgénero?

Hay muchos escritores que han tratado este tema [y subraya la palabra tema, que odia como demuestra el título de su libro El tema del tema ], como Carlo Fruttero y Franco Lucentini, con un montón de artículos donde frecuentaba el insulto hacia la idiotez. O Carlo Maria Cipolla, que elaboró la teoría de la estupidez.

También menciona el premio Darwin. ¿En qué consiste?

Ahora ya está muy quemado, porque internet lo quema todo. Pero cuando apareció, era fascinante leer en la prensa que se había concedido el premio Darwin, que lo dan a aquella persona que ha muerto sin engendrar, y así no transmite su estupidez. Con Darwin, la especie va evolucionando de una generación a la siguiente. Pero aquí no, porque si un individuo hace una burrada y muere sin haber engendrado, no pasa sus genes estúpidos a generaciones futuras.

Critica las redes sociales.

Porque la gente es muy idiota. Hay quien comete un crimen y resulta que allí revela muchas cosas y la policía enseguida ata cabos.

Y en cambio, es muy activo en Twitter.

Según los días. Ahora, a partir de Kate Middleton, sí, porque me he aficionado mucho con este culebrón, me encanta. ¡Es que es muy bueno! Pero en general sí que uso Twitter, encuentras cosas muy buenas. No por originales, sino porque encuentras respuestas más rápidas que en la radio. Buscas en Twitter y tienes esa información mucho antes que por radio o por digital. Por eso es muy útil. Pero, claro, hay la misma cantidad de imbéciles que en la vida habitual.

Vertical

Quim Monzó en su estudio 

Xavier Cervera

Decía que por la mañana escucha la radio. ¿Una emisora o va cambiando?

La pongo a las seis y media. Y escucho una emisora u otra si es fin de semana o si es día laborable.

¿No cambia de emisora con las memorias?

No tengo radios con memorias, no las quiero. Tengo varios transistores, cada uno sintonizado en una emisora. Es idiota, sí lo es. Pero, en el momento preciso, apago uno y enciendo otro. Me gustan mucho, en casa tengo tres junto a la cama.

En estos artículos, habla de idiotas reales, que ha descubierto aquí o allá, pero a veces también usted se identifica como idiota.

Llamarme idiota a mí mismo no me ofende, porque toda la vida me lo he dicho. Ahora, que lo haya dicho toda la vida no quiere decir que esté bien dicho, pero sí, soy idiota. No encuentro tan grave decir idiota a alguien. Yo muchas veces soy idiota, tendría que comportarme de otra manera y me irían mejor las cosas. ¿Pero en qué sentido irían mejor? Igual creo que irían mejor y al final irían peor. Yo soy idiota.

Idiota de cara a otro, pero si ya le está bien lo que usted hace…

Sí, claro. Por ejemplo, recuerdo una época, hace décadas, que salieron los radiocasetes. Ahora es el móvil, el móvil lo tiene todo. No soporto que lo tenga todo: una función o dos, y no muchas más. Con el radiocasete estaba indignado. Un personaje de Benzina , ahora no sé si lo recordaré exactamente, estaba profundamente en contra del ra­dio­casete porque quería que la radio fuera una radio, pero el casete que fuera un casete. Eso de mezclar varias cosas nos ha llevado al desastre. Cada cosa tiene que ser una cosa.

Los hay que cometen un crimen y resulta que revelan muchas cosas y la policía ata cabos


Quim Monzó

¿Qué opina de los tertulianos, que también salen en su libro?

No escucho tertulias. Escucho la radio hasta que a las nueve empiezan las tertulias y entonces desconecto. Ya me va bien, porque así puedo escribir, puedo trabajar y puedo leer. Los tertulianos son individuos que saben de todo. Y hay gente que sabe bastante de algo. Pero es que están obligados a hablar de todo y saberlo todo, tener una opinión sobre todo.

Pero usted tiene experiencia.

Una vez hice de tertuliano, porque me lo pidió Màrius Carol, en un programa de Citytv en una tertulia al mediodía. Yo estaba allí y no sabía qué pintaba. Mi posición era casi siempre, si no es que tenía una opinión formada sobre lo que hablaban, decir: “No tengo ni idea, no sé qué decir”. Creo que estaba bien ese personaje, un tertuliano que no sabe qué decir de las cosas.

El tertuliano que no opina.

Es que no tengo opinión sobre muchas cosas. Leo artículos políticos, pero no sé si tienen razón o no. Opino de ciertas cosas, pero sentirte obligado a dar una opinión me cuesta mucho, y a veces sufro por ellos, porque es un oficio que han de hacer tan bien como sepan. 

Más allá de los idiotas, en el libro salen otras constantes de su obra, como los restaurantes, que ya aparecían en Taula i barra.

Tengo una afición porque desde los 18 años que salí de casa de mis padres he desayunado y he comido casi siempre, si no es que estoy enfermo, en restaurantes. Por lo tanto, durante décadas, mi vida ha sido en el restaurante y he visto cómo han ido evolucionando y como cada vez han ido pervirtiendo más algo tan sencillo como cocinar bien, llevarlo a la mesa y pagar. Ahora se tiene que ir sofisticando, se tiene que ir idiotizando un poco.

Tengo varios transistores, cada uno sintonizado en una emisora


Quim Monzó

¿Ya ha asumido que los platos sean cuadrados?

Esa es otra: el gregarismo de las modas. De los platos cuadrados ya no hablo porque hace décadas que se han normalizado y ahora hay nuevas generaciones que ya no ven lo que yo veo de extraño en un plato cuadrado.

¿Por qué evoluciona todo hacia un lado idiota?

El otro día intenté ir a un restaurante del barrio de Sant Antoni, Doppietta, y reservar fue una odisea. Telefoneaba y no contestaba nadie, porque hay que reservar por web. Tiene narices que haya que reservar por web, eso se tendría que acabar. Solo me daban dos opciones: barra o terraza. No me gusta comer en la barra, porque es más cansado que comer en una mesa, ni en la terraza, no me gusta comer en la calle. Pero ves las fotos de ese lugar y está lleno de mesas. ¿Por qué no puedo comer en una mesa? Todo se complica enormemente porque no puedes hablar con una persona, porque es más chupiguay hacerlo por web. Finalmente conseguí ir y me llevé una sorpresa extraordinaria, porque el restaurante es muy bueno, algo que no me esperaba de un lugar hipster en Sant Antoni.

También habla de lengua.

Si volviera a nacer, algo que me gustaría estudiar, porque en esta vida no he estudiado nada, quizá sería lengua, filología. Me gustan las lenguas y observo cómo evolucionan, hacia peor o hacia ­mejor.

Versió en català, aquí


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Julià Guillamon

foto XAVIER CERVERA 06/03/2024 Joaquim Monzó Gómez, más conocido como Quim Monzó (Barcelona, 24 de marzo de 1952) es un narrador y periodista catalan. Escribe fundamentalmente en lengua catalana. Retratado en su estudio del barrio d Sant Antoni, Barcelona

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