Nuevo impulso a la Bauhaus Europea

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Bruselas ha vuelto a ser por segundo año consecutivo el epicentro del Festival de la Bauhaus Europea, una iniciativa lanzada por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hace tres años, que pretende impulsar el trabajo de arquitectos, artistas o diseñadores en un nuevo movimiento alrededor del Pacto Verde Europeo.

¿Cómo debe ser el diseño de los productos que utilizamos para que no solo aporten belleza y utilidad, sino que también tengan un papel en la transición ecológica? Durante cuatro días, decenas de conferencias y talleres en la capital belga, pero también en varios puntos de los Veintisiete y en los Balcanes, han reflexionado al respecto.

La nueva Bauhaus aspira, como lo fue el movimiento alemán, a ser útil a las personas

Ursula Von der Leyen lanzó la idea de una creación de una “Bauhaus europea”, en homenaje a aquel movimiento alrededor de la escuela de arquitectura, arte y diseño de la ciudad alemana de Weimar en la década de los años veinte, liderado por el arquitecto Walter Gropius. En él, destacaron Vassily Kandinksy o Mies van der Rohe.

También las mujeres tuvieron un lugar destacado, pero la memoria prácticamente las borró, a pesar de ser capitales en impulsarlo, como Lilly Reich, esencial en la construcción del pabellón alemán de la Exposición Universal de Barcelona de 1929.

La nueva Bauhaus aspira, al igual que lo fue el movimiento alemán, a ser útil a las personas. En el festival, que se ha celebrado en el espectacular Museo de Arte e Historia de Bruselas, y en el Parque del Cincuentenario, en el barrio europeo, se han presentado decenas de proyectos, cuatro de los cuales provenientes de la capital catalana.

Las conferencias de ayer estuvieron muy centradas en cómo el diseño y la arquitectura sostenible pueden tener un rol en esta nueva transformación. “El arte y el diseño pueden ser agentes para un cambio”, defendió Paola Antonelli, comisaria y directora de Innovación y Desarrollo del Museo Metropolitano de Nueva York (MoMa).

Esta es también una de las máximas que ha aportado Enorme Studio, una oficina de diseño y arquitectura de Madrid, con su Ciudad Portátil (que se convirtió en uno de los lugares favoritos de los visitantes), que han colocado en medio del parque del Cincuentenario como muestra en el festival. Se trata de un invernadero fijo con una serie de gradas móviles con un jardín vertical.

“La idea es cómo potenciar el uso del espacio público a través de infraestructuras portátiles”, explica a La Vanguardia Carmelo Rodríguez, su fundador junto a Rocío Pina. “En todos los espacios debe haber flexibilidad (…) vivimos en una sociedad cada vez más cambiante, las cosas que diseñamos tienen que responder, y la manera es la flexibilidad”, argumenta.

En la misma línea, José Luis de Vicente, director del Disseny Hub Barcelona, defiende que la sostenibilidad y el diseño deben ir de la mano. “Hoy en día el diseño que no ponga en el centro su manera de operar, su ideología y materialidad y la sostenibilidad no es diseño que valga la pena llamarse como tal”. “El único diseño posible es el que aborda el papel central en la crisis ecológica”, remata.

De Vicente estuvo presente en el festival, en que presentó la iniciativa Archipiélago de futuros posibles, junto a Francesca Bria, que pone “en el centro la idea de que artistas, diseñadores y arquitectos tengan un papel central en la política de la innovación europea”, explica el también investigador cultural, que ha reunido a más de 40 organizaciones y profesionales.

Pionero en sostenibilidad

El arquitecto japonés Shigeru Ban, premio Princesa de Asturias a la Concordia 2022, Pritzker 2014, máximo referente de la arquitectura sostenible, admite que esto tiene peligro de convertirse “en un eslogan publicitario”, explica a La Vanguardia. Ban empezó a trabajar en 1995 con sus diseños célebres de cartón reciclado, cuando nadie confiaba en que pudiera ser una estructura con la que se pudiera trabajar. También es un exponente de la arquitectura relevante en el plano humanitario. Son célebres sus construcciones temporales en catástrofes naturales, como el genocidio de Ruanda o la guerra de Ucrania. Recuerda con emoción que, tras el terremoto de Kobe de 1995, sus casas de cartón hicieron “sentir segura a la gente”. “Una casa de ladrillo les había fallado, pero la de cartón no se les caería encima”.

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