así se duerme en un castillo de la belle époque

Equipo
By Equipo
7 Min Read

Hay amores que inspiran canciones, que son un estímulo para el arte, que hacen correr ríos de tinta. Y hay amores que alumbran obras maestras de la arquitectura. Como La Folie Boulart, el castillo que se asienta en el punto más alto de la ciudad francesa de Biarritz. Al igual que el Taj Mahal, se construyó para satisfacer los deseos de una mujer.

Hay que remontarse a 1881 y a los años dorados de la belle époque. Tiempos que alientan en Europa el esplendor intelectual, el progreso tecnológico, los vientos de prosperidad. Tiempos en los que la capital vasco-francesa era el destino predilecto de una aristocracia maravillada con las aguas terapéuticas de sus balnearios de lujo.


Lee también

Magda Bigas

Four Seasons Resort Tamarindo, Jalisco

Aquí, en este contexto de eclosión de las artes y soplo de modernidad, en este escenario de elegantes mujeres con vestidos que constriñen la cintura y de hombres con sombrero y bastón, Charles Boulart le promete a su esposa Marthe un castillo “majestuoso, bello y original”. Y lo hace siguiendo el ejemplo del emperador Napoleón III, quien ya había mandado edificar para su mujer, Eugenia de Montijo, el actual Hotel Du Palais en la misma localidad.

Azarosa historia

Emplazado a pocos pasos del mar y rodeado de naturaleza, La Folie Boulart fue el sueño de este influyente hombre de negocios, que contó para su ejecución con dos arquitectos de renombre: Joseph Louis Duc y Louis François Roux, quienes ya habían trabajado en el diseño del palacio de Justicia de París.

La Folie Boulart  emplazado a pocos pasos del mar y rodeado de naturaleza

La Folie Boulart, emplazado a pocos pasos del mar y rodeado de naturaleza

Leo Guthertz

El objetivo era buscar la excelencia. Para ello llegan del Nuevo Mundo los materiales más codiciados: mármoles, maderas nobles, piedras preciosas. Y para ello se convocan también los mejores artistas y artesanos. Esculturas, columnas, pinturas, vidrieras, mosaicos, techos de artesonado, dorados, marquetería, hierros forjados… componen un conjunto exquisito. El arte más refinado al servicio de la belleza.

Fue así como, en los estertores del siglo XIX, este castillo de Biarritz con la estética de los cuentos de hadas se convierte en el punto de encuentro de la alta sociedad. Después su historia tiene que lidiar con la irrupción de la barbarie: pasa a disposición de la Cruz Roja durante la Primera Guerra Mundial y en 1930 se recicla en un internado para niñas.

Un viaje en el tiempo

Su compra, en el año 2015, por Pierre y Brigitte Delalonde, ha supuesto el regreso a la gloria de este monumento catalogado como un bien histórico-artístico. Adquirido en un avanzado estado de deterioro y sometido a una meticulosa restauración, La Folie Boulart resurge ahora de sus cenizas fiel a la atmósfera y el estilo de la época original.

La Folie Boulart resurge ahora de sus cenizas, fiel a la atmósfera y el estilo de la época original

La Folie Boulart resurge ahora de sus cenizas, fiel a la atmósfera y el estilo de la época original

Leo Guthertz

Ciento cuarenta años después de su construcción, hoy entre sus gruesos muros se puede vivir una experiencia propia de la belle époque. Nada menos que 2.500 metros cuadrados, que se alquilan al completo para estancias vacacionales con todos los servicios disponibles: mayordomo, conserje, ama de llaves, servicios de limpieza, camareros y chófer privado.

Retrotraerse al esplendor decimonónico pasa por empaparse de la suntuosidad de sus estancias, decoradas con un mobiliario único adquirido en importantes subastas o seleccionado en prestigiosos anticuarios. Una sala de recepción que se abre a la panorámica del océano. Una virguería de atrio con una majestuosa escalera y un mosaico inimitable. Salones rebosantes en arte con piezas como la mesa de billar que perteneció a los hermanos Lumière.

Detalle del interior del hotel, delicadamente decorado

Detalle del interior del hotel, delicadamente decorado

Léo Guthertz

Relax y buen comer

El descanso en este castillo no sólo está propiciado por el aire principesco que destilan sus habitaciones inmensas (ataviadas con baños de mármol y delicadas sábanas de seda) sino que además responde a unas comodidades muy del siglo XXI: domótica supervisada a través de iPads individuales, paredes con equipo de sonido, televisiones escondidas para no chirriar con el ambiente… Y en el exterior, el jardín de corte clásico con vistas al mar y las montañas garantiza la paz más absoluta.

Imponente escalera en La Folie Boulart

Imponente escalera en La Folie Boulart

Léo Guthertz

Pero, por si fuera poco, bajo el atrio se esconde todo un mundo de bienestar. Un spa perfectamente equipado, con una piscina de 8,5 metros, una sauna y un hamman. Un lugar exquisito para entregarse a tratamientos tan tentadores como los masajes con piedras semipreciosas, los rituales egipcios o los lifting faciales kobido.

Para completar esta estancia inolvidable, sólo queda añadir el apartado gastronómico. A su mando se encuentra Jean-Marie Gautier, un chef galardonado con estrella Michelin y con el título Meilleur Ouvrier de France. Su carpaccio de vieiras con cítricos, o su lubina al vapor de algas con caviar de Aquitania, puerros crujientes y caldo de cigalas, son dos ejemplos de una experiencia culinaria solo a la altura de un castillo.

Comedor e uno de los grandes salones de La Folie Boulart

Comedor de uno de los grandes salones de La Folie Boulart

Léo Guthertz

Lee también

Share This Article
Leave a comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *