De la quimera al sueño, por Santiago Segurola

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Una chilena de João Félix giró el partido en Cádiz, donde los imperativos de la temporada mandaron hasta el gol del Barça. Se viene el PSG en la ocasión más grande que vieron los siglos -el fútbol mide los tiempos a su manera– y llegaron noticias de la victoria del Real Madrid en Son Moix, dos circunstancias que presidieron la alineación azulgrana y su juego el primer tercio del encuentro. Al Cádiz también le pesaban las vicisitudes del campeonato. Un buen número de equipos, con el Celta a la cabeza, se encuentran todavía en su radio de acción. Acostumbrado a proezas milagrosas de última hora, el Cádiz se maneja como pocos al borde del descenso. Combatió, se exprimió y perdió. João Félix cazó una elegante chilena y cambió el partido.

La acrobacia del delantero portugués generó un efecto inmediato: el Barça se vio de repente en el Bernabéu, contra su rival histórico y líder del campeonato, cuatro días después de la semifinal de la Liga de Campeones, el viento en las velas y la posibilidad de rebajar a cinco puntos la diferencia con el Madrid. Se espabiló el Barça y João Félix más que nadie en el equipo. Jugador ciclotímico, con relevantes periodos de impacto y largos trechos de melancolía, en Cádiz se pareció al delantero que costó más de 100 millones al Atlético y al que convenció en el arranque de la temporada con la camiseta del Barça.

A mes y medio de terminar la temporada, asoma un optimismo imprevisto

Un ataque de entusiasmo siguió al gol. João desplegó sus mejores cualidades en controles, conducciones y pases. Se lució hasta en los esfuerzos defensivos, que no están en su naturaleza. Dejó un momento radiante en un quite de pisada, cuando el lateral Iza entraba como un obús en el área del Barça. Frente al Cádiz, João Félix pidió sitió en la alineación que se medirá el martes con el PSG. Difícil que Xavi se lo conceda, pero su versión actual es una magnífica noticia para el Barça.

Uno que juega siempre y todo es Cubarsí, un teenager con alma de veterano. Xavi cambia jugadores en la defensa, pero tiene claro la importancia de su joven estrella. Preso de una temprana amarilla, disputó todo el encuentro, sin cometer errores. Tiene hielo en las venas. Aunque no fue sometido a grandes tensiones por la delantera del Cádiz, Cubarsí ofreció en todo momento una sensación de autoridad impropia de su edad, primero junto a Christensen, después al lado de Koundé.

CADIZ, SPAIN - APRIL 13: Marc-Andre ter Stegen of FC Barcelona makes a save during the LaLiga EA Sports match between Cadiz CF and FC Barcelona at Estadio Nuevo Mirandilla on April 13, 2024 in Cadiz, Spain. (Photo by Fran Santiago/Getty Images) (Photo by Fran Santiago/Getty Images)

Paradón de Ter Stegen a una mano cuando el Cádiz apretaba más en la segunda parte

Fran Santiago / Getty

El efecto Cubarsí es evidente en una defensa que ha tardado demasiado tiempo en transmitir seguridad. Poco a poco, baja la cifra de goles encajados, los rivales se prodigan menos por el área de Ter Stegen y el portero responde como en los buenos tiempos. Apenas intervino, pero a última hora descolgó en la escuadra un sensacional remate de Sama.

Sin deslumbrar, con una alineación plagada de suplentes, el Barça comprendió que el gol de João Félix le concedía una oportunidad de continuar su feliz recorrido en las últimas semanas. De la misma manera que el gol del portugués en el primer tiempo giró definitivamente el partido hacia el lado azulgrana, en el Parque de los Príncipes se atisbó la probabilidad de una transformación radical de la temporada. En París funcionó un Barça que atravesó por toda clase de vicisitudes, pero se manejó con la confianza y autoridad que tantas veces le faltaron antes de eliminar al Nápoles en los octavos de final de la Copa de Europa.

A mes y medio de terminar la temporada, asoma un optimismo imprevisto. Es un Barça que se parece al que se anticipaba durante el verano. Y lo parece en un momento crítico. La Liga está lejos, pero no perdida, y la Copa de Europa ya no es una quimera loca.

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