“Las abuelas de mi generación fuimos hippies y nos salimos del tópico del ganchillo”

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Hace 48 años que Clara Obligado (Buenos Aires, 1950) dejó Argentina para venirse a una España recién salida del franquismo. Pero, por mucho que pase el tiempo, «no hay que perder las buenas costumbres», asegura mientras se deleita con una milanesa en un restaurante de Barcelona. Un plato que le trae buenos recuerdos de su tierra, de la que tanto se está hablando estos últimos meses con la llegada de Javier Milei a la presidencia. «Estamos todos expectantes y, sobre todo, preocupados», admite. 

La capital catalana recibió la semana pasada a la autora con los brazos abiertos –y con panqueques de dulce de leche–, donde vino para hablar de su nuevo libro, Tres maneras de decir adiós (Páginas de Espuma), un libro a caballo entre el cuento y la novela, «ese territorio tan frecuentado por autores como Alice Munro», que acerca a tres mujeres, sus profundas pérdidas y los diversos espacios y tiempos en que les tocó vivir.

Empecé este libro antes de la pandemia, pero tuve que parar, porque la ficción estaba en la calle y traerla a la casa era demasiado»

«Empecé este libro antes de la pandemia, pero tuve que parar, porque la ficción estaba en la calle y traerla a la casa era demasiado». Ahora, tras dos ensayos –Una casa lejos de casa y Todo lo que crece– «me he visto preparada para regresar, aunque me he dado cuenta de que se me da mejor el ensayo que la literatura. Puede que sea porque este libro, pese a ser ficción, sea el más autobiográfico de todos», admite.

Obligado reconoce que «no tenía ni idea de por dónde empezar. Nunca me había sentido tan perdida. Me puse a escribir y, después del primer cuento, en el que me pregunté qué era un héroe y cuál es el precio de serlo, el resto ya empezó a fluir». Una narración que recorre esta experiencia «desde la Odisea a la mujer que fue una pelada de la Guerra Civil española» y que se inspiró en muchas de las historias de la guerra que le contó un matrimonio vecino años atrás, cuando vivía en un pueblo de Guadalajara.

Clara Obligado durante su visita a Barcelona esta semana

Clara Obligado durante su visita a Barcelona esta semana

Àlex García

La escritora argentina rescata a esa misma protagonista, ya viuda y con 70 años, en su segundo relato y describe el amor maduro. «Me molesta que no se hable de amor a determinadas edades. Se supone que se suspende. Las mujeres dejan de producir, de ser deseadas y casi de ser seres humanos», lamenta Obligado, que también reflexiona sobre su condición de abuela, algo sobre lo que hace tiempo que da vueltas. «Las abuelas de mi generación fuimos hippies y muchas nos salimos del tópico del ganchillo y el sillón orejero. No tenemos nada que ver con eso y, muchas veces, eso incomoda a nuestros hijos y tensa las relaciones».

La distopía también tiene lugar en sus páginas, pues una de las tramas se sitúa «en un lugar parecido a Rusia», en un universo en el que Ucrania ha ganado la guerra y gobierna en «una clase idiotizada» en la que domina «la economía los cereales». Una historia que «nos obliga a repensar «el lugar miserable en el que se está convirtiendo el mundo». Pese a todo, Obligado se considera una «optimista radical». «Si tenemos alguna función los escritores, esa no es otra que la de crear una utopía posible, por oscura que pueda parecer a ratos, e intentar creérnosla. Si no, ¿qué nos queda?

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