Las trabas para combinar salario y pensión

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Dos son los objetivos que traslucen las últimas propuestas del Ministerio de Inclusión y Seguridad Social sobre cómo compatibilizar trabajo y pensión. Por un lado, reducir gastos a la administración y por otro, favorecer la prolongación de las carreras laborales. Es lo que plantea el documento “Nuevo marco regulador de la compatibilidad del trabajo y pensión”, que La Vanguardia adelantó el pasado martes y que ha provocado una reacción opuesta tanto de sindicatos como de la patronal.

El ministerio no oculta sus intenciones. Apunta como objetivos evitar la salida prematura del mercado laboral, preservar el equilibrio financiero del sistema y extender la compatibilidad de la pensión con el trabajo a partir de la edad ordinaria de jubilación. Objetivos más o menos compartidos por los agentes sociales, pero no a través de los caminos que se plantean. Inclusión añade dificultades al acceso a la jubilación parcial anticipada y, por lo que se refiere a la jubilación activa, una vez alcanzada la edad ordinaria del retiro, se tendrá que retrasar el pase al retiro cinco años para combinar el salario con la totalidad de la pensión. En los años anteriores, se cobrará un porcentaje progresivo de la paga.

“Son restricciones sin sentido. Colocamos más regulación, justamente lo contrario de lo que hacen la mayoría de países, que avanzan hacia una compatibilidad plena entre trabajo y pensión”, afirma Sergi Jiménez, catedrático de Economía e investigador de Fedea. Es uno de los autores del informe que este think tank publicó en febrero en el que reclama que el salario sea compatible de forma inmediata con el cobro de la integridad de la pensión, y que la única limitación sea que, a partir de ese momento, el trabajador ya no tenga indemnización por despido.

No es la línea elegida por Inclusión que teme los efectos para las arcas de la Seguridad Social de unas condiciones demasiado permisivas. De esta manera, lo que establece es un proceso progresivo, de manera que, una vez cumplida la edad de jubilación, habrá una compatibilidad gradual de la pensión con el salario. En concreto, tras un año de demora, se percibirá un 30% de la pensión, que aumentará al 40% a los dos años, al 50% a los tres, al 75% a los cuatro años y finalmente, al 100% una vez transcurridos cinco años.


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Esto va combinado con dos mejoras. Por un lado, es compatible con el complemento de demora, el que establece el incremento gradual del 4% de la pensión por cada año de retraso en salir del mercado de trabajo, con posibilidad de optar por el pago de una prima única. Y por otro lado, que ya no será necesario acreditar una carrera de cotización completa.

Se puede anticipar solo tres años el pase al retiro con un contrato relevo y con condiciones más estrictas

Hay también una novedad importante para los autónomos, que pierden una de las opciones que disfrutaban. Actualmente, si tienen un trabajador a cargo, pueden cobrar el sueldo íntegro con la totalidad de la pensión. Esto desaparece con la propuesta.

El otro gran cambio que plantea Inclusión se refiere a la jubilación parcial anticipada. Es decir, cuando, antes de llegar a la edad ordinaria para el pase al retiro, se reduce la jornada y la complementa un nuevo trabajador que se incorpora al mercado laboral, el relevista .

En el caso de la industria manufacturera, se reduce a tres años el máximo para adelantar la jubilación respecto a la edad legal (antes eran cuatro), y se limita la reducción de jornada a un 50% en el caso de una anticipación de tres años. Además, se aplican coeficientes reductores de cuantía y no se recalcula la pensión una vez el trabajador acceda a la jubilación plena. Por otro lado, hay nuevas condiciones como que la empresa que lo aplique tenga un 85% de contratos indefinidos.

Para la jubilación parcial anticipada en otros sectores, que no sean el manufacturero, la jubilación se puede adelantar dos años, y hay algún cambio respecto al acceso, tanto para el trabajador que se incorpora, con algunas mejoras, como para el jubilado parcial, sobre su periodo de cotización.

“Lo que se ha hecho ahora es tomar consciencia de un problema. Vamos tarde respecto a otros países -afirma Elisa Chuliá, investigadora de Funcas, y profesora de la UNED- El problema es doble. Por un lado, la sostenibilidad financiera, y eso se resuelve en parte retrasando la salida del mercado de trabajo, y por el otro, la necesidad de disponer de mano de obra”. También añade que “en el fondo se está produciendo un cambio de mentalidad. Antes se creía que una persona que seguía trabajando más allá de la edad de jubilación, quitaba un puesto de trabajo al que quería entrar en el mercado de trabajo. Esto parece estar cambiando poco a poco.”

Retrasar la jubilación cinco años permitirá compatibilizar el sueldo con la paga íntegra

Por su parte, Sergi Jiménez, de Fedea, insiste en que hay que potenciar la flexibilidad y no restringirla. “No hay que obsesionarse con el déficit de la Seguridad Social, no vas a ganar o perder mucho. Pero puedes ganar o perder mucho en términos de bienestar social”, afirma.

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