Mucho dinero, mucha corrupción

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Al plenipotenciario Sepp Blatter, presidente de la FIFA entre 1998 y 2015, se le solía conocer como el Papa del fútbol. Allá donde iba era recibido por presidentes de gobierno y jefes de Estado, que le ponían la alfombra roja, entre galas glamurosas y suculentas viandas. En la mano del dirigente suizo una red de posibilidades jugosas que pivotaban en torno a la gallina de los huevos de oro, léase la concesión de los Mundiales de fútbol. Pero también las ayudas económicas a países menos desarrollados le servían al ambicioso Blatter para tejer una red de influencias y apoyos que le valían para perpetuarse en el poder. Pero todo se le empezó a torcer con la concesión, repleta de sombras y sospechas, de los Mundiales a Rusia y Qatar. Si hasta el torneo cambió de fechas y se acabó disputando por primera vez en la historia en invierno en pleno desierto. La riada de millones y de supuestos sobornos estuvieron a la orden del día.

Estalló el FIFA Gate que salpicó a buena parte de la plana mayor del organismo y tanto Blatter como Michel Platini, presidente de la UEFA entre 2007 y 2015, fueron expulsados del fútbol por un periodo de ocho años. No es que la pelota no se manchara, es que no tenía nada de limpia. Estaba totalmente embarrada y dedicada a blanquear a países sin rango democrático como Qatar. Solo hace falta comprobar el desembarco qatarí en el PSG y el continuo apoyo de altos dirigentes franceses, palacio del Elíseo incluido, a favor de que el Mundial fuera a parar al emirato qatarí, como finalmente ocurrió. Claro, que con el sucesor de Blatter al mando de la FIFA, Gianni Infantino, se ha terminado concediendo la organización de la Copa del Mundo del 2034 a Arabia Saudí, que ha irrumpido con fuerza en la geoestrategia del balón en los últimos tiempos a base de talonario y sin que en el país reinen los valores de la democracia y los derechos humanos precisamente.

Blatter era el Papa del fútbol pero terminó inhabilitado ocho años en medio del barro

Si en el panorama internacional el embrollo era de órdago en el español ocurría tres cuartos de lo mismo, con otra figura eterna en el centro de la controversia como Ángel María Villar, presidente de la RFEF entre 1988 y 2017.

El mandatario de los éxitos más importantes de la selección española masculina terminó encarcelado e inhabilitado por el caso Soule tras casi tres décadas encabezando el fútbol español. El 18 de julio de 2017 fue detenido por la Guardia Civil, junto a su hijo Gorka Villar y al vicepresidente económico de la RFEF, Juan Padrón, bajo la supervisión del juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz. Dos días después ingresaba en prisión de manera incondicional y provisional. El 1 de agosto de ese año pagó 300.000 euros de fianza para salir de la cárcel. Pero no pudo impedir su expulsión como presidente federativo.

Villar encabezó la RFEF casi tres décadas, hasta que fue a parar a la cárcel por el caso Soule

En el caso Soule se investiga a altos dirigentes de la RFEF, así como a presidentes de varias federaciones territoriales y empresarios, por presuntos delitos de administración desleal, apropiación indebida y/o estafa, malversación de caudales públicos, falsedad documental, corrupción entre particulares y delito fiscal.

Todas estas presuntas lindezas eran las que Luis Rubiales quería sacar de circulación cuando tomó el relevo de Villar. Al menos eso es lo que vendió públicamente en su desembarco en la RFEF antes del Mundial de Rusia 2018. Entre el dicho y el hecho hay mucho trecho.

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