Sin pandemia, la cultura digital alcanza velocidad de crucero

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La cultura digital experimentó un enorme impulso durante la pandemia. Frente al confinamiento, las grandes instituciones culturales se lanzaron a producir contenidos digitales y a crear plataformas o participar en las de otros para seguir haciendo llegar sus propuestas a su público. Y, de paso, con suerte, conquistar mercados más lejanos. Convertida ya la pandemia en un nebuloso sueño, y pese a un hambre voraz de presencialidad, como en los conciertos en vivo, la cultura digital y digitalizada sigue aquí, poniendo a disposición del público un aluvión creciente de contenidos, incluidos los de nuevas plataformas como CaixaForum+, que ya invierte en estos momentos el equivalente a un CaixaForum físico mediano, unos cinco millones anuales, o la que va a lanzar el CCCB. Y el consumo digital no para de crecer.

A escala mundial hay ya 1.700 millones de suscriptores a servicios de streaming y crecerán un 10% anual

Javier Celaya, de la consultora DosDoce y uno de los responsables del Anuario de Cultura Digital de Acción Cultural Española, cree que la pandemia fue una ventana única para que mucha gente descubriera estos contenidos. “Se multiplicaron por cuatro los usuarios de las plataformas digitales, de streaming, y cuando la gente volvió a los entornos físicos no dejó de usar lo digital. Se duplicó el consumo de todo. Hoy vemos aumentos de dos dígitos anuales en los audiolibros o los podcasts. La velocidad de crucero que ha tomado lo digital se queda. El audiolibro es hoy una industria de 5.000 millones de dólares y al final de la década se prevé que sea de 30.000. En cuanto a los podcasts, tienen ya 2.000 millones de oyentes a escala global”.

Y cuenta que “mundialmente, hay ya 1.700 millones de suscriptores a todo tipo de servicios de streaming. Y un estudio de Deloitte prevé que este tipo de servicios crezca un 10% anual hasta el final de la década”. En cuanto a la cultura presencial, añade que “lo que han descubierto los promotores es que una cosa no quita la otra, la gente, si puede ir a un concierto, al teatro o un festival, va, pero si por limitaciones de tiempo, geográficas o presupuestarias no puede ir al Primavera Sound o a la ópera a Madrid o Barcelona, la versión digital es un excelente sustituto. Y una vía de ingresos complementaria que les viene muy bien y les permite llegar a nuevas audiencias. El gran enemigo es un nuevo canal. Luego hay contenidos que viajan mejor que otros, como todo lo audio. En el cine, la música o los audiolibros, el consumo preferencial es el digital. Y hay partes del mundo, América Latina, África, donde no hay infraestructura de bibliotecas, teatros. El peso de lo digital será mayor para acceder a la cultura”.

El teatro es de las pocas áreas que ha reculado: TNC y Lliure acabaron cerrando sus ventanas digitales

Aun así, el éxito va por barrios. Si en el cine la situación es clara y muchos festivales han mantenido tras la pandemia una ventana digital –el Atlántida Film Fest ha logrado en la plataforma Filmin, cuenta su fundador, Jaume Ripoll, 150.000 espectadores–, los teatros, que se lanzaron a la epopeya digital en la creencia de que podía ser una nueva butaca, son los que más han reculado. El Teatre Lliure cerró su ventana digital, en la que ofrecía sus estrenos con grabaciones cuidadas al detalle –aunque todas sus grabaciones desde 1976, la mayoría más simples, están disponibles gratuitamente bajo demanda en el nuevo Arxiu Lliure y tienen su público–, y al TNC solo le duró dos años su apuesta por grabar los principales espectáculos de la temporada y ofrecerlos online. No funcionó.

En cambio, las óperas funcionan, aunque la gestión de los derechos no es simple. El Teatro Real lanzó la plataforma MyOperaPlayer, con contenidos de 50 teatros y compañías de danza de todo el mundo, incluidos el Covent Garden y la Ópera de París, y tiene 3.100 suscriptores y 90.000 usuarios registrados para los contenidos en abierto. Por su parte, el Gran Teatre del Liceu lanzó Liceu+ Live y su apuesta está clara… a falta de llegar a un acuerdo de derechos con su Orquesta y Coro. Una negociación en curso que ha obligado a paralizar esta temporada el abono digital. 

El director del Liceu cree que tener una plataforma será clave para la dimensión global de un teatro

Lo que no impide al director general del Liceu, Valentí Oviedo, tener claro que la diferencia entre las óperas del mundo va a estar marcada por tener o no “una temporada digital que de alguna manera sea el espejo de nuestra temporada física”. Su apuesta es ofrecer cada ópera en la plataforma desde diferentes puntos de vista y con complementos que mejoren la experiencia. Se trata de que haya abonados que por su localización no pueden acudir a la ópera y “que se sienta liceísta gente desde EE.UU., México o Francia”. En el tiempo que funcionó, tuvieron conectadas hasta 3.000 personas por ópera. “Creo que es un complemento necesario para tener una dimensión internacional y para el equilibrio presupuestario”, apunta.

En el mundo del libro digital, un ejemplo de su buena marcha son los préstamos de eBiblio, el servicio de préstamo online gratuito de contenidos digitales que representa la mayoría de bibliotecas públicas del Estado, excepto Catalunya y País Vasco: en el 2022 tuvo 128.492 usuarios, un 10% más respecto al 2021, y realizó 2.479.854 préstamos, un aumento del 19%. Por su parte, los museos lanzan visitas virtuales online, gratuitas o de pago, como las del Prado, con una enorme resolución de la imagen para explorar las salas, e incluyen tours de audio de la mano de los comisarios.

Y sin duda una de las estrellas de la nueva era en España es CaixaForum+, una plataforma gratuita con 2.000 propuestas entre las que figuran series, óperas, documentales y podcasts y que genera contenidos propios de alta calidad. Elisa Duran, directora general adjunta de la Fundación La Caixa, señala que “en los contenidos digitales seguramente estamos en una fase muy inicial, pero nosotros creemos que lo que marca la diferencia será que la tecnología no se plantee solo como una aplicación espectacular para llevar la cultura con imágenes en 3D, sino la capacidad de tejer relatos que resulten interesantes, aplicar la tecnología para mejorar el relato”.

Y remarca que ahora que ya tienen 180.000 suscriptores saben que CaixaForum+ atrae a espectadores diez años menores de media –entre 45 y 55 años– que los físicos. Y dice que si en el consumo cultural presencial de sus propuestas dos tercios son mujeres, en el digital es mitad y mitad.Y que hay más interés por los contenidos largos y reposados que por los breves. “Queremos conectar nuestra oferta presencial con la digital”, señala, y dice que es lo que ya pasa con festivales que acogen en su plataforma: “En vez de suponer una competencia, suman sinergias”. Esa sinergia, esa hibridez, es la característica de hoy.

El CCCB logró un millón de visualizaciones con youtubers hablando de la muestra ‘Cuántica’

Porque el mucho mayor consumo digital se combina con un hambre de presencialidad inédito, como en la música en vivo: “Si en el 2022 y en el 2023 podía parecer un efecto rebote de la pandemia, las preventas en estos momentos del 2025 no tienen fin”, señala Rubén Gutiérrez, director general de la Fundación SGAE. Judit Carrera, que dirige un CCCB que va a lanzar una plataforma para sus contenidos digitales, razona que hoy hay “una hibridez, un vínculo entre lo que es presencial y virtual también en la cultura”. Eso sí, si en la pandemia “las grandes instituciones creímos que era el momento de dar el salto tecnológico pendiente, aun así creo que la covid ha acabado confirmando la presencialidad, queremos estar juntos”. 

Ellos buscan, dice, priorizar la presencialidad, un lugar de encuentro, de sorpresa, “en este mundo de burbujas digitales, cámaras de eco y metaversos”, pero dan mucha importancia a la presencia virtual: con un encuentro de youtubers por la exposición de Cuántica han tenido un millón de visualizaciones. En la exposición Cervell(s) hubo online 651.014 visitas, frente a 90.000 presenciales. Una entrevista al escritor Ngügï wa Thiong’o logró 18.000 visualizaciones. “Lo tenemos todo en tres idiomas y la plataforma virtual nos permitirá difundir mejor los contenidos y proyectarnos internacionalmente. Y que el conocimiento que generamos no sea efímero y perdure en el tiempo”.

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