«El primer año no nos tomaban en serio»

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Hay quien se jubila y se apunta a pilates o a viajes del Imserso, ocupaciones que no van más allá de retomar viejas aficiones, mantenerse activo o matar el tiempo. Pía Hollenstein y Norma Bargetzi-Horisberger, después de jubilarse, decidieron dedicar su tiempo a cambiar la política de su país. Junto a un grupo de mujeres de su quinta han logrado que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo condene al Estado suizo por no luchar suficientemente para proteger el clima. Las consecuencias prácticas de esta sentencia están por ver, pero este grupo de jubiladas suizas ha puesto de manifiesto el potencial político de una generación sobradamente preparada y con recursos para mantener una actividad política o social sostenida en el tiempo. Liberadas ya de compromisos profesionales y familiares, con una esperanza de vida más larga que nunca, con la pensión que garantiza sus ingresos y una mochila de abundante experiencia a la espalda, ponen en marcha a un sector de la sociedad civil que hasta ahora quedaba relegado y al que los partidos políticos manejaban con sólo enarbolar las pensiones. Pía y Norma forman parte de la primera generación europea que llega a la jubilación en condiciones de dar guerra y no parece dispuesta a dejar pasar la oportunidad.

«Cuando me pidieron que me uniera a KlimaSeniorinnen, pensé que no merecía la pena, que la política suiza ya no tenía remedio», confiesa Pía, que sin embargo disfruta ahora de una gran victoria política. En su etapa laboral trabajó como enfermera y fue diputada por el Partido Verde, pero ella se define a sí misma como «alpinista». Fue precisamente golpeando sus bastones de senderismo contra las rocas cocidas por el sol, en busca de los glaciares suizos cuando fue cobrando cuerpo la idea de dejar de lamentarse y pasar a la acción. A sus 73 años, se unió al grupo KlimaSeniorinnen, que cuenta con más de 2.400 miembros. La menor de ellas tiene 64 años y ninguna duda que los glaciares suizos forman parte de la identidad de su país, además de ser la base de sus sectores turístico y energético. Pero tras perder un 6% de su volumen en 2022, los glaciares suizos se redujeron otro 4% en 2023, el segundo mayor descenso desde que comenzaron las mediciones. La aceleración es dramática: en dos años han perdido tanto hielo como entre 1960 y 1990. Un lunes de agosto, Pia y varias de sus codemandantes, en una caminata alrededor del lago Göschener en los Alpes, llegaron a la conclusión de que eran las indicadas para esa tarea reivindicativa.

Aunque en realidad, el guion estaba ya escrito para las KlimaSeniorinnen. Greenpeace había intentado presentar demandas desde hace diez años, pero debido a que la crisis climática perjudica a todos, y no a una persona o grupo en particular, judicialmente resultaba una demanda compleja y sin una víctima clara. Es técnicamente imposible presentar ante un tribunal una demanda de todo el mundo. Lo que los abogados suizos implicados necesitaban era un grupo de personas, cuanto más pequeño mejor, que pudieran argumentar unos efectos desproporcionados. Aquí entra en juego un estudio publicado en 2022 por la profesora asistente del Instituto de Medicina Social y Preventiva de Berna, Ana María Vicedo Cabrera, que concluyó que las mujeres mayores murieron con más frecuencia que el resto de la población en coincidencia con las olas de calor de ese verano. Calcularon que el 60% de las muertes se habrían evitado en un mundo sin la crisis climática. No hacía falta más.

Culpabilidad

Pero al hablar con las KlimaSeniorinnen, seguramente lo que más sorprende es que no están llevando a cabo esta lucha por ellas mismas, sino por las futuras generaciones. Y que abordan el proceso desde la responsabilidad y la culpa, factores que juegan un importante papel en el reclutamiento. «Nuestra generación ha hecho mucho para destruir el clima», ha reconocido abiertamente Pía, «por eso tenemos una responsabilidad especial». No es ajena al hecho de que el poder demostrado por este grupo de jubiladas suizas «es una palanca importante».

Norma explica que, tras el fallo, han tenido contacto con jubiladas que quieren emular su hazaña. «Dos mujeres italianas me contactaron porque querían formar una asociación como la nuestra e incluso desde Corea del Sur un grupo de mujeres nos pidió un vídeo porque quieren presentar una denuncia contra su país», cuenta a ABC.

«Ahora inspiramos más respeto», se felicita otra de las KlimaSeniorinnen, Verena Steiner, que se unió al grupo en 2020. Algunas personas las habían descartado como «viejas» en el pasado, pero su insistencia ante los tribunales, una instancia tras otra, ha ido haciendo al grupo más difícil de ignorar. «El primer año teníamos la impresión de que no nos tomaban en serio y tuvimos que hacer una gran labor de sensibilización sobre la importancia de la protección del clima. Fuimos a colegios, participamos en mesas redondas, visitamos universidades y conseguimos más apoyos y nuevos miembros para nuestra asociación», explica Norma. La satisfacción de las KlimaSeniorinnen es ese nuevo estatus social y la comprobación de que su actividad da frutos reales.

‘Poder gris’

Ya en 2003 en España, el sociólogo Enrique Gil Calvo reflexionaba sobre el previsible surgimiento de un «poder gris», consecuencia de la extensión de la esperanza de vida, en la línea de lo que habían avanzado José F. Beaumont y Shankar A. en los ochenta. La jubilación de los baby boomers anuncia que esas predicciones están ya haciéndose realidad. «Nuestras abuelas apenas llegaban a esta edad y nuestras madres llegaban a esta edad ya muy desmejoradas, pero nosotras nos hemos cuidado mejor, hemos tenido menos hijos y hemos contado con una atención médica mucho más avanzada. Eso quiere decir que disfrutamos de una jubilación con mucha más capacidad para seguir haciendo cosas», dice Helga, que ha celebrado la victoria en Estrasburgo matriculándose para un curso de activismo político que empezará en septiembre, «en nuestras manos está decidir a qué dedicamos esa capacidad».

«Esto es algo que va a marcar una nueva etapa. Todos los países miembros del TEDH deberán respetar esta sentencia y tendrá repercusiones sobre las decisiones políticas. Nosotros iniciamos está vía jurídica y ahora los políticos tendrán que legislar», concluye Norma. «Tengo el sentimiento de que tras un recorrido muy largo hemos llegado por fin a la meta».

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