Scottie Scheffler, otra vez maestro

Equipo
By Equipo
5 Min Read

Después de la tempestad viene la calma. Y si hay que personificar la tranquilidad en un golfista ese es, sin duda, Scottie Scheffler. El texano de adopción es un prodigio de templanza y así le fue fácil aguantar los primeros hoyos de un Masters con muchos aspirantes para pegar el arreón definitivo en los segundos nueve.

A pesar de los embates de Homa y Morikawa en los momentos iniciales, fue Aberg quien sorprendió al colocarse como líder con media vuelta aún por completar. Pero el sueco se fue al agua en el hoyo 11 y ahí acabaron sus opciones; igual que las de Collin (dobles ‘bogeys’ en el 9 y el 11) y Max (‘doblata’ en el 12). Mientras, Scottie navegó con más tino por el Amen Corner y a pesar de pinchar en el 11 salió de esa zona crucial con tres golpes de renta. Estaba cantado que no le iba a temblar el pulso en lo que restaba y su paseo ya fue triunfal hasta el hoyo 18.

El domingo amaneció en Augusta soleado y primaveral y, como en otras veintiséis ocasiones previas, con Tiger Woods vestido de rojo y con una legión de admiradores a su estela. Lo que ocurre es que en esta ocasión el exnúmero uno mundial no estaba luchando por la chaqueta verde, sino por evitar el último puesto de quienes quedaban en acción después del corte del pasado viernes.

Tiger Woods, en la cola

Por la propia historia del juego todos los presentes animaban para que el mejor golfista de todos los tiempos no ocupase ese ignominioso lugar. No se lo merecía. Pero ese deseo solo aguantó tres hoyos, cuando el primer ‘bogey’ del día le devolvió a la realidad: bastante hace con mantenerse en pie, con un ‘swing’ facilón y sin forzar, como para tener que lidiar también con la excesiva dureza del los ‘greens’ del National. Y como los milagros rara vez se producen, el resto de los hoyos iniciales fueron un calvario, con un ‘triplete’ en el 5 y otro ‘bogey’ en el 6.

El resto de la mañana la fue capeando con detalles de su genialidad, pero el palo más corto no le terminó de acompañar y terminó su paso por esta edición del torneo con un abultado (+16), el peor acumulado de su carrera, que no hay que verlo con reproche, sino con ojos de admiración por haber llegado hasta aquí con unas dolencias que a cualquier otro habría retirado hace tiempo. Gloria al campeón.

Por lo que respecta a los españoles, quedaron empatados en (+9) pero con distintas sensaciones. El primero en entregar su tarjeta fue Chema Olazábal, que demostró su conocimiento del torneo después de llevar 35 años disputándolo. A pesar de sufrir un desgarro muscular en la zona dorsal cuando realizaba un ‘swing’ en el hoyo 5, fue aguantando el tipo y, pese al dolor, acabó con una magnífica vuelta de par. «Estoy jugando mi mejor golf de los últimos siete u ocho años y he disfrutado mucho esta semana», declaró con una sensación agridulce al terminar. «Tenía muchas ilusiones de poder competir por fin este año por un triunfo en el Champions Tour y espero que esta lesión no me lo impida», concluyó con cierto desasosiego.

La misma cifra acumuló también Jon Rahm en su total, pero en su caso la cara era el reflejo del alma. Sabía que había echado a perder una semana muy especial sin una razón concreta («no me ha salido nada, ha habido hoyos en los que he acabado con ‘bogey’ sin pegar ni un mal golpe», se lamentó) y que su peor resultado en un Masters no le iba a lastrar la temporada. «Estoy jugando bien y todavía queda un mes para el siguiente ‘major’, el PGA. No me voy a calentar en exceso».

Share This Article
Leave a comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *