“EE.UU. es bueno matando gente”

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Este es un laberinto de letras e ideas. Los libros se amontonan en las mesas de la oficina del editor Andrew Wylie, considerado el más poderoso del mundo.

Esos volúmenes aún son territorio inexplorado para los lectores, como Knife , que en EE.UU. salió este 16 de abril y el 18 en castellano, traducido literal: Cuchillo (Random House).

Al fondo hay un despacho con vistas a Manhattan. En el sofá está sentado un hombre de aspecto discreto. Viste traje oscuro y camisa blanca, sin corbata. En el pómulo derecho hay unas marcas, pequeñas cicatrices. En el ojo de ese lado, sus gafas tienen el cristal tintado. Salman Rushdie, de 76 años, saluda con una amabilidad que rompe la tensión que supone estar frente a una cima de la literatura y sobreviviente a un ataque integrista a golpes de cuchillo, el 12 de agosto del 2022, en Chautauqua (Nueva York). Ha perdido la visión en el ojo derecho. “Me quedó colgando en la mejilla como un huevo duro”, ilustra.

Antes del ataque dejo lista la novela Ciudad Victoria (2023), pero Cuchillo es un relato personal de la agresión sufrida al poco de subir a un escenario para participar en un acto sobre la importancia de que los escritores estén a salvo de riesgos.

El régimen de Irán dictó la fetua o pena de muerte por Los versos satánicos en 1989…

Pensé que esos días ya se habían ido. Fue terrible descubrir que al menos había todavía una persona lo suficientemente trastornada. Pero es que él ni siquiera había nacido cuando ocurrió aquello, ni sabía nada de mí, ni había leído lo que había escrito.


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La huella de la intolerancia.

Vine a vivir a Nueva York en el 2000 y he llevado una vida común y corriente de escritor. Por eso siento que este ataque fue un anacronismo, algo fuera de plazo. Ese agresor fue un visitante del pasado, un viajero en el tiempo que se escapó del pasado y se plantó en el presente.

El ojo derecho me quedó colgando en la mejilla como un huevo duro» 

Escribe que lo que no te mata te hace más fuerte.

No estoy seguro. A menudo, lo que no te mata te hace más débil. Si alguien intenta matarte es que trata de silenciar tu voz. Al escribir este libro he hecho que mi voz sea más fuerte que antes.

¿Sentía la obligación de escribir lo que le sucedió?

No podría haber escrito nada más. Habría mirado a mi próximo proyecto y habría sido trivial y estúpido comparado con este gran acontecimiento que tuvo lugar en mi vida. Si hubiese escrito alguna de esas otras ideas, la gente se habría planteado: ¿por qué evita su caso? Habría parecido cobardía.

El agresor, Hadi Matar (izquierda), reducido y conducido a comisaría mientras diversas personas auxilian a Salman Rushdie, tendido en el suelo, el 12 de agosto de 2022

El agresor, Hadi Matar (izquierda), reducido y conducido a comisaría mientras diversas personas auxilian a Salman Rushdie, tendido en el suelo, el 12 de agosto de 2022

AP

Es una manera de tomar el mando de la narrativa.

Era un cambio en el balance de poder a mi favor. Mi respuesta a la violencia es el arte. Me dije que estaba explicando la historia de algo que me ocurrió a mí, pero muchos podían conectar porque han sufrido tragedias como esta. Hablar sobre mi experiencia era una forma de conectar con ellos.

¿Escribir no es terapia?

Quiero decirle que yo ya tengo mi terapeuta, que es una gran ayuda para afrontar el trauma y también para poder escribir este libro. Este libro no es exactamente terapia, es un cambio de la naturaleza de ese acontecimiento. Puedo decir que, hasta que lo escribí, yo había sido atacado. Ahora, lo que ha ocurrido es que yo he escrito un libro y habló de él. Esto me hace sentir mucho más cómodo.

Ha entrado en las estadísticas sangrientas.

Estados Unidos es bueno matando gente. El atacante nació en Nueva Jersey y creció como un chico estadounidense. Pienso que parte del problema es que este es un país que parece valorar muy poco la vida humana. No resulta difícil decidir matar niños en las escuelas o matar gente en la sinagoga. El atacante carecía de antecedentes penales, no había tenido problemas con la policía, no estaba en la lista de terroristas. Fue desde cero a asesino. Es un gran salto, salvo si vienes de un lugar donde hay asesinatos a diario.

El lenguaje también es un cuchillo. Es mi cuchillo. Este libro es mi arma de defensa, para mi lucha personal»

Habla de la intimidad que supone una agresión con cuchillo.

No es una bala que viene de la distancia. El cuchillo es proximidad, de una intimidad horrible. Supe que el ataque duró 27 segundos, 27 segundos de una intimidad extraordinaria entre la vida y la muerte. Es horrible lo que me sucedió, pero como escritor es interesante.

Estuvo cerca del punto final.

Soy muy afortunado de seguir con vida. No solo vivo, sino ser capaz de pensar, hablar, caminar, escribir. ¿Debería haber luchado? Soy una persona pacífica y todo ocurrió muy rápido. Me cogió por sorpresa.

Ahora tiene otro concepto del cuchillo.

En el libro digo que el lenguaje también es un cuchillo. Es mi cuchillo. El libro en sí mismo es mi arma de defensa para mi lucha personal.

Reflexiona sobre el ángel de la muerte y el ángel de la vida.

En el suelo de aquel escenario había mucha sangre. Estaba en esa piscina de sangre, que crecía, y pensé ‘me estoy muriendo’. Lo más triste es que iba a morir lejos de las personas a las que quiero, rodeado de extraños.

Pero sobrevivió.

Hubo varios golpes de suerte. En primer lugar, los espectadores corrieron y contuvieron al agresor hasta que fue arrestado. El público me salvó la vida, los lectores. Y en la audiencia había al menos un par de médicos que tomaron medidas de emergencia. Además era un día soleado, un bonito día de verano, de cielo azul. Si hubiera habido mala meteorología, el helicóptero no habría podido volar y llevarme al quirófano.


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Asegura que en ruta hacia su final no vio ninguna luz, ni un túnel…

No había cosas sobrenaturales, ninguna luz divina, tampoco el fuego del infierno, nada que hiciera reconsiderar mis creencias.

Su libro va de odio y amor.

Al planteármelo pensé que describir el ataque me llevaría solo unas páginas. Así que el libro, por un lado, es sobre lo que no me gusta, muerte, violencia, fanatismo, odio. Y, en el otro, cosas que me importan profundamente, el amor, el arte, la libertad. Es un encuentro entre todo lo que odio y lo que amo. Por suerte, como sobreviví, el ejército del amor salió victorioso. Algo que he aprendido es el increíble poder de resistencia del cuerpo humano. Poseemos un colosal mecanismo de supervivencia que trabaja horas extras.

Alude a “Gunter y Grass”, a “Borges y yo”, a “Salman y Rushdie”.

No me gustan todos los otros Rushdies. Esas otras versiones de mí se crearon para criticarme.

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Salman Rushdie recibe el premio de los Libreros en la pasada feria del libro de Frankfurt 

KAI PFAFFENBACH / Reuters

¿Ha hecho las paces?

Cuando pasas por una experiencia de supervivencia como ésta, cuando casi mueres y te dan otra oportunidad para vivir, una de las cosas clarificadoras es que te vuelves menos interesado en las opiniones de otras personas. Ya no me preocupa lo que piensa la gente. Trato de ser un artista y vivir mi vida, esto es lo que me importa. Valoro más cada día. Piensas: un día más. Como un regalo, cada día es una bendición.

Pues esta es una era de censura.

Estoy muy contento de no ser un joven escritor que empieza. He escrito 22 libros, si tengo alguno más seré afortunado. He hecho mi labor.

¿Sin importarle la tan de moda cultura de la cancelación?

No me asusta. Pero veo a los escritores jóvenes que trabajan en su primer libro o el segundo y se plantean qué palabras se les permite usar, qué personajes pueden incluir en sus historias. ¿Cómo vas a escribir bien sin libertad? La buena literatura siempre ha significado que el escritor crea personajes que no son como él. Por mucho que Flaubert diga ‘yo soy Madame Bovary’, no lo es, ni Dostoyevsky es Raskolnikov. La idea de que solo puedes escribir desde tu pequeña y estrecha experiencia personal es la muerte de la literatura.

Podría haberme asustado y escribir libros miedosos. Podría haberme enojado y haber escrito libros de venganza. Todo esto habría supuesto mi destrucción como artista»

Y la piel, cada vez más fina.

Existe la idea de que no puedes decir nada que pueda ofender a alguien. El problema es que siempre hay alguien que se ofende por algo. Si nunca puedes ofender, nada se puede decir. Si te ofendes, lee otro libro. Los versos satánicos son 550 páginas. Si has de leer todo eso para ofenderte, has de hacer mucho trabajo. Siempre puedes cerrar el libro y decir no me gusta. De joven tenía esa visión puritana de que no podía dejar un libro a medio leer. Ya no. Si me molesta, no lo termino. Si no te gusta algo, no lo leas.

Tres cuartas partes de su producción ha llegado tras esa novela y recalca que no quiso cambiar su estilo por culpa de la amenaza.

Traté de seguir adelante. Sabía el camino que tenía como artista y me mantuve. No traicioné mi propio arte. Continué con mi visión y a la gente le puede gustar o no. Esta es otra cuestión, pero hice lo que quería hacer. Podría haberme asustado y escribir libros miedosos. Podría haberme enojado y haber escrito libros de venganza. Todo esto habría supuesto mi destrucción como artista. No lo hice y seguí mi camino.

¿Lamenta algo?

Ningún escritor está nunca satisfecho con sus libros. Si cojo cualquiera de los míos, le puedo decir las partes que no me gustan… pero no se lo diré. Un famoso crítico literario dijo que una novela es un escrito largo que tiene algo mal. La idea de la perfección en una novela es un sueño, para cualquiera que sea, incluso Cervantes. Don Quijote a veces es muy repetitivo… Hagas lo que hagas, nunca será perfecto. Tienes que saber llevar la imperfección. Aprendí esta lección hace mucho.

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