“Me han negado el pan y la sal, pero me ha ido bien porque soy hipertensa”

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La Associació d’ Escriptors en Llengua Catalana (AELC) ha entregado este martes el premio Jaume Fuster a la poeta mallorquina Antonina Canyelles (Palma, 1942), una escritora de quien el presidente de la asociación destacó que además de haberse dedicado exclusivamente a la poesía durante más de 45 años y “haber crecido como la mala hierba al margen de las carreteras”, un “carácter visionario y anticipador” de cuestiones que hoy están “en el centro del debate”, como el feminismo, la igualdad de género, la defensa de la lengua o el ecologismo.

La trayectoria literaria de Canyelles es singular, pues después de haber ganado en 1979 el premio Marià Aguiló con su primer libro, Quadern de conseqüències, no encontró editor y se lo tuvo que autopublicar, pero apenas tuvo resonancia. Un par de años más tarde publicó la carpeta de poemas con ilustraciones Patchwork, pero su voz pública enmudeció hasta el 2005, cuando publicó Piercing (Lleonard Muntaner) y su obra empezó a emerger, y especialmente cuando conoció su actual editor, Jon López de Viñaspre, que en el 2011 inauguró la editorial Lapislàtzuli con su antología Putes i consentits, un título que no solo todavía está vivo sino que acaba de salir una cuarta edición.

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La ganadora del premio Jaume Fuster, Antonina Canyelles

Xavi Jurio

“Mis premios han sido los clubs de lectura y los institutos, soy una poeta querida”, ha asegurado la galardonada

López de Viñaspre, que ha ido publicando el grueso de su poesía, ha hecho la glosa, que ha definido como una oración a la “bella rockera”, ahora que ya “ha alcanzado la edad de los Rolling Stones”, “a la poeta de la piel y el músculo”, que “vive y escribe muy lejos de las capillitas rancias y de otras turbamultas”, que “quería ser violinista y que por suerte cambió el arco por la pluma”, “la que a menudo cree que el amor eterno se combate en la trinchera”, “la que sabe que se ama con el hígado porque el corazón es tan solo una víscera pretenciosa”, “te pedimos: que la savia poética siga rociándote las venas”, y “que nunca nos falte la buena poesía, esa ventana al mundo que son tus poemas”. El escritor y editor quiso brindar “por Antonina Canyelles, polaca, roja y mala puta”, porque su poesía ha sido a menudo irreverente y sin pelos en la lengua.

Canyelles, a quien hace dos años la Institució de les Lletres Catalanes ya rindió homenaje con motivo de sus 80 años, se mostró agradecida, reconociendo, eso sí, que durante años “me han negado el pan y la sal, pero me ha ido bien porque soy hipertensa”, ironizó, recordando que le costó volver a publicar con regularidad y no ha recibido nunca más ningún premio literario ni dinero, pero “mis premios han sido los clubs de lectura y los institutos, soy una poeta querida”. “Quizá hago un tipo de poesía que no gusta en los concursos –ha continuado– o debo tener un gusto perverso, porque incluso las pocas veces que he hecho de jurado en un premio ninguno de mis candidatos ha ganado”. “Como ya soy muy mayor no tengo que jugar a tietes ”, ha insistido, después de asegurar que “no soy una resentida”.

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También ha querido tener los pies en el suelo para asegurar que “a los escritores a veces se nos da una excesiva importancia”, y que en sus libros, “como los de todo el mundo, puede haber algunas joyas, pero también hay poemas que son de relleno” y “también me salen chapuzas, porque no siempre haces obras maestras”. Además de comparar la escritura con la cocina, que “siempre empieza con un sofrito”, ha explicado que escribe casi cada día, y no tiene intención de parar: “El día que deje de escribir será el día que muera”.

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El presidente de la AELC, Sebastià Portell, la poeta galardonada, Antonina Canyelles, y el editor de Lapislàtzuli, Jon López de Viñaspre

Xavi Jurio

Versió en català, aquí

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