“Somos unas folklóricas, gente pasional”

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Después de 30 años sobre los escenarios, Elefantes se conocen lo suficiente como para presentar el tratado de jardinería en el que desgranan las flores musicales que componen su jardín. Son 30 temas, uno por cada año plagados de colaboraciones y versiones con los que la banda de Shuarma se define con toda la paz que no tenían en sus comienzos. “No tengo la sensación de llevar 30 años”, comenta la voz de la formación, reunido junto al bajista Julio Cascán en la librería La Conxita de Sants (el grupo lo completan Jordi Ramiro y Álex Vivero). “En la música todo cambia, el oficio de escribir canciones y hacerlas llegar a la gente, la parte más artística, nunca es la misma porque tú nunca eres el mismo”. Por eso cuando entra al estudio, todavía hoy, tiene la misma sensación de su primera grabación en los estudios Montseny, donde grabaron cinco canciones “porque no teníamos dinero para más”. Ahora repasarán su carrera en una gira que este 19 de abril hará parada en el Palau de la Música dentro del festival Guitar BCN.

Con once discos publicados (doce, si se cuenta esta nueva antología) los autores de Azul continúan con su periplo musical porque no entienden la vida de otra manera. “Mis peores momentos personales han venido cuando tenemos etapas de inactividad”, se confiesa Julio Cascán. “Las bandas también tienen que parar, y es entonces cuando te planteas cosas, no te sientes bien y debes inventar una excusa para ir de bolo, necesitamos salir”. Una necesidad que Shuarma (de nombre Juan Manuel Álvarez), autor de Que yo no lo sabía o Me he vuelto a equivocar, asocia a la importancia de mostrarse a través de las canciones, “es lo más importante de la música, más que agradar, que a través de las canciones conozcan a las personas que las han hecho”, solo de esta manera se consigue un vínculo real con la audiencia, “lo importante es encontrar aquello con lo que te identificas, y nosotros hemos encontrado nuestra voz”.

“Rocío Jurado me fascina con ese pelo y esos vestidos, como Isabel Pantoja aunque su personaje no me gusta demasiado”

El disco con el que celebran tres décadas sobre los escenarios recoge los grandes éxitos de la banda junto con una selección de versiones entre las que se cuenta el bolero Sabor a mí de Luis Miguel, Mujer contra mujer de Mecano, En algún lugar de Duncan Dhu, o la conocida Te quiero, de Perales. “Comenzamos haciendo versiones aunque desde el primer día ya teníamos temas, pero nos encanta versionar los temas de otros, nos ayuda a definirnos”, destaca Shuarma para quien versionar a Perales es “como asistir a una clase magistral”. El vocalista echa la vista atrás y recuerda que la música que nos define no es la que decidimos escuchar, sino “la que has escuchado, la hayas elegido o no. Yo nunca escuché a Perales, pero mis padres lo ponían mucho, igual que Raphael o Serrat, esta música estaba dentro de mí”. Por eso no tiene inconveniente en reconocer su afición por Rocío Jurado, “me fascina con ese pelo y esos vestidos, igual que Isabel Pantoja aunque su personaje no me gusta demasiado”. De estas folklóricas destaca una pasión que él siente de la misma manera. “Es una tontería hacer ver que no, que soy un moderno. Somos unas folklóricas, gente pasional, muy emocional”, afirma, y Julio remata al recordar que “encaja mucho con nosotros porque nuestro carácter es así”.

En Tratado de jardinería apabulla la lista de colaboraciones con nombres como Rozalén, Love of Lesbian, Bunbury, Coque Malla, Antonio Vega o Manolo García, que pone su voz a Agua. “Recuerdo el día que nos mandó el tema, al escuchar la primera frase me caían las lágrimas de emoción”, recuerda Shuarma sobre la colaboración con la mitad de El último de la Fila. “Con los años hemos creado vínculos con mucha gente, amigos que sienten la música de una forma similar aunque tengan estilos diferentes”. Esta buena relación contrasta con la que mantenían en sus inicios entre las diferentes bandas del panorama barcelonés, cuando “había más distancia, también es verdad que éramos una banda atípica y eso jugó en nuestra contra”. 

“Las bandas de los 90 veníamos de una tradición en la que los músicos eran altivos, generaban tensiones»

“Es una cuestión estética”, apunta Julio Cascán, “las bandas de los 90 veníamos de una tradición en la que los músicos eran altivos, generaban tensiones, era una cuestión de posicionamiento personal”. Estos hábitos han cambiado con el tiempo para mayor comodidad del panorama musical, pero Shuarma echa de menos la parte teatral de aquella actitud. “Me encantan las folklóricas, generar un personaje con un punto de atractivo o rechazo, como las máscaras del teatro”.

Otro cambio respecto a los comienzos es que entonces “era más fácil tocar, en cualquier parte te daban tres enchufes y te dejaban tocar sin problema. Nos hartamos de hacer conciertos en todo tipo de lugares, muchos que no eran adecuados y teníamos que adaptarlos, allí aprendimos latín”. Al echar la vista atrás Shuarma valora el aprendizaje de aquellos primeros pasos, “cuando después vas a un espacio adecuado todo es más fácil y te puedes centrar en la música”. Lecciones de unos años en que la banda picó mucha piedra, como continúan haciendo en la actualidad como recuerda Julio Castán, “ahora llegamos a más gente, trabajamos mejor, tenemos una infraestructura pero seguimos con la sensación de guerreros, de trabajar con nuestras manos. Hay días de luz, como cuando tocas en el Palau de la Música, pero después te vas al teatro Principal de Zamora, a Badajoz o México, y hay que currar”.

Por el camino quedaron ocho años de separación de la banda, entre 1996 y el 2004, que ahora se ven como un fallo, “tendríamos que haber apretado el pause, no el stop”, reconoce Shuarma. “Durante ocho años no nos volvimos a juntar, pero el día que ensayamos de nuevo fue como si no hubiera pasado el tiempo. Durante aquellos años todos habíamos hecho música, habíamos dado muchas vueltas, pero tuvimos la sensación de que la casa estaba allí, el resto solo eran viajes”. Tal vez por eso ahora que ya no sienten la necesidad de convencer a nadie de que su banda es imprescindible, “es mucho más relajado vivir así, estos somos nosotros, estas nuestras canciones, ahora elige tú a quién quieres escuchar”.

“Somos artesanos de lo nuestro”, apunta Shuarma, “lo hacemos todo nosotros, nos gusta cuidarlo mucho porque lo que pasa de puertas afuera con una canción no lo podemos controlar, pero dentro de nuestro pequeño jardín, donde hemos plantado nuestras canciones, ponemos todo lo que somos y sabemos para que florezcan”.


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