El gran debate no deja ganadores y sortea la cuestión de la condena a ETA

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El debate del segundo canal de ETB, marcado en rojo desde el inicio de la campaña, tendrá con toda probabilidad una incidencia limitada en las tendencias de voto de los comicios del domingo. A lo sumo, habrá servido para clarificar las evidentes coincidencias entre el PNV y el PSE, que buscaron abrir una sima con respecto a EH Bildu, y que se esforzaron en defender la gestión del Gobierno vasco.

Contra todo pronóstico, además, el debate ha sorteado la cuestión de la condena del terrorismo por parte de EH Bildu, que había sido el tema del día tras las declaraciones de Pello Otxandiano en una entrevista en la cadena Ser, evitando utilizar la denominación “grupo terrorista” para referirse a ETA.

El debate se ha quedado fundamentalmente en los temas vinculados a la agenda vasca, muy ligada a las cuestiones que aparecen en los primeros puestos de la lista de preocupaciones sociales: la situación del Sistema Vasco de Salud-Osakidetza, el precio de la vivienda, cuestiones de carácter económico, el tema de la inseguridad.

En el programa, además, se ha visto una evolución en comparación con el primer debate, emitido por ETB-1 hace una semana (íntegramente en euskera). Si en el anterior Imanol Pradales fue el rival a batir y apareció muy exigido por la mayor parte de formaciones, en esta ocasión ha sido Pello Otxandiano quien ha sido especialmente interpelado. Un cambio de tendencia éste que tiene que ver con la tendencia que marcan las encuestas en los últimos días, situando a la coalición abertzale en cabeza.

El candidato del PNV, Imanol Pradales, que venía de haber sufrido un ataque poco antes en Barakaldo, ha cambiado el tono y el semblante en contraste con su posición una semana antes en el debate en euskera.

Pradales ha tratado de vestirse de lehendakari, ha sintonizado con el PSE y ha buscado el choqué con EH Bildu. Por momentos, su talante y discurso, muy duro, ha recordado al del Iñigo Urkullu que confrontaba con la coalición abertzale en el Paralmento vasco, aunque con un discurso con otros matices en los planos económico y social.

Se ha sentido cómodo a la hora de hablar de economía, del apoyo a las empresas, y ha sufrido especialmente con la cuestión de Osakidetza, apartado en el que Otxandiano le ha reprochado no haber hecho “lo que ahora promete”.

El dirigente jeltzale ha presentado su proyecto como un modelo antagónico al de EH Bildu, a quienes ha acusado de “querer controlar todo” y no han faltado referencias a Venezuela. “Si quieres un gobierno que intente controlar tu vida o que ponga en riesgo tu economía no me votes”, ha llegado a decir. Su posicionamiento económico le ha valido el reproche de EH Bildu y Podemos, que han coincidido en situarlo en posiciones neoliberales.

Pello Otxandiano, por su parte, se ha sentido menos cómodo que en el debate en euskera y, al contrario que en aquel programa previo, su estrategia insistente de presentarse como una formación que busca “encontrar puntos de encuentro” ha resultado fallida, toda vez que el PNV y el PSE han marcado distancias con respecto a la coalición abertzale desde el principio.

No ha encontrado demasiados momentos para desplegar su discurso, bien armado, sobre los retos a los que deberá hacer enfrente Euskadi en los próximos años. Otxandiano ha evitado grandes dosis de protagonismo en un debate en el que se le ha buscado, da la impresión de que ha salido a empatar y probablemente haya conseguido mantener su posición.

El candidato a lehendakari del PSE, Eneko Andueza, ha tratado de aparecer propositivo y ha conseguido colocar algunos de sus mensajes, pero le ha podido su vehemencia y ha interrumpido de manera recurrente a otros candidatos.

Javier de Andrés, por su parte, es quizá el candidato que mejor ha manejado los tiempos y probablemente el que más satisfecho ha abandonado el debate, dentro de que las expectativas de su formación son limitadas. Sereno y conciso, lo ha tenido fácil para diferenciarse del resto de formaciones, a quienes una vez más ha acusado de “representar lo mismo y votar lo mismo”, y ha conseguido encontrar un incentivo para sus votantes en la posibilidad de ser necesario en caso de que el PNV y el PSE no sumen mayoría. “Queremos tener una posición de influencia y fuerza en Euskadi para centrar la política vasca”, ha señalado.

En el caso de Podemos y Sumar, las dos fuerzas que representan a la izquierda confederal en Euskadi, sus representantes Miren Gorrotxategi y Alba García, respectivamente, se sintieron cómodas y adquirieron el protagonismo que les está negando la campaña, aunque uno de sus problemas ha sido, de nuevo, su dificultad para diferenciarse.

Gorrotxategi no ha estado tan brillante como en el debate en euskera, aunque ha sido protagonista en muchos momentos, ha confrontado con el PNV y el PSE, y ha exigido a EH Bildu en materia de pactos.

Alba García, mientras, se ha mantenido en su papel y ha conseguido colocar mensajes concisos y fáciles de entender. “Simplemente queremos tres cosas: hacer la vida un poco más fácil a al gente, defender los servicios públicos y conseguir que tengamos más tiempo”, ha señalado. La candidata de Sumar ha evitado confrontar con Podemos y EH Bildu, y ha pedido cuentas de manera reiterada a Eneko Andueza por su gestión de la mano del PNV.

Finalmente, la candidata de Vox, Amaia Martínez, ha parecido vivir en una sociedad diferente a la del resto de candidatos. Martínez ha desesperado a la presentadora al no respetar los bloques temáticos y ha buscado centrar su discurso en las cuestiones de la inmigración, la inseguridad ciudadana, las críticas a “los políticos”, la situación “del campo” o “el acoso del separatismo”.

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