Enrique ‘Bubi’ Maier, el primer campeón de Grand Slam del RCTB

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Hijo del alemán Otto Maier, fundador del FC Barcelona, Enrique Gerardo ‘Bubi’ Maier Müller fue el indiscutible líder del tenis español antes de la Guerra Civil. Desde la aparición de Manuel Alonso en los años 20, España no había tenido otra figura de su talla internacional. Maier, jugador del RCT Barcelona, fue el primer español en coronarse en Grand Slam, y lo hizo por partida doble: en 1932 ganó los mixtos en Wimbledon junto la estadounidense Elizabeth Ryan, y en 1935 los del US Open junto a la también norteamericana Sarah Palfrey.

En 1935, Enrique Maier fue el primer español en participar en los Campeonatos Internacionales de Australia, y el único hasta la aparición de Andrés Gimeno en 1959. Lo hizo a través de una invitación de la federación australiana, pero, en realidad, su decisión de emprender el viaje fue porque, ese año, se puso como objetivo disputar los cuatro Grand Slams.

Enrique y sus hermanas, María ‘Beli’ Isabel y Rosario, empezaron a dar sus primeros raquetazos en las pistas del RCT del Turó

Enrique Maier nació el 31 de diciembre de 1910 en Barcelona. Le fue muy sencillo contactar con el tenis. Sus padres, Otto e Isabel, eran socios del RCT del Turó, del RCT Barcelona y de la Societat Sportiva Pompeya, algo habitual entonces entre familias arraigadas en la práctica deportiva, ya que las tres entidades estaban a escasos metros unas de otras. Otto Maier llegó a Barcelona como representante corporativo de la empresa Hartmann con la misión de poner en marcha una novedosa fábrica de apósitos sanitarios.

La gran aficionada a la raqueta era su madre, Isabel, mujer de fuertes convicciones, que fue una de las que lideró la lucha para que el FC Barcelona aceptara la entrada de mujeres en su lista de socios.

Bunny Austin y Enrique Maier, en la Copa Davis de 1933 entre España y Gran Bretaña

Bunny Austin y Enrique Maier, en la Copa Davis de 1933 entre España y Gran Bretaña

Pedro Hernández

Enrique y sus hermanas, María ‘Beli’ Isabel y Rosario, empezaron a dar sus primeros raquetazos en las pistas del RCT del Turó. En 1924, el RCT Barcelona y el RCT del Turó, unieron sus finanzas para contratar a Romeo Acquarone, un monegasco de ascendencia italiana, que era uno de los profesores de tenis más cotizados de Europa. Acquarone se fijó rápidamente en Bubi.

Alto, fuerte y muy coordinado, Enrique aprendió muy rápido y no tenía rival en los campeonatos juveniles. A los 16 años ya era campeón de Cataluña júnior, y entrenaba con Eduardo Flaquer, Francisco Sindreu o Raimundo Morales, componentes del equipo de Copa Davis. También jugaba en Alemania y Suiza, aprovechando los desplazamientos de su padre, tanto por temas de sus negocios sanitarios, como para visitar a sus familiares.

En 1927, el Campeonato de Cataluña por Equipos se convirtió en el gran objetivo de los clubs de la Ciudad Condal. Maier tuvo que decidirse por un club, y lo hizo por el RCT Barcelona. Un año más tarde, disputó los Campeonatos de Bavaria, y, por primera vez, el Campeonato de España. Perdió en su debut en cuatro sets Francisco Sindreu,

Enrique Maier, durante un partido

Enrique Maier, durante un partido

Pedro Hernández

primer favorito, pero ganó la prueba de dobles con Ricardo Morales. Maier ya no perdería un solo partido individual en el Campeonato. Ganó siete títulos consecutivos entre 1929 y 1935. El de 1931, fue especial, por lo sentimental y por cómo se desarrollaron los acontecimientos.

Afincado en Estados Unidos como ingeniero, Manuel Alonso aprovechó una estancia en España para apuntarse al torneo. Alonso y Maier tenían en sus vitrinas dos trofeos de Campeones de España. El trofeo original, una copa donada por Alfonso XIII, estipulaba en su reglamento que pasaría a ser propiedad de quien ganara la competición durante tres años consecutivos o cinco alternos. En la pista central del RCT Barcelona, absolutamente abarrotada, el 19 de abril de 1931, Maier derrotó a Alonso por 6-4, 5-7, 7-9, 6-2 y 6-1. Recibió la Copa del Rey Alfonso XIII cinco días después de haberse proclamado la II República.

En 1929, Maier inició su participación internacional. Jugó en los torneos franceses de la Costa Azul, debutó en Copa Davis ante Alemania, se apuntó a Wimbledon, aunque al final no viajó, y se relacionó en Deauville y Biarritz con los que serían sus grandes amigos: los mosqueteros franceses Brugnon, Cochet, Borotra y Lacoste, como con el campeón alemán, el barón Gottfried von Cramm .

Wimbledon era su torneo favorito. Alquilaba en Londres un apartamento con los franceses, y se entrenaba en Roehampton. “Jugábamos partidos de dobles de exhibición, algunos con bandas de música sensacionales”, dijo Maier en una entrevista en que analizó su gran actuación en 1932. “En el mixto estaba apuntado con Lilí Álvarez, pero ella finalmente no viajó. Y Elizabeth Ryan, que tenía 40 años, me dijo de apuntarnos. En su juventud, Ryan había ganado torneos en Barcelona, y sacaba y voleaba mejor que muchos hombres. Ganamos contra todo pronóstico”.

Dos días antes, Maier había logrado su mejor actuación en Wimbledon, cayendo en cuartos de final ante el futuro campeón Ellsworth Vines. “El mejor partido de mi vida fue cuando derroté en cuatro sets a Jean Borotra en octavos. Para mí, era imposible jugar mejor”, añadió. En aquel Wimbledon, Enrique Maier ya figuraba como miembro del International Lawn Tennis Club de Gran Bretaña, y encontró a un nuevo y buen amigo: Fred Perry.

En 1935 viajó a Australia para disputar sus Campeonatos Internacionales

En 1933 y 1934, Maier restringió su actividad internacional, aunque no se olvidó de Wimbledon. Allí supo, a través de Fred Perry, que la federación australiana quería invitar a buenos tenistas europeos para participar en sus Campeonatos Internacionales en enero de 1935. En realidad, la federación aussie había recibido ese encargo de la ciudad de Melbourne y el Kooyong Lawn Tennis Club. Melbourne celebraba el centenario de su fundación, y el Kooyong LTC buscaba su liderato como club australiano por delante de los de Sydney, Brisbane y Adelaida.

Fred Perry, campeón vigente del Open de Australia, tuvo mucho protagonismo en la búsqueda de sus cinco acompañantes. Estos fueron Christian Boussus, Giorgio de Stefani, Jacques Brugnon, Roderich Menzel y Enrique Maier. Bubi aceptó tras saber que sus amigos estaban de acuerdo en viajar a Australia. “Será una gran oportunidad para intentar disputar los cuatro grandes torneos mundiales en una misma temporada”, les dijo a Brugnon y Boussus.

En noviembre de 1934, cargado con sus raquetas y unos palos de golf que había comprado en Londres en 1932, cuando le dieron un vale de 20 libras para material deportivo por su victoria en los dobles mixtos de Wimbledon, Maier puso rumbo a Australia. Le acompañó Giorgio de Stefani, hijo del ministro de Gobernación italiano, único tenista ambidiestro de la época, y que acabó siendo miembro del Comité Olímpico Internacional y presidente de la federación italiana de tenis.

De Stefani era una de las bestias negras de Maier en pista. Era un tipo duro en acción, y sorprendía mucho a sus rivales al poder jugar con ambas manos aunque servía con la derecha. “Aquel largo viaje nos unió mucho. Australia fue toda una experiencia, con pistas en cualquier rincón, con miles de aficionados viendo hasta los entrenamientos”, explicó. Antes de los Campeonatos Internacionales, Maier disputó en Sydney los Campeonatos de Nueva Gales del Sur, y, ya en Melbourne, los Campeonatos de Victoria.

El gran torneo australiano abrió las puertas días después, pero el Kooyong LTC no lucía de manera excepcional porque, semanas antes, unas grandes inundaciones habían dejado impracticables las pistas. Exento en primera ronda, Maier debutó ante Abel Kay, campeón australiano de boxeo amateur en la categoría welter, y que también era un excelente jugador de waterpolo y fútbol australiano. Bubi se impuso por 6-1, 6-4 y 6-3. En tercera ronda, Maier fue derrotado por Vivian Erzerum Bede ‘Viv’ McGrath, componente del equipo aussie de Copa Davis, y uno de los primeros tenistas de gran nivel que jugaba el revés a dos manos. En dobles, formando pareja con de Stefani, alcanzó las semifinales.

La despedida de la aventura australiana fue en Perth, en las pistas del Kings Park, en un Australia-Europa que los aussies vencieron por un claro 6-1. Maier perdió su match individual ante John Brownwich, y en dobles, junto a Stefani, cayeron ante Bromwich y McGrath. “Entre una competición y otra, lo que más mejoré fue en el golf. Muchos de los tenistas australianos eran excelentes en los links”, explicó Maier en 1946, cuando retirado del tenis llegó a ser seleccionador español de golf.

De Stefani le propuso un regreso de Australia distinto al previsto. El italiano había recibido de su padre un mensaje en el que le explicaba que el Maharaja de Kuch quería recibir unas clases de tenis. Maier aceptó, pero las negociaciones se frustraron y cambiaron los planes. El embajador italiano en Batavia, la actual Yakarta, comunicó a De Stefani que el Gobierno de las Indias Orientales Neerlandesas les invitaban para disputar unos partidos. Les pagaban el viaje, dietas y una estancia turística en Java. Lo que en principio era una visita de cuatro días, se convirtió en una estancia de casi dos semanas de la que partieron agotados entre tenis y turismo.

Todos sus trofeos desaparecieron durante la Guerra Civil

Las otras tres etapas de Grand Slam de aquel 1935, se cerraron con derrotas en la tercera ronda en Roland Garros (Perry), octavos de Wimbledon (Menzel) y cuartos de final del US Open (Wilmer Allison). En 1936, Maier ya pensaba en la retirada internacional, y si no lo hizo antes fue porque el sorteo de Copa Davis dictó que España debía recibir a Alemania.

Enrique Maier contactó con Manuel Alonso, que le dijo que estaría en Barcelona para jugar en las pistas del RCT del Turó. Y lo convenció porqué el Barón von Cramm, enfrentado ya a Hitler, había comunicado que formaría parte del conjunto alemán. “Fue mi último partido de Copa Davis, y todo un honor jugarlo con alguien tan grande y tan amigo con Von Cramm”, explicó Maier.

La Guerra Civil española remató la retirada de Maier. Tras la guerra se centró en el golf, y según explicó “lloré un día cuando, por casualidad, pasé por la calle Ganduxer y ví como estaban destruyendo el chalet del RCT Barcelona, ya mudado a Pedralbes”. Todos sus trofeos desaparecieron durante la Guerra Civil.

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