La decepcionante y descastada corrida de Jandilla frustra expectativas en La Maestranza

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En el transcurrir de una feria larga como la de abril sevillana (no tanto, claro, como la de san Isidro) y entre los quehaceres personales y profesionales ineludibles de cada cual, encontrar minutos, acaso horas, para el sosiego y en él la lectura, se convierte en objetivo la mayor de las veces inalcanzable, al menos para quien esto firma. Pero hete aquí que, al menos en esta ocasión, logrado, aunque eso sí con un libro de -faltaría más- temática taurina.

Se trata de Interludio taurino, de Rafael Sánchez Ferlosio (El Paseo ed., hermano mayor de El Paseíllo), que recoge, junto a otros textos, una recopilación de sus colaboraciones en Diario 16 durante la Feria de San Isidro de 1980.

En una de estas y bajo el epígrafe «La forja de un entendido», escribe:

«Uno de los más grandes alicientes de la tauromaquia , acaso el decisivo, sin el cual no habría Dios que aguantase cinco lavados de cerebro seguidos como son cinco corridas una tras otra con sólo noche por medio, es sin duda , el de poder ejercer la inmensa satisfacción íntima y pública de ser un entendido… El entendido es igual que la ley de Patrimonio Artístico que no puede declarar monumentos nacionales a edificios con menos de un siglo de existencia».

Es ésta una Feria de Abril con tardes y faenas para el recuerdo y otras, las menos por suerte, para el olvido

Entendidos con ínfulas y aficionados sin ellas -también, en ambos bandos, la crítica especializada- están viviendo una Feria de Abril con tardes y faenas para el recuerdo y otras, las menos por suerte, para el olvido, dando la razón a Jean Cau: ir a los toros es cada tarde, a eso de las cinco (las seis y media en La Maestranza), acudir al encuentro de los Reyes Magos.

Y a esa hora en punto, en la novena de Feria y otro lleno de «no hay localidades» (ya van cinco) hicieron el paseíllo José María Manzanares, Alejandro Talavante ( el segundo en la feria de ambos y Tomás Rufo (primero de los dos en que está anunciado) con toros de Jandilla esperando en los chiqueros.

Salió el primero de Jandilla, para Manzanares, y tomó el capote echando las manos por delante sin permitir lucirse al alicantino. Derribó al caballo de picar en el primer envite y tras la segunda vara entró al quite Talavante por ajustadas gaoneras.

En el inicio de faena se le coló el toro por el pitón derecho (ya lo hizo en el capote) y por ese mismo lado lo llevó en redondo con despaciosidad, en tandas rematadas con largos pases de pecho.

El primer toro de José María Manzanares derriba el caballo del picador

El primer toro de José María Manzanares derriba el caballo del picador

Corrió bien la mano en una tanda de naturales y de vuelta a la derecha las embestidas tuvieron mayor empuje, pero como aquello no acababa de alcanzar mayores cotas se fue a por la espada, que manejó con su habitual contundencia, felizmente recuperada. La ovación del público reconoció lo hecho. Tampoco el segundo dio opciones a Talavante en el recibo capotero.

Tomás Rufo hizo su aparición en la tarde con un quite por chicuelinas y tras las banderillas (bien Álvaro Montes) ya todo quedaba en manos de Talavante, que se dobló por bajo con el toro en el inicio de muleta.

Con esta en la derecha el jandilla nunca se empleó en las embestidas y más de lo mismo cuando se puso con la izquierda. Así que lo malo si breve, mejor, y el extremeño lo mandó a las mulillas de un espadazo certero.

Tomás Rufo, tan nuevo, ya conoce y además por dos veces la gloria de la Puerta del Príncipe (en el 2022 y el 2023) y con tan exitoso bagaje escuchó los olés de La Maestranza en los lances a la verónica con que saludó al tercero de la tarde.

Faena intensa de Rufo en el tercero, aunque tras pinchar de primeras dejó una estocada arriba

Puso Rufo al toro de largo y este se fue con presteza hacia el caballo, sin llegar a derribarlo gracias a la pericia del piquero, socorrido por Manzanares que fue raudo al quite, montándose literalmente sobre el jaco. De la misma guisa, el toro fue de lejos a recibir un segundo puyazo también accidentado. Esperanzas del público puestas en el toro y también de Rufo, que lo brindó desde los medios.

Y ahí se quedó para, de rodillas, aguantar un parón tras el primer redondo y culminar la serie con el de pecho, levantando ovaciones y haciendo sonar la música.

Toro encastado, vibrante en sus embestidas, al que Rufo, ya de pie, toreó con ajuste y templanza con la mano derecha, también con la izquierda, aunque por ahí el toro se quedaba más corto.

Faena intensa del joven diestro toledano que no se llegó a redondear, que tras pinchar de primeras dejó una estocada arriba. Conjunto que le valió recoger una fuerte ovación, que también fue para el toro en el arrastre.

Por cierto, conforme avanzaba la corrida el viento aumentaba en intensidad, condicionando el curso de la lidia.

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Serio de toda seriedad el cuarto y jolgorio entre el público cuando en el anuncio de cambio de tercio al del clarín se le escapó una nota. Ese sería el único momento a reseñar de los primeros tercios.

Ya en el último de ellos, Manzanares buscó el terreno donde menos molestaba Eolo (un decir) y se puso a torear con derechazos que el toro tomaba sin decir nada y ni pío tampoco cuando ensayó el natural. Con buen criterio, abrevió Manzanares y se fue a por la espada y aquí paz y después gloria, antesala del silencio.

Llegados al quinto a la corrida se le podían poner muchos matices y algún reproche, mas ninguno en cuanto presentación, tal que el del segundo del lote de Talavante, que dejó un buen ramillete de verónicas como saludo, antes de que tomara sendos puyazos con cierta fijeza y en el quite Rufo, capote a la espalda, se pasó los pitones con ajuste.

Dos extraordinarios pares de banderillas de Javier Ambel le obligaron a desmonterarse y genuflexo inició la faena Talavante, que se topó con embestidas sin la menor entrega y así pues eso, mejor no hacer como que se hace. Hundió la espada a la primera y sanseacabó.

Lo mejor de la corrida, la duración, apenas dos horas, y el gentío abandonando los tendidos deprisa

Quedaba un cartucho para levantar la tarde, el sexto, y Rufo se fue a prender la mecha yéndose a la puerta de toriles para recibirlo a porta gayola, que resultó limpia para después, ya en pie, torear por delantales.

El trámite del caballo fue eso, un trámite y Fernando Sánchez colocó , en los medios, un soberbio par de banderillas marca de la casa, entrando andando para cuadrar en la cara, clavar en lo alto y salir de la suerte toreramente.

Se fue a los medios Rufo y manejó la muleta en la diestra con el afán de mejorar unas embestidas discontinuas y sin la mínima entrega, mismos defectos que demostró cuando cambio de mano. Así que Rufo dijo hasta aquí y se fue a por el estoque.

Lo mejor, la duración, apenas dos horas. Y el gentío abandonando los tendidos deprisa, deprisa. Unos al ferial y otros para ver el fútbol. Aunque (incluso en tardes adversativas) donde estén los toros…

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