“Las madres de mi generación nos daban drogas para adelgazar”

Equipo
By Equipo
5 Min Read

A María Fernanda Ampuero (Guayaquil, 1976) le da miedo escribir. Y eso, reconoce, “no es tan fácil de sobrellevar si eres escritora. El libro es una cosa monumental. Lo que publicas, queda ahí para siempre. Es la desnudez total y, a veces, duele. Pero es importante que duela para que sirva de algo de verdad”, confiesa la autora, que acaba de publicar Visceral (Páginas de Espuma), un ensayo en el que “me abro más en canal que nunca”.

En sus páginas, la autora ecuatoriana vuelca todos sus temores, experiencias, recuerdos y, también, deseos, en una suerte de manifiesto que recorre pasado y presente de forma constante. “Si alguien ha leído mis anteriores relatos de ficción, podrá entender ahora muchas cosas. Y, quien no lo haya hecho, me conocerá desde cero. Damas y caballeros, esta soy yo, con sus luces y sus sombras. Muchas sombras, de las que he venido a hablar”. 

En este ensayo, me abro más en canal que nunca”

Uno de esos rincones oscuros yace en su infancia, y en lo terrible que resultan las comparaciones entre mujeres, “y más si una de ellas es tu madre. De joven, ella era una diosa y tenía un cuerpo impresionante. Yo, en cambio, era gordita. Salí al lado paterno”. Ampuero relata los esfuerzos de su familia para que adelgazara. “Las madres de mi generación nos daban drogas para adelgazar. Yo tomé muchas anfetaminas y somníferos con tal de no comer más. Es curioso porque, si yo ahora fuera yonqui, mis padres estarían escandalizados, pero en aras de la delgadez, no les importó, y eso que era menor de edad”.

A María Fernanda Ampuero, escribir le duele, pero también le supone una liberación necesaria

A María Fernanda Ampuero, escribir le duele, pero también le supone una liberación necesaria 

Miquel Gonzalez/Shooting

Pese a lo “bárbaro” de la situación, “no la juzgo. Me meto con ella, pero no desde el rencor, sino desde el concepto equivocado de amor y cuidado con el que ella creció. Hay que entender que ser mamá es dificilísimo, y de una mujer más. Siento que se equivocó en muchas cosas y es lícito que yo pueda expresarlo. Eso sí, le pedí que no leyera el libro. Espero que me haga caso. Me consuela saber que ha hecho un mea culpa. O eso creo, vaya”.

Las presiones sociales también atraviesan a la autora de Pelea de gallos (2018) y Sacrificios humanos (2021) desde el poscolonialismo, la ecopolítica, el feminismo, el deseo y la sexualidad. “Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que fui violada. Y creo que es importante contarlo porque más de una podrá sentirse identificada. Es lo que ha pasado recientemente con el cineasta Carlos Vermut. Me sabe muy mal ver cómo la gente critica a las víctimas por no dar su nombre y por subir a su casa. Creen que, como era famoso, querían algo de él. No sé por qué cuesta tanto de entender que las mujeres también queremos sexo y parece que por ello merezcamos un castigo. Pero el sexo no tiene que ser sinónimo de carnicería”.


Lee también

Fernando García

María Fernanda Ampuero

Ampuero reflexiona sobre la “culpa constante” que las mujeres sienten “hagan lo que hagan. Como tú fuiste al apartado VIP donde estaba un futbolista, te mereces que este te haga cualquier cosa. Tengo que poder ir y, si me arrepiento o cambio de opinión, poder decir no y que me entiendan sin problemas. Nosotras mismas hemos interiorizado, por culpa de la sociedad, que nos merecemos todo lo malo. Es importante frenar y tomar conciencia. Decir no, no me merecía eso. No tengo por qué soportar una violación, ni tampoco miradas, chistecitos o comentarios. Creérnoslo es la gran deuda pendiente que tenemos las mujeres”.

Share This Article
Leave a comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *