¿A quién favorece la última semana de la campaña vasca, centrada en la crítica a ETA?

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En las últimas semanas no ha habido una campaña electoral en Euskadi, sino dos. La primera se alargó durante semanas, obviamente desde antes del inicio oficial de la campaña, y se centró en la situación de los servicios públicos o el precio de la vivienda -las grandes preocupaciones ciudadanas-, aunque sin olvidar la cuestión del autogobierno. El perfil fue relativamente bajo y no activó una gran pulsión electoral. La ‘segunda campaña’ se inició entre el lunes a la noche y el martes por la mañana, y ha estado centrada en el reproche político a EH Bildu por su posición a la hora de hacer una lectura crítica del terrorismo, aunque se vio salpicada también por el lamentable ataque a Imanol Pradales en Barakaldo, sin vinculación política.

Las últimas encuestas, sin embargo, se publicaron entre el miércoles de la semana pasada (el CIS) y este lunes, y la gran duda es en este momento hasta qué punto ha podido condicionar las tendencias de voto esta ‘segunda campaña’ electoral que, además, se ha desarrollado durante los días decisivos.

Según el preelectoral del CIS publicado el 1 de abril, uno de cada tres vascos decide su voto en la última semana: un 20% durante estos últimos siete días, un 5% en la jornada de reflexión y un 6% delante de la urna, de manera que lo ocurrido en estos últimos días ha podido tener un impacto con respecto a los indecisos que, según qué encuesta, eran entre un 20% y un 30%, una cifra mucho más elevada de lo habitual.

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Carteles electorales en San Sebastián

Manu Lozano / Colaboradores

La duda es en qué sentido ha podido orientar su voto. Y ahí el tema está mucho menos claro.

Las últimas encuestas publicadas, prácticamente todas ellas, situaban a EH Bildu con una ligera ventaja sobre el PNV. Los últimos días de campaña se han centrado en esta formación, que desde el fin de semana se convirtió en el rival a batir, y, en particular, en las polémicas declaraciones de Pello Otxandiano en la Cadena Ser, evitando utilizar el término “banda terrorista” para referirse a ETA.

¿Ha podido perjudicar esta dinámica al candidato independentista? Los precedentes dicen que no. En las elecciones municipales del año pasado se suscitó una polémica mucho más sensible por la presencia de personas condenadas por terrorismo en las listas municipales de EH Bildu. Y, sin embargo, la coalición abertzale, que supo rectificar, logró sus mejores resultados históricos en unas municipales.

Además, la fidelidad de voto de la coalición abertzale rondaba la semana pasada el 90% (es decir, 9 de cada 10 de quienes les votaron en 2020 les volverá a votar) y se apreciaban transferencias consolidadas desde otras formaciones (según el CIS): 9% desde el PNV; 32% desde Podemos; 10% desde la abstención… Los datos de la encuesta EiTB Focus eran similares, y en el caso del CIS, además, recogía que un 28,6% de los nuevos votantes apostaban por la coalición abertzale (frente a un 22,3% en el caso del PNV). A lo sumo, esta semana, complicada para EH Bildu, habría podido limitar estas transferencias, aunque los expertos consultados se muestran cautos al respecto.

En cuanto al PNV, la fidelidad de voto era menor, de alrededor del 63%, y el gran reto de la formación al inicio de esta semana era, precisamente, activar a sus votantes y favorecer que se incrementase la pulsión electoral.

En las filas jeltzales son optimistas al respecto, creen que lo ocurrido en la semana decisiva de campaña puede no restar votos a EH Bildu, pero sí activar a los suyos. Argumentan esa posible tendencia, fundamentalmente, por tres razones: el efecto movilizador de las encuestas que situaban en cabeza a EH Bildu, la propia influencia de una campaña en la que, ahora sí, Pradales ha tenido un gran protagonismo y, finalmente, la propia posición de EH Bildu expresada con respecto a ETA, algo que puede soliviantar a los suyos.

La situación está menos clara con respecto al resto de formación. La campaña ha tenido un claro signo bipartidista, por la ajustada pugna entre el PNV y EH Bildu, aunque el resto de formaciones han podido asomar la cabeza estos días, especialmente en los debates que se han celebrado durante los días decisivos. Y todas las formaciones se juegan mucho.

El PSE, que tendrá la llave de la gobernabilidad, podría situarse en una posición muy complicada si no llega a la mayoría absoluta con el PNV, algo que les obligaría a mirar al PP. Los populares tienen, precisamente ahí, la oportunidad de recuperar la relevancia en la política vasca y anhelan un escenario en el que jeltzales y socialistas no tengan mayoría.

Finalmente, Podemos, Sumar y Vox se juegan su supervivencia parlamentaria, ya que podrían quedar sin representación.

La campaña electoral vasca tardó en despegar, por el efecto del periodo vacacional, por las celebraciones en Bizkaia ligadas a la victoria del Athletic en la Copa y, en tercer lugar, por la interrupción de la campaña debido a la muerte del lehendakari Ardanza. La semana decisiva, sin embargo, ha disparado la pulsión electoral. Está por ver cuáles serán los efectos de unos días tan intensos.

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