De Justo corta dos orejas y El Cid una en una interesante jornada en La Maestranza

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Hace unas semanas el Ayuntamiento de Sevilla anunció que quiere cobrar una tasa a los foráneos que entren en su plaza de España, en aras de la conservación del conjunto arquitectónico monumental, enclavado en el parque de María Luisa.

En él, edificios de organismos oficiales, una ría, cuatro puentes, escudos heráldicos, bancos con representación simbólica de las provincias españolas, medallones en sus arcos…y paneles de azulejos con escenas costumbristas sevillanas, muchos de ellos con el inconfundible trazo de Andrés Martínez de León y el toro en el campo o en la plaza como protagonista.

Martínez de León , nacido en Coria de Río en 1895, fue uno de esos lujos que de vez en cuando se permite la cultura española a la par que (casi) lo esconde. Pintor, ilustrador (suyas fueron las ilustraciones de la primera edición del Juan Belmonte, matador de toros, de Chaves Nogales) escritor, corresponsal de guerra… y peculiar crítico taurino (escribía como se habla en sevillano) cuyo alter ego, Oselito, firmó maravillosas, mordaces e hilarantes crónicas taurinas.

El Cid, Daniel Luque y Emilio de Justo bregaron con con toros de La Quinta, puro encaste santacoloma

Aquí una muestra, con motivo del adiós de Juan Belmonte: “Hoy ha pisao por última ve el arbero de la plaza de Sevilla Juan Belmonte… Llueve y la plaza más grasiosa der mundo está llena de espectadore, la plana mayó del bermontismo”.

En La Maestranza esta tarde no toreaba Belmonte, claro (se pegó un tiro en la sien un 8 de abril de 1962) pero sí se anunciaba una corrida de toros que tanto por estos como por la terna convocó a miles de aficionados/as que llenaron los tendidos.

Manuel Jesús, El Cid, Daniel Luque y Emilio de Justo, con toros de La Quinta, puro encaste santacoloma, augurio de casta brava y, con ella, esa emoción ausente en las dos tardes precedentes.

El año pasado El Cid resucitó en los ruedos tras su adiós en el 2019, más de dos décadas como matador de toros y una trayectoria profesional que cuenta con unánime reconocimiento. El regreso fue en La Maestranza y cortó una oreja a un toro de Victorino.

Por esas cosas del sistema -el entramado taurino, o sea-,  El Cid solo toreó cuatro tardes en esa temporada el 2023. Pero en ningún momento bajó los brazos y -haciendo suyo el consejo del poeta a Julia- nunca dijo «no puedo más y aquí me quedo, aquí me quedo».

Daniel Luque completa un pase pecho a su primer toro

Daniel Luque completa un pase pecho a su primer toro

Y ahí estaba el torero de Salteras (población sevillana a media hora de Coria del Río, la de Martínez de León), con su bagaje de cuatro Puertas del Príncipe, abriéndose de capa con el primero de La Quinta de cárdeno pelaje, como todos los reseñados. Una preciosidad.

Y sin probaturas, verónicas rematadas con media a la cadera, en los medios. Con templanza lo llevó al caballo y el toro se arrancó de lejos y con prontitud. El segundo encuentro, muy medido, como el quite de Daniel Luque.

Una cerrada ovación agradeció el brindis al público de El Cid, y fueron olés ya en la primera serie en redondo, relajada la figura y el de La Quinta embistiendo con fijeza y recorrido. Acabada la segunda serie la música acompañó la obra, que siguió en el mismo son por el pitón izquierdo. ¡Ah, esa mano izquierda de El Cid! Y de regreso a la derecha siguió el recital.

Se emborrachó de toreo Manuel Jesús, disfrutó él y todos, La Maestranza en pie. Y un toro de bandera (le dieron la vuelta al ruedo en el arrastre). La estocada no fue en divina forma y lo que era de dos se quedó en una oreja, pero lo hecho, hecho está.

No permitió el segundo lucirse a Daniel Luque con el capote, manifestando flojedad y apenas sufrió castigo en varas, antes de que Iván García pusiera dos grandes pares de banderillas.

Una cerrada ovación agradeció el brindis al público de El Cid y fueron olés ya en su primera serie en redondo

Le había gustado el toro a Luque y por eso brindó al cónclave. Con suavidad y a media altura corrió la mano en los redondos, que el de La Quinta tomó con buen son pero algo apagado, lo mismo por el pitón izquierdo, en el que hubo una serie a pies juntos de nota alta. Estoconazo y ovación final para Luque.

Ensayó la verónica Emilio de Justo con el primero de su lote pero sin mayor acople. Lidia algo costosa en los primeros tercios con el toro tardo en sus embestidas, pero De Justo no fue menos que sus compañeros y también lo brindó al público.

Inicio de faena con muletazos mandones y una primera serie encajada la figura y largo el trazo, con el toro acometiendo con fijeza . Y la música que se arranca.

En las series siguientes, también al natural, hubo cierta desconexión con los tendidos, pero De Justo remontó en el tramo final. La estocada en buen sitio y de efecto fulminante sumó para la petición y concesión de oreja de un toro que tuvo importancia y para el que, extrañamente, no sonaron las palmas en el arrastre.

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Ovación de salida para el cuarto, una belleza, y El Cid toreando a la verónica con saber y sabor. Lo mismo cuando de llevarlo al caballo se trató. Dos entradas al caballo sin mayor relieve. Lipi puso un par de banderillas de gran mérito y El Cid brindó a su hijo.

Asentado de plantas, despejado de mente, el torero de Salteras trazó muletazos por los dos pitones, que fueron más largos por el derecho. Más entrega del torero que del toro. Aguantó parones Manuel y sacó muletazos de mérito. La espada lo emborronó pero queda la actitud sin mácula de un torero veterano, sí, pero que merece la atención debida de las empresas, no solo por su trayectoria. Y así se lo manifestó el público con la ovación final.

No hubo lucimiento de Luque con el capote en el quinto, que entraba y salía de la suerte sin entrega. Brindis de Luque a Manuel Martínez Conradi, ganadero de La Quinta y primeros compases de faena la muleta en la diestra llevando las embestidas con pulso y lentitud, tal que las embestidas del toro.

Naturales en el mismo son, segurísimo Luque, lo mismo cuando de manejar la espada se trató. Recogió una ovación, que premia también su paso por la Feria: tres tardes, cuatro orejas y Puerta del Príncipe en la primera.

El torero extremeño plantó cara con actitud y firmeza sacando muletazos de gran mérito en su segundo

Con una larga cambiada en el tercio saludó Emilio de Justo al que cerraba plaza, que llegados al último tercio brindó, de torero a torero, a El Cid. Se puso De Justo con la mano derecha, también con la izquierda, pero el de La Quinta nunca quiso seguir la muleta con franquía.

Pese a todo el torero extremeño le plantó cara con actitud y firmeza sacando muletazos de gran mérito, reconocidos por el público. Como reconocimiento tuvo la estocada en lo alto, tanto que se pidió la oreja y el usía la concedió.

Acabó la corrida en triunfo, el público la vivió con interés e imaginó cómo la hubiera contado Martínez de León, mejor dicho, Oselito. Y sonrío.

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