Ibai Abad convierte la novela ‘L’Escanyapobres’ de Narcís Oller en un western mediterráneo

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La primera escena no engaña: acaban los créditos iniciales y un caballo con dos alforjas –de mimbre– y un jinete con sombrero de ala ancha avanzan por un desfiladero. Sobreimpreso, el nombre de la película: La llegenda de l’Esca­nya­pobres. Sí, la segunda película de Ibai Abad es un western basado en la célebre novela que Narcís Oller publicó en 1884 y, como corresponde a cualquier adaptación, se han tomado las licencias que han considerado necesarias, pero sigue siendo reconocible.

Abad recuerda que fue en el instituto donde, como tantos alumnos, conoció la obra, pero con la crisis financiera y bancaria de hace unos años le “resonó” por los paralelismos que desplegaba. Entonces encontró los elementos que la acercaban en el western, empezando por la llegada del tren a un pueblecito remoto, con un protagonista, el Escanyapobres –en el filme interpretado por Àlex Brendemühl–, con un pasado oscuro que quiere redimir.

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Pero si Oller utilizaba el personaje de doña Tuies – Laura Conejero– para vertebrar la narración, Abad ha puesto el foco en la Cileta – Mireia Vilapuig– mezclándola con la criada, porque “servía para crear un arco narrativo natural de un personaje que empieza siendo muy puro pero, fascinada, quiere acercarse al poder que representa el dinero”, explica. La avaricia, la corrupción, que todo lo corroe. En una sociedad en que la mujer necesitaba un marido casi para existir, la pregunta es: ‘¿Me corrompo o me escapo?’, porque las mujeres solo podían tener libertad si tenían dinero, y en este sentido hay que reconocer el esfuerzo de Oller”.

A la vez, situar la acción en un pueblo inventado como Pratbell –aunque el escritor se basó en su Valls natal– da mucha libertad al director del filme para crear unos escenarios que “quieren reflejar un imaginario con un pie en el western y otro en el mundo mediterráneo, por la idiosincrasia y porque aquí hay menos madera y más piedra”. Además, “las limitaciones presupuestarias condicionaron que rodáramos siempre en localizaciones reales, lo que fue un acierto y da una pátina de estética gastada que favorece la película”.

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Mireia Vilapuig en el filme La llegenda de l’Escanyapobres

Mayo Films / ACN

La llegenda de l’Escanyapobres, que hoy se podrá ver en el BCN Film Fest y se prevé estrenar en otoño, es también la narración “de un viaje a la oscuridad”, porque “vemos cómo el Escanyapobres tiene cerca la bondad, intenta redimirse, pero no puede dejar de ser quien es y arrastra al resto a la sombra, incluso literalmente, en una escena rodada dentro de una mina: “Fue difícil de rodar porque Brendemühl es claustrofóbico y salió a la primera, pero la tensión que transmite es muy real”, recuerda Abad.

A media película, sopla el viento sobre la vía del tren y hace rodar un arbusto seco. Sin duda alguna: es un western.

Versió en català, aquí

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Los actores Quim Àvila, Àlex Brendemühl, Laura Conejero y Mireia Vilapuig y el director Ibai Abad, durante la presentación de La llegenda de l’Escanyapobres

Marta Pérez / EFE

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