Lo que la belleza puede hacer por ti

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A lo largo de casi ocho años, Stéphane Breitwieser, de profesión sus latrocinios, robó más de trescientos objetos y obras de arte, con la inestimable ayuda de su novia, que convenientemente trabajaba como vigía, y su madre, cuyo papel en esta historia es bastante más oscuro y no vamos a desvelar. En los años siguientes a su detención con las manos en la masa (una corneta del siglo XVI), fue calificado como “el ladrón más prolífico de la historia”, pero también como “el ladrón egoísta”, ya que nunca vendió las obras robadas, sino que las guardaba para él solo en una habitación secreta en su casa. “Disfruto con el arte”, fue su explicación, quizás para darle la razón a Oscar Wilde, con una de cuyas citas se abre justamente El ladrón de arte de Michael Finkel (Taurus ): “La estética es superior a la ética”.

Sí, la pasión por el arte puede llegar a enloquecer a una persona, pero también salvarla, convertirla, liberarla. Es lo que plantea Thomas Schlesser en su Los ojos de Mona / Els ulls de Mona (Lumen / Empúries ), un superventas en toda Europa que la crítica ha saludado como el nuevo El mundo de Sofía , dedicado al arte, y no es para menos, ya que se lleva por subtítulo Una novela en 52 obras maestras . Son 52 pinturas, esculturas, fotografías… una cada semana, que la pequeña Mona irá descubriendo con su abuelo en sucesivas visitas a museos (Louvre, Orsay, Beaubourg…), mientras lucha con un problema en sus ojos que amenaza con dejarla ciega. Durante esas semanas, la mirada de la Giocond , la risa gitana de Frans Hals, la serenidad de las estampas de Canaletto enseñarán a Mona las diferentes corrientes artísticas, los nombres imprescindibles.

Cindy Sherman: 'Untitled #92'

Cindy Sherman: ‘Untitled #92’ 

Del libro ‘Espectros del tiempo’

“Es la única persona viviente en el mundo que se viste Dadá, ama Dadá y vive Dadá”. El arte dio forma a la vida de la fascinante Elsa Von Freytag- Loringhoven, pero no le otorgó el reconocimiento que merecía, algo por otra parte demasiado frecuente a lo largo de la historia. Porque “la baronesa”, como era también conocida, fue una figura seminal en los movimientos artísticos de principios del siglo pasado, tan rompedora en sus prácticas artísticas como en su vida privada. De origen alemán, trabajó en un cabaret, mantuvo una relación abierta con su esposo, algún ménage à trois también y, instalada en Nueva York, fue una de las creadoras de la poesía sonora y pionera en la construcción de obras a partir de objetos que recogía en las calles. 

En los últimos años su figura está siendo objeto de recuperación; numerosos críticos consideran actualmente a la baronesa como la auténtica creadora de La fuente de Marcel Duchamp mientras su figura es objeto de estudios como el ensayo Elsa Von Freytag- Loringhoven. La artista que dio cuerpo a la vanguardia de Joana Masó y Éric Fassin (Arcadia).

François Boucher: 'El pastor durmiente'

François Boucher: ‘El pastor durmiente’

Del libro ‘El ladrón de arte’

Dentro de la recuperación de las creadoras mujeres oscurecidas por la historia del arte encontramos dos títulos especialmente interesantes, Cuando las mujeres se pusieron a pintar de Anna Banti (Elba), y Mujeres artistas de la antigua Grecia, de Marta Carrasco Ferrer y Miguel Ángel Elvira Barba (Reino de Cordelia).

Seguimos con pasiones, como la que siente el historiador Carlo Vecce por el Renacimiento y Leonardo de Vinci, al que ha dedicado treinta años de su vida. Estas investigaciones le han llevado al convencimiento de que la madre de Leonardo fue una esclava circasiana, hipótesis que plantea en su novela Caterina (Alfaguara ). Vecce prepara un paper documentado sobre la cuestión, que es lo que se suele hacer en el mundo académico, pero mientras tanto novela la que podría haber sido la vida de la misteriosa Caterina, desde su poco civilizada, según nuestros cánones y los del autor, tribu en el Cáucaso, hasta la Florencia renacentista, tras ser capturada, vendida y comprada en diferentes ocasiones, hasta ser liberada y supuestamente tener un affaire con Piero Da Vinci, padre del genio.

Otra vida tocada por la pasión del arte y la cultura es la del anticuario y viajero D.G. Hogarth (1862-1927). De suficiente buena familia como para estudiar en Oxford, nada en su vida hacía presagiar que acabaría en una excavación en Asia Menor “con una sola tienda, unas cuantas ollas y sartenes pero nada de conservas”, con sus consecuencias en el sistema gastrointestinal, dados los efectos del calor en la comida fresca… El joven estudiante se iba labrando una fama como apostador hasta que se topó con la figura de César, de ahí a la de Alejandro Magno y de ahí a convertirse en aprendiz, ahora llamado becario, del viajero William Martin Ramsey, subirse en una mula y recorrer Oriente Medio, ahora ya con algunas latas de conserva. D.G. Hogarth lo cuenta todo en Accidentada vida de un anticuario (Ediciones del Viento).

Elsa Von Freytag-Loringhoven ejerciendo como modelo en Nueva York

Elsa Von Freytag-Loringhoven ejerciendo como modelo en Nueva York 

Getty

Con menos ingredientes a lo Indiana Jones, el arte ha movido también a numerosos creadores a dejar la comodidad de sus hogares y buscar inspiración fuera, a pocos kilómetros o en la otra punta del mundo. Travis Elborough presenta en El viaje del artista (Blume) treinta viajes que cambiaron la vida y la perspectiva de quienes en ellos se embarcaron, con capítulos descriptivamente titulados Henri Matisse esquiva la lluvia en Marruecos, Katsushika Hokusai escala el monte Fuji o Mary Cassat causa impresión en Nueva York , el libro, muy cuidadosamente editado, incluye mapas y fotografías.

Anna Cornelia, Elisabeth Huberta y Willemiem Jacoba podrían decir mucho sobre la pasión por el arte, no en vano fueron las hermanas de Vincent Van Gogh. Durante mucho tiempo opacadas por la relación del pintor con su hermano Theo, también en los últimos años ha salido a la luz la intensa relación que mantuvieron con el artista. Ahora se publica en castellano Las hermanas Van Gogh, a cargo del máximo especialista en el tema, Willem-Jan Verlinder (Cátedra ). El autor desvela que fue una discusión con la hermana mayor, Anna Cornelia, la que provocó que Van Gogh abandonara para siempre los Países Bajos. A pesar de ello, Vincent le tenía cariño y llegó a escribir “anhelo estar más cerca de lo que estoy ahora. Apenas nos hemos visto una vez en estos últimos años, y sólo nos conocemos a medias”.

Jean-Auguste-Dominique Ingres –al que nadie invocaba con todos sus nombres: su mujer debía llamarlo Jean, y el resto, “señor Ingres”– dejó su huella en la historia del arte en sus pinturas, pero también en sus alumnos y en sus escritos. Ingres escribía sobre arte en cuadernos desordenados, borradores de cartas, papeles sueltos… Recogidos por uno de sus alumnos, Elba publica ahora Escritos sobre el arte, una selección que contiene perlas tan actuales como “pretender prescindir del estudio de los clásicos, o es una locura, o es pereza (…) Es la doctrina de los que quieren producir sin haber trabajado, saber sin haber aprendido”. Se nos ocurren muchos ejemplos a los que se podría aplicar este aforismo. También hay otros más curiosos: “la fosa nasal caída es un bonito medio de expresión, indica tranquilidad.

Jean-Auguste Dominique Ingres: 'La bañista de Valpinçon', 1808

Jean-Auguste Dominique Ingres: ‘La bañista de Valpinçon’, 1808

Getty

En un registro muy diferente, el escritor irlandés Colm Tóibín, gran amante del arte, ofrece en La mirada cautiva / La mirada captiva (Arcadia ) quince ensayos breves que tienen como sujeto a Antoni Tàpies, Miquel Barceló, Francis Bacon, Diane Arbus o Lucian Freud. Doce ensayos son los que encontramos en Desbordar el espejo (Galaxia Gutenberg ). Joan Fontcuberta, autor de una influyente obra en la que juega con las verdades históricas y ficticias a través de la fotografía, analiza el devenir de una práctica artística “que se inicia con la luz y la cámara lúcida pero termina deslucida en la caja negra de la computación y los datos”. Instalados en la hipermodernidad, “la vida pasa por la imagen”, el gesto fotográfico y su utillaje permanecen, pero la fotografía “establece otros vínculos con la memoria, con la verdad y con la materia”. Reflexiones pertinentes cuando la IA ha irrumpido disruptivamente.

Debates contemporáneos, como los que surgen de la lectura de Espectros del tiempo. Estética e historicidad en el arte contemporáneo (Gedisa); Pol Capdevila remite al arte para acercarse a los dilemas filosóficos de nuestro tiempo, desde la tiranía del reloj, el presencialismo, la sensación generalizada del fin de la historia y del tiempo. Para leer con atención y calma, oxímoron ambos de “contemporáneo”.

Anna Cornelia, Elisabeth Huberta y Willemien Jacoba Van Gogh

Anna Cornelia, Elisabeth Huberta y Willemien Jacoba Van Gogh 

Del libro ‘Las hermanas Van Gogh’

Más ensayos. En El murmullo del agua, María Belmonte conduce al lector a través de fuentes míticas y jardines reales, restos de la Antigüedad y construcciones renacentistas y barrocas para explorar el poder del agua a través de los siglos. Veinticinco mil metros cuadrados para instalarse, un saco de dormir, una linterna y una luna menguante. Así pasó una noche en el Museo de la Acrópolis de Atenas la periodista franco italiana Andrea Marcolongo, que narra la experiencia en Desplazar la luna (Taurus ). Para acompañarla “frente a lo poco que queda en Atenas de los mármoles del Partenón” no se llevó libros de Homero, sino una biografía de Lord Elgin, el autor de la controvertida compra de las estatuas del Partenón, ahora en el Museo Británico. 

En El radar americano / El radar americà (Galaxia Gutenberg ), Vicenç Altaió hace una investigación histórica sobre arte, arquitectura y diseño a partir del legado de Lanfranco Bombelli. Más: Ibáñez, el mestre de la historieta / Ibáñez, el maestro de la historieta ( Bruguera ), en el que Jordi Canyissà responde a la pregunta de “Por qué nos gusta tanto Ibáñez”, y llevamos varias generaciones. Y un inédito, La pell de Barcelona (Univers ), que el fotógrafo Francesc Català-Roca preparó durante años, pero a su muerte había quedado sin publicar.

Dentro del apartado de divulgación, dos títulos compiten por presentar la historia del arte de manera desenfadada. Un Van Gogh en el salón, a cargo de Clamarore (Temas de Hoy ), juega con las tipografías, los colores y la fotografía; Lo que los libros de historia del arte no quieren que sepas, de Blanca Guilera (Random ), desvela anécdotas y descubre curiosidades, tipo “¿qué tienen en común Frida Kahlo y Taylor Swift?”.

Un apunte: atención a dos libros a punto de llegar a librerías; en concreto, en mayo sale a la venta Las hijas del pintor (Alba), una novela de Emily Howes sobre las hijas y modelos del pintor Thomas Gainsborough. Y también en mayo, el día 8, Siruela publica Gris, el ensayo que el filósofo Peter Sloterdijk dedica a un color del que Cézanne dijo que “mientras no se haya pintado, no se es pintor”.

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