La gente guarda cosas rarísimas en su memoria

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Hay quienes viven para contar y hay quienes cuentan para vivir. También hay quienes hacen ambas cosas. Esa polivalencia vital converge en la cuentacuentos colombiana Carolina Rueda que tras meses de gira internacional visitó, el pasado miércoles, la Casa América de Catalunya, en Barcelona, para terminar su viaje con el espectáculo El juego de las sombras

Ebria de historias eróticas, humorísticas y fantasiosas, la propuesta de Rueda selecciona cuentos y fábulas de autores  latinoamericanos atravesados por la reflexión sobre la condición humana y el origen de sus deseos. Acumulando elogios como «bestia escénica» o «la monstrua de la narración» , Rueda fue acogida con una audiencia expectante que terminó por aplaudirla y celebrarla. Horas antes de enfrentarse a su última actuación, Rueda se reunió con La Vanguardia en la Casa América de Catalunya para dialogar sobre el poder de la narración oral y la libertad que concede a aquellos que se atreven a imaginar, con o sin silencios incómodos de por medio. 

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Entrevista a Carolina Rueda, al mejor cuentacuentos de Colombia

Miquel González / Shooting / Colaboradores

¿Tienen los cuentos fronteras?

Creo que no. Su ejercicio es justamente saltar los obstáculos. La narrativa es experta en saltarlos y  descubrirlos. Es cierto que según en qué país los términos significan cosas distintas. Y eso es difícil descubrirlo a menos de que lo narres. La narrativa es una forma de evidenciar las fronteras y romperlas.

Y, ¿cómo se tienden puentes con esas fronteras?

En el imaginario. Hay algo sin fronteras que tiende puentas a la hora de explicar un cuento: el silencio. Todo se sugiere con el silencio, porque se comprende en todos los idiomas.

Y ahí es cuando lo erótico brota…

Exacto. Con solo insinuarlo la gente ya lo entiende, esté en España, en Estados Unidos o en Argentina

La narrativa es una forma de evidenciar las fronteras y romperlas»


Carolina Rueda Cuentacuentos 

¿Cómo narra lo invisible? ¿ Cómo construye esos lugares comunes de conexión? 

Si te sientas a hablar con un amigo y él te cuenta una anécdota, él la recordará de forma tan vívida que te hará ver los colores, el horario, el vestuario. En esa potencia de la imaginación nos podemos encontrar, porque todos compartimos memorias. La gente guarda cosas rarísimas en su memoria. La palabra oral despierta esa memoria, ese imaginario. Y tú completas lo que yo sugiero. 

Por lo que el espectador también es un cuentacuentos…

El espectador trabaja. Cuando vienes a oír un cuento, vienes a trabajar. Y durante la gira descubrí que no solamente trabajas a mi mando, sino que también trabajas contra mí. Porque cuando yo te voy contando, tú quieres adivinar lo que viene, que yo no te pueda sorprender con algún giro. El espectador entra en diálogo conmigo.

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Descripción de la imagen

Miquel González / Shooting / Colaboradores

Hay quien define sus actuaciones como un viaje

Sí, porque vas a olvidar el paso del tiempo. Yo creo que el ejercicio del narrador es el de llevarte a la eternidad, al no tiempo. Y por un rato olvidas de la muerte, de los problemas, de la factura, de la novia, del novio, de lo que tengas. El cuento te lleva a otro lugar donde no hay tiempo y eres un testigo de una vida que te enriquece como la propia vida.

El ejercicio del narrador es el de llevarte a la eternidad, al no tiempo»

¿Se vuelve distinto del no tiempo?

Sí, al menos a mí como público me pasa. No hay ninguna acción más poderosa que un narrador de cuentos, porque viajo y experimento una vivencia de eternidad. Y no hablo de algo religioso, hablo de trascendencia.

¿Así entiende su arte?

Sí. El arte te enseña a verte en un espejo formador, deformador y monstruoso. Hay arte monstruoso porque nosotros también lo podemos ser. Cuesta verlo de frente, pero los cuentos nos ayudan a verlo, aunque sea de reojo. 

Como con las estrellas…

Exacto. Las estrellas no pueden ser vistas de frente en un telescopio, se han de ver de reojo. Tienes que enfocar en otra dirección y desde el rabillo del ojo notarla. Nos pasa lo mismo con nuestras debilidades o inseguridades.

Las estrellas no pueden ser vistas de frente en un telescopio, se han de ver de reojo, como las inseguridades»

Su principal herramienta es la imaginación, ¿se puede entrenar?

Se puede entrenar como cualquier músculo. Cuando empezamos a contar en la academia nos parecía largo un cuento de 10 minutos, después uno de 15, y ahora puedo contar uno de hora y media sin probelmas. Aprendes a mantener las imágenes en toda su potencia. Y a veces me han dicho que tiene mucho que ver con el teatro, entendiéndolo como algo escénico, pero creo que lo que pasa en el fondo es imagino con mucha vida. Esa es la clave.

¿Le contaron muchos cuentos de pequeña?

Tenía una familia muy habladora. Mi papá era locutor y narrador. Y mi mamá me contaba muy a menudo su infancia. Yo pensaba que a mí no me habían contado cuentos de pequeña hasta que me encontré una evaluación del colegio infantil al que fui. Decía que la única manera de mantenerme callada era contarme cuentos o permitirme que yo los contara. Y eso me sorprendió mucho.

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Entrevista a Carolina Rueda, al mejor cuentacuentos de Colombia

Miquel González / Shooting / Colaboradores

¿Le han criticado por aparentar sencillez?

Me molesta cuando nos miran y no valoran lo que hacemos porque siempre dicen, «pero es que no hacen nada más que hablar». Pero la cuestión es que el tiempo que invierto sobre el escenario no es para que la gente me mire a mi. No se trata de un acto de striptease, se trata de un acto de desnudamiento. Yo me voy desnudando con mis temores, mis odios o mis dificultades, y tu también lo terminarás haciendo. Y en ese desnudamiento mutuo ocurre el milagro.

¿Qué le mueve a contar?

Explorar la inquietud y el ejercicio de libertad. Contar me parece un ejercicio de libertad. Cuando tú imaginas, estás ejerciendo la libertad y hoy en día la libertad es un acto revolucionario. Porque la libertad no implica grandes hazañas, implica más bien pequeñas alegrías e ir al encuentro de lo que puedes proveer y proveerte gracias al arte. Y para terminar diremos que el arte te permite hablar desde otro lugar donde todo es posible. Eso libera, invita y provoca.


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