Para escribir hay que leer

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Hace 43 años, un 23 de abril, día de Sant Jordi, fallecía Josep Pla. En el día del Libro de este 2024 uno de los volúmenes protagonistas será sin duda la extensa –más de 1.500 páginas– y minuciosa biografía Un cor furtiu, que le ha dedicado el profesor y especialista Xavier Pla. Cualquier amante de este gran escritor ampurdanés, una de las firmas indispensables del siglo XX, hará bien en tenerla a mano, si no para leerla de un tirón, sí para ir degustándola calmadamente por capítulos temáticos. Descubriendo vivencias profesionales, como cuando Pla ejerció por unos meses la subdirección de este diario, desde dos días después de su retorno a Barcelona el 26 de enero de 1939 hasta la imposición por parte de Serrano Suñer de Luis de Galinsoga como director en abril de aquel año. Y curioseando en las incontables historias literarias y privadas, algo que la estructura del libro favorece.

Pla fue un lector voraz desde sus años de bachillerato en Girona, y un comprador compulsivo de libros desde el inicio de su etapa universitaria en Barcelona. Los Ensayos de Montaigne, tempranamente adquiridos en una edición de 1912, le acompañaron toda la vida. Hace algún tiempo otra figura importante de nuestras letras, Valentí Puig, se sumergió en su obra oceánica y a partir de ella compiló un Diccionario Pla de literatura recogiendo una antología de comentarios que el de Llofriu había dedicado a lo largo de su carrera a la plana mayor de literatos europeos, de épocas pasadas y contemporáneos a su andadura.

/ Josep Pla fue un lector voraz y un comprador compulsivo de libros. La protagonista de la novela póstuma de García Márquez es una lectora habitual

Y es que la buena creación no sale de la nada.

En los últimos años han proliferado los talleres de escritura. Son muchas las personas que quieren perfeccionar su prosa y aspiran a plasmar sus experiencias, sus evocaciones o su fantasía. En pleno apogeo de la comunicación digital el deseo de escribir está más vivo que nunca dentro de colectivos muy diversos. Sin embargo, como ha recordado el italiano Vanni Santoni en un texto delicioso, Para escribir hay que leer. Sin esta práctica continuada no hay técnicas que valgan. Santoni, que imparte clases de escritura, lamenta que “un porcentaje muy alto de los que quieren escribir no ha leído y no lee lo suficiente”, y si le piden consejos para aspirantes a escritores, responde: “Leer, leer, leer”.

Algo que sí realiza habitualmente la protagonista de otro volumen clave en el Sant Jordi que viene. Ana Magdalena Bach, antes, durante y después de sus viajes a la isla, es una devota de El lazarillo de Tormes, El viejo y el mar, El extranjero, Drácula , la Antología de la literatura fantástica de Borges, Bioy y Ocampo, Crónicas marcianas, El ministerio del miedo … Cuesta pensar que Gabriel García Márquez dispusiera por casualidad estas referencias en la que constituye su emocionante despedida de la narrativa , recuperada póstumamente, En agosto nos vemos.

Para escribir hay que leer. Dos grandes –por cierto, tan vinculados a Barcelona– como Pla y García Márquez lo dejaron patente a lo largo de miles de páginas. También conviene hacerlo para enriquecer la vida cotidiana abriendo ventanas de curiosidad, cultura, espiritualidad y belleza. Y para ahuyentar el peligro de idiotez progresiva del que nos advierte Quim Monzó en su nueva obra Ments preclares. El llibre dels idiotes, otra imprescindible recomendación para la jornada del próximo martes.

Como cada año el suplemento Cultura/s de La Vanguardia propone su selección de novedades, animando a nuestros lectores a desplazarse a las librerías y adquirir las que les interesen, porque en la pervivencia con sólida salud de las librerías se juega hoy buena parte del futuro de nuestra cultura. Y porque para casi todo hay que leer.

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