Por qué voto a Salvador Illa, por Manuel Castells

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Las elecciones catalanas del 12-M son potencialmente decisivas. Pueden dejar atrás una etapa de polarización social y parálisis institucional. Por eso quiero tomar posición pública en favor de un proyecto y una persona que nos pueden llevar por la senda del reencuentro entre catalanes, sentando las bases para una Catalunya que cuide a su gente y se proyecte en el mundo como un faro de innovación y civilidad, una referencia en las aguas procelosas en que hemos entrado.

Un proyecto de izquierda. No por ideología sino por experiencia. Las naciones no están por encima de las necesidades de los ciudadanos. Están primordialmente para servirlos en su vida cotidiana. Ya se acabó lo de morir por la patria, que, según la historia, resulta en que muchos mueren para que otros se aúpen al poder y hagan la suya, por más apellidos étnicos que acumulen.

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Àlex Garcia

Háblenme de salud, de educación, de cultura, de vivienda, del territorio, de ecología, de derechos animales, de jubilación, de empleo, de salarios, de seguridad, de igualdad entre mujeres y hombres, del respeto a cualquier identidad de género que cada uno decida, de ciudadanos catalanes, españoles y extranjeros, conviviendo en una sociedad multicultural como es la nuestra. Y peleando por todo eso para obtener los recursos necesarios, con o contra quien sea, el Gobierno español, la Comisión Europea, grandes empresas, todos aquellos que se apropian desproporcionadamente del producto de nuestro trabajo.

Máximo nivel de autogobierno para conseguir y afianzar todo eso. Y para contribuir a defender la paz en un momento en que resuenan de nuevo en Europa los tambores de guerra. Sin envolverse en banderas excluyentes, respetándolas a todas si lo merecen. Sin mirar atrás a nuestra historia de sangre y sin con­tarles fábulas a los jóvenes, evitando que se agoten en la búsqueda de una fórmula mágica que poco tiene que ver con lo que quieren sueñan. Ninguna bandera salva del impul-
so al suicidio. Más bien, acaba en suicidio colectivo.

En la lucha contra la covid pude observar la dedicación de Illa, su honestidad

Ese es el proyecto por el que yo voto. Pero un proyecto son palabras vacías sin personas que lo defiendan y lo implementen. Personas capaces, honestas y creíbles. Yo no voto a políticos sino a personas que sean políticos y de los que yo me fíe, con los datos en la mano. Y por eso voto a Illa, porque he estado con él en las trincheras de la lucha contra la covid y pude observar su dedicación, su honestidad y sus decisiones siempre basadas en análisis y recomendaciones de los científicos.

Pasamos también muchas horas hablando de Catalunya y el mundo. Es un hombre de paz, es un hombre tranquilo y tolerante, que se enfrenta impávido al insulto y suscita serenidad con su sola presencia, por algo es filósofo. Y luego actúa.

No quiero soslayar cómo he llegado a esta decisión. Como es público, tuve el honor de ser propuesto, en mi condición de independiente, como ministro de Universidades por la alcaldesa Ada Colau, a quien apoyé en tres campañas, incluida la última. Ha sido la mejor alcaldesa desde mi amigo Pasqual.

Pero estas elecciones van de otra cosa. Van de construir una coalición entre socialistas, comunes y republicanos de izquierda. Esta es la base política de la Catalunya del futuro. Y la realidad política indica que Salvador Illa es el único que la puede articular. Por votos y por templanza. Poco que ver con el anterior tripartito. Porque esta opción sería en realidad la versión política del bloque histórico que transformará Catalunya.

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