Roca Rey abre la Puerta del Príncipe y se reivindica en La Maestranza

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Cinco días después del asombro volvía Juan Ortega a La Maestranza, con nada menos que Roca Rey y Pablo Aguado completando la terna y toros de Victoriano del Río (1, 3, 5 y 6) y de Cortés (2 y 4). Un cartel que ya desde hace semanas supuso colgar otro , el de «no hay localidades», séptimo en la Feria de Abril.

La Maestranza, lugar de encuentro al reclamo del toreo donde acude gente guapa con sus mejores galas y la afición fetén, que resiste el embate en los tendidos de sol, ¡y qué sol! Sombra y sol, alcurnia y pueblo, unidos en el olé y en la democracia del pañuelo blanco al viento para premiar la obra del artista.

Y si de artistas con vitola hablamos, Ortega y Aguado, claro.

Y tras el paseillo, a Juan Ortega sacó a saludar el público de la sombra y el sol en recuerdo del asombro citado al inicio.

Juan Ortega puso punto final a su paso por una feria que es ya la de su consagración, con San Isidro a la vista

Salió el que abría plaza, serio toro que no permitió el lucimiento de Ortega cuando ensayó el toreo a la verónica y, escaso de fuerzas como estaba, apenas fue picado.

Suavidad en los redondos de la primera tanda rematada con un trincherazo sublime. Por el izquierdo se quedaba muy corto y de regreso a la diestra pese al buen trato de Ortega ya no hubo caso. Estocada efectiva y palmas para el trianero.

Buena presencia la del cuarto con el que se estiró Juan Ortega a la verónica, templando brusquedades, que tenían que ver con la falta de fuerzas.

A los medios el trianero para brindar al público una faena iniciada con muletazos por bajo, genuflexa la figura.

Ensayó Ortega el toreo en redondo y el toro perdía las manos, lo mismo al natural. Y el gozo previo en el pozo de lo imposible, consecuencia de lo que no puede ser. Sí fue y buena la estocada con la que Juan Ortega puso punto final a su paso por una feria que es ya la de su consagración, con San Isidro a la vista.

El diestro Pablo Aguado con su primer toro en el penúltimo festejo de la Feria de Abril

El diestro Pablo Aguado con su primer toro en el penúltimo festejo de la Feria de Abril

De presentación no muy allá el primero de Roca Rey con el que se estiró a la verónica. Testimonial el paso por el caballo, pero buen tranco en sus embestidas.

De rodillas Roca Rey y tras larga espera dos muletazos cambiados por la espalda de escalofrío. Y la música que se arranca.

Series compactas por uno y otro pitón que el toro tomó con viaje largo, destacando una serie de naturales rematadas con uno de pecho al hombro contrario. Se metió entre los pitones Roca Rey y el toro le levantó los pies del suelo metiéndolo el pitón en el muslo izquierdo pero sin llegar a herir, apenas un puntazo. Las bernadinas fueron de infarto y la estocada colosal, de la que el bravo toro rodó de inmediato. Dos orejas del tirón para Roca Rey y merecida ovación al de Victoriano del Río, trapío al margen.

Con dos orejas ya en el esportón Roca Rey (y, con él, el público) tenía la Puerta del Príncipe en el horizonte cercano cuando salió el quinto, que no dio oportunidad al lucimiento con el capote y poco bueno apuntó en los dos primeros tercios.

Seis estatuarios como declaración de intenciones como prólogo a un argumento de faena que empezó con derechazos y el toro con tendencia huidiza, rematados con un soberbio pase de pecho.

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Valor seco del torero peruano que tras una serie de naturales plantó sus reales sobre el albero y metido entre los pitones, desafiante, inmóvil, levantó a en pie a La Maestranza, antes de entrar a matar con toda la verdad por delante. Oreja cortada a sangre y fuego que le abría con todos los honores la Puerta del Principe.

De Toros de Cortés -misma casa, distinto hierro- el tercero, justo de presencia, y verónicas de temple y mano baja de Pablo Aguado.

Al quite de Ortega, tres delantales sabrosos y una media monumental, respondió Aguado por chicuelinas que el toro deslució.

Torería y naturalidad, que así es la tauromaquia de Aguado, en la apertura de faena, con dos trincherazos sublimes, prólogo a series por las dos manos en las que primó la templanza para conducir embestidas a las que les faltó entrega. Tres naturales a pies juntos que el toro tomó ya a regañadientes antes de que Aguado se fuera a por la espada y en el primer encuentro quedó prendido por el fajín de forma muy fea pero sin consecuencias. Y a la segunda, estocada hasta la bola. La ovación final a Aguado, de justicia.

Torería y naturalidad, que así es la tauromaquia de Aguado, con ovación final de justicia

Sin pena ni gloria los primeros tercios del que cerraba plaza y , para sorpresa de todos, Pablo Aguado que se va a los medios para brindar a la concurrencia, mientras lloviznaba y el viento arreciaba.

Derechazos a cámara lenta rematados con uno de pecho despacito, despacito. Como la siguiente serie, que hizo sonar la música. Toro noble de poca fuerza y exquisitez en los naturales, al ralentí y de uno en uno. Un cambio de mano fue como un fogonazo de sol.

¡Y que manera de entrar y salir de las suertes!.

Gran estocada y oreja de peso para Pablo Aguado, una delicia.

Roca Rey en volandas por la Puerta del Principe, Juan Ortega y Pablo Aguado a pie pero con el reconocimiento de todos.

Y la lluvia que caía del cielo como una bendición.

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