El Espanyol pierde de vista el ascenso directo

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En estos tiempos modernos ser perico es un deporte de riesgo, porque que el Espanyol esté en Segunda División no es suficiente penitencia para estos curtidos aficionados. Las cosas siempre pueden ir un poco a peor. Por ejemplo, es posible que en uno de los partidos más trascendentales del curso, el equipo roce el ridículo ante un rival que es casi un enemigo por quien ostenta su propiedad, Gerard Piqué, que vivió el partido desde una cabina y no desde el palco. Por ello, lo que vivió el aficionado blanquiazul ayer fue una pesadilla de esas en las que el villano adivina siempre los movimientos de su víctima. La pegada de Braithwaite le hizo despertarse antes de caerse por el precipicio pero, como su equipo en la lucha por el ascenso, se quedó al borde.

Después de nueve partidos sin perder y de unas sensaciones siempre in crescendo en lo futbolístico desde la llegada de Manolo González, contra el Andorra el equipo blanquiazul sufrió una involución aberrante. A estas alturas del campeonato debería el Espanyol ir a ganar cada partido con una vocación ofensiva, pero esta vez no pudo ni siquiera superar el medio del campo durante muchos minutos. Sin Aguado en la medular, pero sí con Keidi Bare, el Espanyol fue un completo desastre con balón. Una presión ordenada de su rival fue suficiente para ponerlo en evidencia. Los pitos desde la grada, desde luego merecidos, elevaron el nerviosismo de un equipo con mucho miedo a no cumplir su objetivo.

El Andorra se desplegó como un equipo formidable en la fase ofensiva

Y con estos ingredientes, el Andorra se desplegó como un equipo formidable en la fase ofensiva. El catalán Ferran Costa, sustituto de Éder Sarabia, ha continuado con la tarea del su predecesor pero ha introducido una mayor ambición ofensiva. Joan García se convirtió en la diana de un conjunto al que solo le faltó mayor fortuna ante el gol para someter a su esforzado rival. Sí la disfrutó en el primer tiempo en una combinación fantástica que remató Iván Gil desde la izquierda. Un tanto que hizo despertar al equipo perico, aunque sus llegadas al borde del área no pueden catalogarse ni de ocasiones de peligro.

Al descanso movió el banquillo González. Sentó a Keidi Bare y dio pábulo al fin a Álvaro Aguado, futbolista dotado técnicamente para gobernar cualquier partido. Y lo peleó el Espanyol con mejores intenciones. Pero fue eso. Una pelea. Nada fluye en el equipo perico. Todo es forzado. Fue Martin Braithwaite, el de siempre, el jugador diferencial de la categoría, el que remató con furia un centro desde la derecha de Omar, el primero en todo el partido. El danés fue de los pocos a su nivel en un día primaveral de alergia futbolística en Cornellà. Poco después rozó la remontada con un remate de puntera que se fue al palo.

Otra vez reclamó un penalti sobre Gragera que el colegiado decidió que no era

El corazón solo no sirvió para lograr los tres puntos. Cerca estuvo pese a jugar con Puado lesionado los últimos minutos. Otra vez reclamó un penalti sobre Gragera que el colegiado decidió que no era. Así se esfumaron dos puntos más de Cornellà en el partido, a priori, más sencillo de los que quedan. Lo que viene es un Tourmalet. Elche, Sporting, Valladolid y Oviedo. Mientras tanto, el segundo puesto se aleja y el perico ya no sabe si desilusionarse, enfadarse o seguir creyendo

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