El tecno de Berlín aspira al olimpo cultural de la Unesco

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La escena noctámbula de Berlín tiene un ritmo especial: el que le imprime la música electrónica que suena en sus clubs de tecno, y que hace de la capital de Alemania un imán internacional para los seguidores del género. La aureola se ha labrado de puertas adentro en locales legendarios para los adeptos como Berghain, Tresor o KitKatClub, y en manifestaciones callejeras como la Love Parade, recientemente recuperada y rebautizada como Rave The Planet.

Ahora, el comité alemán de la Unesco, de común acuerdo con el Gobierno federal y los länder (estados federados), ha inscrito la Technokultur berlinesa en la lista nacional de patrimonio cultural inmaterial de la Unesco, en la categoría de “artes escénicas, costumbres sociales, festivales y rituales”, y busca además su reconocimiento en la lista universal de patrimonio de la humanidad. 

Según el dictamen del 13 de marzo, los clubs de tecno de Berlín encarnan “valores como la diversidad, el respeto y la apertura de miras” y constituyen “una alternativa vivida a las prácticas clásicas de escuchar música”. La mayoría de actividades reconocidas en estas listas son saberes y costumbres tradicionales.

Origen y éxito

El tecno en Berlín cuajó al caer el Muro en 1989, como banda sonora de la reunificación alemana; su halo de libertad sigue

A la entrada de Berghain, el mítico club instalado en una antigua central eléctrica, cuyo nombre es acrónimo de los dos barrios que lo marcan (Kreuzberg y Friedrichshain), se forman monumentales colas de hasta cinco o seis horas sin garantía de ingreso. La inmisericorde política de admisión está en manos de los porteros y la etiqueta no escrita dice que, para obtener su plácet, hay que vestir de negro, acudir en grupos pequeños, y no armar barullo en la cola, ni mucho menos hacerse selfies. Heute leider nicht (hoy lamentablemente no) es la temida frase del rechazo en la puerta.

“Berlín es tecno, hay que venir aquí; y el Berghain en particular es un hito, es un gran lugar del que tanta gente habla, con esta puerta por la que es tan difícil pasar”, dice Ben Bünder, estudiante renano de 24 años, entusiasta de la música electrónica, que pasa unos días de vacaciones en Berlín y que no falta a su cita con el Berghain. “El tecno es Berlín; uno se maravillaría de entrar en un club en el que no sonara música tecno, está en todas partes”.

Los clubs de tecno contribuyen a la identidad cultural de Berlín, y a la comprensión que la ciudad tiene de sí misma, y están sólidamente imbricados en su historia política. La música electrónica –en puridad surgida como fenómeno en Detroit (Estados Unidos)- empezó a cuajar en clubs en Alemania a mediados de los años ochenta, sobre todo en Frankfurt y Berlín, que estaba aún dividida en dos por la guerra fría. 

23 March 2020, Berlin: The abandoned entrance area to the Club Berghain. The Techno-Club is closed because of the ban on assembly due to the spread of the coronavirus. Photo: Britta Pedersen/dpa-Zentralbild/dpa (Photo by Britta Pedersen/picture alliance via Getty Images)

El club Berghain, ubicado en una antigua central eléctrica, en marzo del 2020, cerrado por covid 

Britta Pedersen / dpa/Getty

Al caer el Muro en noviembre de 1989, edificios industriales, fábricas y almacenes del antiguo sector comunista quedaron en desuso y empezaron a acoger fiestas, primero ilegales y luego con todas las de la ley. Pinchadiscos, fans y sellos se arremolinaban en la noche con la excitación de los nuevos tiempos.

En octubre de 1990, Alemania se reunificó y arrancó para los clubs una época gloriosa. “El tecno se convirtió en la banda sonora del espíritu de optimismo tras la reunificación -razona el comité alemán de la Unesco-. La libertad resultante ayudó a establecer la escena tecno y de clubs tan presente en Berlín. El sonido y las producciones sonoras están estrechamente vinculados a la ciudad y desarrollaron su carácter especial en el contexto de la reunificación alemana”.

“Yo crecí en Berlín Este, tenía 11 años cuando cayó el Muro; de pronto, todo parecía posible”, rememora la berlinesa Anja Martinetz, de 46 años, a la puerta del Berghain. “Por eso en los años noventa, los medios y los artistas del tecno encontraron en Berlín un gran momento; el tecno no era originario de aquí pero se agarró, y entonces yo ya era una chica que salía, y el mundo de los clubs fue también mi tiempo; el tecno continúa gustándome mucho”.

Entrada a los clubs

La admisión está en manos de los porteros y la etiqueta no escrita dice que, para obtener su plácet, hay que vestir de negro, acudir en grupos pequeños, y no armar barullo en la cola ni hacerse selfies

La Technokultur berlinesa no tiene edad, ni orientación sexual ni nacionalidad ni color de piel. Pese a cuanto pudiera parecer, en sus pistas baila gente de todo tipo; nadie mira lo que hacen los demás, y a nadie le importa cómo es la diversión ajena. Sacar fotos en el interior de los clubs está estrictamente prohibido, lo cual contribuye al halo de exclusividad y a la sensación de libertad. 

No hay restricción horaria para locales de ocio, otra herencia de la historia: en 1949, en una brega entre autoridad y locales por el toque de queda, Berlín Oeste abolió la hora de cierre, y tras la reunificación, Berlín Este se incorporó al sistema. Los clubs pueden así abrir y cerrar básicamente cuando quieren.

De hecho, la Technokultur de Berlín no se circunscribe al interior de los clubs, y tiene su manifestación externa en el desfile Rave the Planet, heredero de la Love Parade de los años noventa –esta desapareció de la ciudad en el 2006 por razones administrativas-, que se celebró en el 2022 con miles de participantes, y este año será el 17 de agosto. 

Formatos y maneras

La ‘Technokultur’ de Berlín no se circunscribe al interior de los clubs, y tiene su manifestación externa en el desfile Rave the Planet; en los clubs no hay restricción de horarios, un legado de la guerra fría

Sus organizadores lo consideran una manifestación político-cultural. “Nos manifestamos por la paz, la protección y preservación de la cultura de la música electrónica y el reconocimiento de sus logros culturales y sociales”, sostiene Rave the Planet, que en el 2021 lanzó la campaña para que el tecno berlinés entrara en la lista de la Unesco.

La Clubcommission Berlin, que agrupa a las decenas de locales del tecno, grandes y pequeños- exulta de alegría y confía en que, aunque el nuevo estatus no conlleva beneficios materiales directos, facilite subvenciones y reduzca requisitos de apertura y mantenimiento, porque Berlín se ha vuelto una urbe muy cara, los alquileres suben y la gentrificación acecha. 

“La decisión nos ayudará a garantizar que la cultura de clubs sea reconocida como un sector valioso digno de protección y apoyo; mientras las óperas, los teatros y las salas de conciertos siempre han sido reconocidos como parte de la cultura, los clubs de música luchan por ser vistos como una parte plena de la cultura”, dice Lutz Leichsenring, miembro de la junta directiva.

Según la Clubcommission, el tecnoturismo atrae a Berlín cada año a más de 3 millones de visitantes, que gastan en torno a 1.400 millones de euros, lo que equivale a alrededor del 8% del gasto anual total de turistas. Pero el sector sufrió ingentes pérdidas durante el largo cierre por la pandemia del coronavirus, y pelea ahora para recuperarse.


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