“Estamos al borde de la jubilación”

Equipo
By Equipo
8 Min Read

Los propietarios del sector minorista de calzado están experimentando una profunda angustia debido a la pérdida de ingresos, lo que ha llevado a muchos de ellos a cerrar sus persianas. Se trata de un sector en declive, concretamente en Catalunya, donde el número de tiendas ha disminuido un 21,3% entre 2017 y 2021, según datos de la Generalitat.

La capital catalana atraviesa la misma situación. Barcelona tenía 808 comercios de calzado y piel antes de la pandemia (2019), pero en 2022 la cifra cayó a los 621. Esto se traduce a que tres de cada diez zapaterías han cerrado durante los últimos años.

Zapateros veteranos al borde de la jubilación

Entre tanto cierre progresivo, todavía existen algunos “supervivientes” que pueden vivir de su oficio como es el caso de David Martínez, zapatero y propietario de Calçat a mida Miras. David, de 59 años, regenta un negocio de calzado ortopédico a medida en el barrio barcelonés de Sant Andreu. Se empezó a interesar por el oficio con tan solo 16 años, cuando ayudaba a su padre en el negocio familiar. 

“Empecé oficialmente a los 22 años y aprendí gracias a mi padre, y a dos maestros zapateros. No tenemos escuela y la única manera de transmitir el conocimiento es de una persona a la otra”, dice para La Vanguardia el veterano zapatero, que espera jubilarse haciendo lo que más le gusta. Él mismo lleva a cabo el proceso de elaboración del calzado de sus clientes, adaptándose a las circunstancias de cada pie. Sus clientes provienen de todos los puntos de la geografía catalana porque “somo muy pocos” y “todos al borde de la jubilación”.

Horizontal

David regenta uno de los pocos negocios de Catalunya donde se hacen zapatos ortopédicos a medida.

Miquel González / Shooting

Precisamente, es la falta de relevo generacional, uno de los motivos por los que comercios multimarca se ven obligados a cerrar. Pero no el único. Gemma Morera, vicepresidenta de la Asociación Nacional Comercio Calzado (ANCC), cuenta a La Vanguardia que ve un “futuro muy negro” para el pequeño comercio de barrio y, en concreto, el de su sector: el calzado.

 “Muchas tiendas son incapaces de sostener los altos precios del alquiler, los suelos, los impuestos y las facturas. A esto hay que sumarle la repercusión de la venta online y la propia competencia de los proveedores, provocando que muchos comercios y grandes cadenas se acaben arruinando”.

Necesitamos leyes que regulen las rebajas y los descuentos agresivos


Gemma MoreraVicepresidenta de la Asociación Nacional Comercio Calzado (ANCC)

Morera es también propietaria de la cadena de Calzados Quetglas, con seis locales ubicados en Barcelona: “Aunque mi marido es la segunda generación de zapateros, nosotros queremos lo mejor para nuestro hijo y, por eso, no queremos que continúe con el negocio”.

La vicepresidenta de la ANCC expone que los comerciantes no quieren “ayudas para la digitalización”, haciendo alusión al kit digital que otorga el Gobierno con ayudas que van de los 2.000 euros hasta los 12.000 euros para invertir en la digitalización de cada empresa. “Por mucho que paguemos en posicionamiento nunca podremos llegar a la altura de las grandes plataformas digitales internacionales como Amazon o Zalando. No vamos a vender más. Lo que sí necesitamos son leyes que regulen las rebajas y los descuentos agresivos, ayudas con el alquiler o subvenciones por reformas. “Damos vida a los barrios de las ciudades, en el momento en el que nos vayamos las ciudades quedarán muertas”.

Horizontal

Varias personas esperan ante la apertura de una tienda de calzado en liquidación en Reus, Tarragona.

Xavi Jurio / Propias

Desde la ANCC intentan concienciar a los proveedores de la grave situación que atraviesan y les recuerdan que, en el momento en que no haya “probadores de zapatos” como se han convertido muchos comercios, también les perjudicará.

El auge de la venta online en detrimento de los pequeños comercios quedó reflejado con la pandemia. “La venta de moda y calzado en España era de un 7% en 2019, mientras que en el 2021 alcanzó el 21%. Una cifra que se ha mantenido a día de hoy”, expresa David García, Director Ejecutivo de MODACC – Clúster Català de la Moda i el Tèxtil, que agrupa 150 marcas. García cuenta que la facturación se está frenando este año y una de las principales preocupaciones del sector son las exportaciones.

El auge del calzado deportivo

Los hábitos de consumo también han experimentado un notable cambio en los últimos años con la reducción del zapato más casual y el auge de las zapatillas deportivas. “La comodidad es un atributo que se valora cada vez más, y el calzado más formal ha reducido mucho su cuota de mercado en relación al calzado casual. Es una tendencia clarísima del mercado, como lo es también la tendencia del mundo deportivo en la ropa general”, dice García.

Ante los obstáculos que atraviesa el sector, David García asegura que los propietarios que logran sobrevivir son aquellos que ofrecen productos singulares dirigidos a clientes determinados. Una tarea que no siempre es fácil en el contexto actual. Roger Amigó lo intenta desde que abrió su pequeña tienda de zapatos artesanos en el barrio del Born, en Barcelona.

Roger Amigó regenta una tienda de calzado llamada Nu Sabates en el barrio barcelonés de El Born.

Roger Amigó regenta una tienda de calzado llamada Nu Sabates en el barrio barcelonés de El Born.

Cedida / Nu Sabates

Su afición por el calzado desde bien pequeño lo llevó a cerrar su productora de cine y sumergirse en este sector. Nu es el nombre de su zapatería, un local diseñado con gusto en el que pasa los días conversando con clientes de todo el mundo. “Tengo clientes que están de paso por la ciudad y otros que vienen de manera recurrente”, cuenta Amigó. Son zapatos —asegura el propio zapatero— de diseño minimalista, de buena calidad y fabricados en un taller de Andalucía, y uno de los modelos honra a la memoria de su abuelo Evarist Bertrán. 

Su colección es pequeña, aproximadamente unos 12 modelos entre hombres y mujeres, atemporal, y la horquilla de precios oscila entre los 350-500 €. Su objetivo es producir zapatos “sin fecha de caducidad”, y “reparar la suela o la goma cuando quieras para seguir dándoles uso”. Roger Amigó cree que el secreto de poder “vivir” del calzado es tener un producto de “mucha calidad”, “diferenciado” y “una buena ubicación” de tu negocio. 

Share This Article
Leave a comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *