Iberdrola cerrará sus ciclos de gas en 4 o 5 años

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Iberdrola ha activado la cuenta atrás para desprenderse de los 5.723 MW que tiene instalados en las siete centrales térmicas de ciclos combinados distribuidas por España, el 73% de los 7.840 MW de esta modalidad de generación que la compañía tiene en todo el mundo, según ha podido saber La Vanguardia.

Las centrales térmicas de ciclos combinados son las infraestructuras que utilizan gas para producir energía eléctrica y son estratégicas en el sistema eléctrico por su flexibilidad. Pero la compañía presidida por Ignacio Galán se ha autoimpuesto una hoja de ruta de transición verde que choca con las emisiones de esta tecnología.

Entre los objetivos anunciados en su plan estratégico está el de alcanzar la neutralidad de emisiones de las centrales de generación, de su actividad de distribución eléctrica y sus consumos propios en el 2030 y alcanzar las cero emisiones netas en toda su cadena de valor en el 2040. “Si no cerramos los ciclos combinados, no llegamos a cumplir objetivos”, reconocen fuentes de la compañía.

El Gobierno, forzado a pagar más a los ciclos combinados o a impulsar baterías para garantizar la seguridad

Si el objetivo de cierre ya estaba en su hoja de ruta, su necesidad se ha hecho mucho más visible una vez que la compañía ha constatado el fuerte descenso de emisiones que supone desprenderse de esta tecnología tras la venta, el pasado mes de febrero, de 12 centrales de ciclos combinados, unos 8.500 MW, en México, de lo que sacará pecho en su próxima presentación de resultados.

La decisión de Iberdrola mete más tensión a las costuras del sistema eléctrico español en plena transición energética, aunque, en principio, pudiera no parecerlo. Un informe de PwC para la Fundación Naturgy constata que “en los últimos 20 años las horas equivalentes de funcionamiento de los ciclos han experimentado una reducción del 45%, como consecuencia principalmente de la entrada progresiva de tecnologías renovables”.

Pero, por contradictorio que parezca, en el mundo de las renovables el gas va a convertirse en una pieza estratégica para garantizar el respaldo al sistema eléctrico. Durante la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania, la escalada de los precios del gas puso en primera plana la importancia de esta tecnología. Su entrada en funcionamiento, cuando era necesario, caía como una losa en las facturas estratosféricas facturas de los consumidores. Pero, en ese año 2022 las centrales de ciclos combinados fueron las que más electricidad generaron en España, con más del 24%.


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Así lo ha marcado el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (Pniec) 2023 y 2030. En él, los ciclos combinados tienen un gran protagonismo como garantes de la estabilidad del sistema eléctrico. El borrador, que en estos momentos está siendo supervisado por Bruselas, contempla incrementos en la generación de todas las energías renovables, el cierre de la nuclear, así como un impulso al almacenamiento (baterías, hidrógeno). Sin embargo, este esfuerzo no será suficiente como para prescindir de los ciclos combinados, la única energía contaminante cuyo volumen de generación no se modifica, y permanecerá en todo el periodo en torno los 26 GW. Es decir, que según estos números, cuenta con los ciclos de Iberdrola.

Estas infraestructuras se enfrentan a un reto: su mantenimiento y su actualización. Están obsoletas y sus continuas paradas y puestas en marcha agudizan los problemas de funcionamiento. En el caso de Iberdrola, su plan estratégico contempla 41.000 millones de euros en inversiones, pero ninguno de ellos destinados a energías contaminante (como los ciclos combinados), sí al almacenamiento verde.

Hasta 23 GW de potencia procedente de los ciclos combinados podría necesitarse en 2030 para sustentar el sistema eléctrico basado en renovables, según PwC

El mencionado informe de PwC alerta de que “incluso si en el 2030 se mantiene la actual potencia instalada de ciclos combinados, tal como prevé el Pniec, es posible que en ciertas horas se requiera una potencia máxima de centrales de ciclos combinados de hasta 23 GW, que sería superior a la que se alcanza en la actualidad en una misma hora (17,7 GW), lo que podría derivar en riesgo de cobertura de la demanda”.

Aunque solo Iberdrola cerrase sus ciclos ya sería un riesgo para el sistema. El Gobierno lo sabe. A finales del año pasado pidió autorización a la Comisión Europea para crear un “mecanismo de pagos por capacidad”, que no es otra cosa que pagar a las propietarias de ciclos combinados solo por estar disponibles para entrar en funcionamiento cuando el sistema lo necesite. Ahora, solo cobran cuando inyectan energía al sistema un negocio en regresión cuando cada vez están más tiempo parados. Iberdrola habla de cierre, también Naturgy. En ese contexto, la ecuación está planteada de esta manera: o se incrementa la remuneración de los ciclos para que les interese no cerrar o hay que disparar la apuesta por el almacenamiento que compense su labor de estabilidad del sistema.


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