La colonia protohippy y artística de Monte Verità

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La legendaria escritora y viajera Annemarie Schwarzenbach escribió en su libro sobre Suiza publicado en 1932: “A Ascona llegan los curiosos y esperan encontrar hombres de largas barbas y mujeres vestidas con sambenitos, han oído algo de Monte Verità, rumores de aventuras, quizá el nombre de aquel belga Oedenkoven –vegetariano, naturista, reformador del mundo– que hacía más de treinta años le puso nombre al monte y aguantó de modo extraño y digno las continuas decepciones, la ridiculización y el desprecio”.

En los albores del siglo XX, en el Tesino suizo, cerca de Ascona y el Lago Maggiore, en una colina conocida como Monte Verità, un reducido grupo de mentes inquietas montaron un sanatorio y fundaron una colonia en la que pretendían vivir según sus convicciones, libres de los corsés de la época. Estaban hartos de la vida en la ciudad, de la opresión del Estado, de las convenciones y constricciones de la sociedad biempensante y de la progresiva tecnificación. Practicaban el vegetarianismo, el naturismo, el pacifismo, la libertad sexual, la búsqueda espiritual y hasta esotérica, la comunión con la naturaleza y una suerte de comunismo primitivo en el que todo se compartía. Habían leído a Tolstói y a Thoreau y crearon en las montañas suizas su utopía. Eran hippies antes de que tal término se hubiera inventado. Tenían algo de visionarios y a lo largo de los años Monte Verità se convirtió en un imán que atrajo a excéntricos, rebeldes, ácratas y también a artistas y escritores inquietos, con ganas de expe­rimentar nuevas formas de vida y de creación.

⁄ Practicaban el naturismo, el pacifismo, la libertad sexual, un comunismo primitivo y la búsqueda espiritual

Así se fue forjando el mito de aquel lugar, que fue evolucionando con el tiempo –de sanatorio pasó a hotel–, pero mantuvo a lo largo de las décadas el aura de espacio de libertad y vida alternativa. Su historia sigue fascinando. Daphne du Maurier, la autora de Rebeca , escribió una novela corta titulada Monte Verità , publicada por la editorial El Paseo, que también sacó Contra la vida establecida de Ulrike Voswinckel, un ensayo sobre ese paraje, centrándose sobre todo en los intelectuales procedentes de Múnich que acabaron allí. 

El año pasado se estrenó La fotógrafa de Monte Verità , película suiza de Stefan Jäger (disponible en Movistar+) que cuenta la historia de esa comunidad a través de un personaje ficticio. Hace un par de años quedó finalista al Premio Herralde de Novela El baile y el incendio de Daniel Saldaña, en la que hay diversas referencias al lugar, y acaba de aparecer en librerías Las brujas de Monte Verità , de la argentina Paula Klein, en la que una mujer en crisis se pone a investigar sobre esa singular microsociedad que exploró nuevas perspectivas vitales que años después retomarían los hippies.

Bailarines de la influyente compañía de Rudolf von Laban ensayando desnudos al aire libre. En Monte Verità se practicaba el naturismo

Bailarines de la influyente compañía de Rudolf von Laban ensayando desnudos al aire libre. En Monte Verità se practicaba el naturismo

Del libro ‘Contra la vida establecida’, ed. El Paseo

En la fundación de esa utopía en 1900 hay cuatro figuras fundamentales: el belga Henri Oedenkoven, las hermanas alemanas Ida y Jenny Hofmann y los hermanos austriacos Karl y Gusto Gräser. Este último era una suerte de profeta errante, que llegó a vivir como ermitaño en una gruta, tuvo problemas con la justicia por sus radicales posturas antibelicistas en los tiempos de guerra y actuó como maestro y casi gurú de Hermann Hesse, que lo reverenciaba y formó parte del universo de Monte Verità, como otros escritores y artistas. Varias fotografías de Hesse desnudo en esa montaña dejan constancia de su presencia allí, por donde también pasaron Rilke, Erich Maria Remarque, Paul Klee, Carl Gustav Jung, el poeta y revolucionario Ernst Toller y el ocultista Rudolf Steiner, entre otros.

⁄ Por allí pasaron Hermann Hesse, Rilke, Erich Maria Remarque, Paul Klee, Carl Gustav Jung e Isadora Duncan

En Monte Verità estuvo una temporada Isadora Duncan, recuperándose de la crisis que sufrió por la muerte de sus dos hijos, ahogados en el Sena. Pero en este ámbito artístico la presencia más relevante fue la de los dos creadores de la llamada danza expresionista, Rudolf von Laban y Mary Wigman, que se instalaron allí con sus bailarinas, como atestiguan múltiples fotografías de ensayos frente al lago. Wigman creó allí su fundamental Hexentantz (la danza de las brujas), que paseó por toda Europa y tuvo una influencia crucial en la coreógrafa norteamericana Martha Graham.

El estallido de la Primera Guerra Mundial atrajo a esa montaña de Suiza a pacifistas e intelectuales que no querían participar en ella, como Hugo Ball, que pasó por Monte Verità y en Zúrich puso las bases del movimiento dadá; la rebelde poeta Else Lasker-Schüler, que acabó emigrando a Palestina, o el poeta Stefan George. También llegó allí, con el pintor del Blaue Reiter Alexej von Jawlensky, la pintora Marianne von Werefkin, que se quedó a vivir en Ascona, donde falleció en 1938, convertida en una suerte de representante y recordatorio de lo que fue un auténtico laboratorio vital, intelectual y artístico. Hoy sigue activo el Hotel Monte Verità, de estilo Bauhaus, construido por el arquitecto alemán Emil Frarenkamp en 1927 y acaso todavía deambulen por esa montaña los espíritus de aquellos visionarios abuelos de los hippies.

LIBROS

Daphne du Maurier Monte Verità El Paseo

Paula Klein Las brujas de Monte Verità Lumen

Ulrike Voswinckel Contra la vida establecida El Paseo

Daniel Saldaña El baile y el incendio Anagrama

PELÍCULA

Stefan Jäger  La fotógrafa de Monte Verità Movistar+

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