La industria armamentística se pone en marcha ante la futura defensa europea

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Si, como dijo irónicamente Georges Clemenceau, “la guerra es un asunto demasiado serio como dejárselo a los militares”, habría que ver si las empresas pueden tomar cartas en el asunto. Porque, como afirmó el International Institute for Strategic Studies (IISS), hemos entrado en “la era de la incertidumbre”: la industria armamentística se prepara para vivir su próxima edad dorada.

Para construir un sector fuerte en Europa habría que dejar de comprar tanto a Estados Unidos

La geopolítica ha cambiado las prioridades. El gasto de los estados en esta partida se ha disparado. Alcanzó a escala mundial 2,24 billones de dólares en términos reales en 2022 (datos del instituto SIPRI).

Las empresas europeas están en el top 10 mundial pero su negocio lo hacen fuera de la UE

Y es Europa la que se está poniendo el uniforme, con un incremento anual del 13%, el mayor en 30 años y con una cifra total (345.000 millones de dólares) que los estados europeos occidentales no desembolsaban desde la época de la guerra fría, anterior al fatídico 1989.

De las armas que necesita la UE proceden del exterior, un porcentaje elevado teniendo en cuenta el tejido empresarial europeo del sector

Las perspectivas económicas para las empresas de este sector son buenas, porque en el conjunto los países europeos no ha llegado a destinar al 2% del PIB a la defensa, algo que sí lograron Polonia y países bálticos, tras el ataque de Rusia a Ucrania. Hay margen para crecer.

En el mercado, EE.UU. es quien reparte las cartas (y las armas). Es el gran proveedor armamentístico mundial, con una cuota del 42%. Europa se encuentra en un limbo difícil de entender. Por un lado, sus cancillerías promueven soluciones diplomáticas y hacen llamamientos a la desescalada de los conflictos (en particular en Oriente Medio).

Por el otro, las empresas europeas hacen suculentos negocios precisamente con los estados de aquellas regiones y otros puntos calientes del planeta: cerca de un tercio de las exportaciones de armas del mundo son protagonizadas por empresas pertenecientes a países europeos. En la lista de los diez vendedores más importantes aparecen cinco estados del Viejo Continente, según datos de 2023. Se trata de Alemania —11% de todas las ventas globales—, Francia (7%), Italia (5%), Reino Unido (4%) y España (3%).

Las empresas europeas se lucran en las zonas bélicas. La mayor parte de las importaciones de armas de los estados de Oriente Medio fueron suministradas por Estados Unidos (52%), pero seguidos de Francia (12%), Italia (10%) y Alemania (7,1%). Las armas importadas en los últimos 10 años se han utilizado en Gaza, Líbano y Yemen.

Si es cierto que las cinco primeras compañías del mundo por facturación son estadounidenses (Lockheed, Raytheon, Northrop, Boeing, General Dynamics), las empresas europeas también tienen sus propios campeones . En los últimos dos años, desde la invasión de Ucrania, sus retornos en bolsa se han disparado. Las acciones de la alemana Rheinmetall (municiones) se han incrementado un 430%, BAE Systems, un 85%, Thales un 89% y el índice Euro Stoxx del sector aeroespacial y defensa (SXPARO) un 90%. A pesar de recibir nuevos pedidos, muchas empresas armamentísticas europeas no pueden aumentar su capacidad de producción debido a la escasez de mano de obra, el aumento de los costes y las interrupciones en la cadena de suministro, agravadas por la guerra de Ucrania. “Las empresas no estaban preparadas al no conseguir adaptarse a la producción que requiere una guerra de alta intensidad”, afirman desde el SIPRI. Todo se retrasa.

Tenemos así una situación paradójica. Pese a tener un sector armamentístico europeo muy potente y con influencia en el mundo, la Unión Europea recurrió al mercado exterior para comprar el 80% de su armamento entre febrero de 2022 –el comienzo de la guerra de Ucrania– y junio de 2023. Un porcentaje que Enrico Letta, autor del reciente informe sobre el mercado único europeo, ha calificado de “vergonzoso”. Y por si no fuera suficiente, hoy apenas el 18% de las compras europeas se gestionan de forma conjunta. Más de la mitad de las importaciones de armas europeas proceden de Estados Unidos. “Esto obedece al objetivo de mantener las relaciones transatlánticas, aparte de aspectos técnicos y costes”, decía Dan Smith del SIPRI.

La demanda de armas crece y la producción no da abasto, mientras las acciones se disparan en bolsa

Sin embargo, a partir de ahora Europa tendrá que fabricar y producir más para su uso interno. “En comparación con EE.UU., Rusia o China, Europa gasta en porcentaje de su PIB hasta un 45% menos que EE.UU. Esta situación, que durante años supuso importantes ventajas para Europa en términos de recursos dedicados a otras partidas , se ha vuelto en su contra”, escribía el profesor de la Universidad Complutense Antonio Fonfría.

Francia o Alemania hacen negocio en Oriente Medio pero luego piden desescalada

El nuevo plan europeo establece que todos los países de la UE deben comprar al menos la mitad de su armamento dentro del propio bloque para 2030, realizar como mínimo el 40% de sus compras de forma conjunta y elevar el peso del mercado interno hasta al menos el 35% de todo el negocio europeo de armas. Además, la estrategia incluye la creación de un fondo de 1.500 millones de euros entre 2025 y 2027 para la industria militar europea.

Hay que esperar al 2040 para poner en marcha el avión de combate europeo: unas inversiones largas y costosas

Es una transformación radical, pero que presenta varias incógnitas. Según Stefano Pontecorvo, presidente de Leonardo, “la industria de la defensa ya no funciona como un arsenal sino más bien por encargo. Para acelerar la producción de artículos con largos plazos de entrega, es necesario producirlos en mayores cantidades. Y estas inversiones no pueden hacerse de golpe”. Por ejemplo, el futuro avión de combate europeo (FCAS) puede tardar 15 años en estar operativo.

Para Abel Romero, analista del Instituto Español de Estudios Estratégico (IEEE), “el problema es que la capacidad de defensa de la UE es una quimera, pues no solo no existen las capacidades militares necesarias, sino que además están fragmentadas y son excesivamente diversas. Si queremos una industria de defensa europea capaz, parece razonable que las industrias de armamento americanas permitan el desarrollo de las europeas, y no pretendan seguir vendiendo sus productos en Europa de forma mayoritaria, como sucede en la actualidad”. “Ningún país puede ser autónomo en defensa solo”, recuerda Rafael Martínez, catedrático de Ciencias Políticas de la UB. “Lo más sensato es que cada país europeo se vaya especializando en un área y que las empresas formen consorcios para ofrecer productos de forma conjunta”, opina.

La guerra es un asunto demasiado serio como para dejarla solo en manos de Estados Unidos.

España

Un sector en auge

Invertir más en defensa no significa necesariamente menos en hospitales o educación. Los analistas hablan del “dividendo de la disuasión”: la seguridad atrae inversiones. Además, muchas innovaciones tecnológicas militares acaban luego trasladándose al civil (piensen en el GPS). Es un sector que crea riqueza. Tal como recordaba Pablo de la Cruz Greciet, CEO de Anzen Engineering, en España el sector da trabajo de forma directa e indirecta a 210.000 personas, con un salario que es el 85% superior al promedio. Contribuye con con un porcentaje del 1,31% sobre el total del PIB. Indra, Navantia, Airbus representan el 70% del sector en España, formado por casi 400 compañías. La facturación supera los 6.500 millones de euros y el 78% de las ventas tiene lugar en el extranjero

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