Sant Jordi (con Hemingway) en ‘La Vanguardia’

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Es difícil que todo el mundo llegue puntual a un encuentro al que han sido citadas veintisiete personas. Pero todavía es más complicado que la primera en llegar sea la que viene directa desde Bruselas. La corresponsal Beatriz Navarro, que acaba de publicar Dolly Parton. Un retrato americano (RBA), tomó el viernes un vuelo directo para acudir a la tradicional fotografía de autores y articulistas de La Vanguardia, que este año se realizó en el Turó Park, un oasis de calma muy cerca de la redacción.

Este es un año prolífico para los periodistas, pues son muchos los que se han animado a escribir, más allá de lo que ya hacen diariamente en sus artículos. La mayoría trajeron sus libros, por si Mané Espinosa, el fotógrafo elegido para tan noble tarea, lo pedía. No todos lo sacaron. Pero quien estuvo a punto de salir, aunque a última hora se echó para atrás, fue Hemingway. A falta de su poemario, Camp pervers (Proa), David Castillo trajo consigo un ejemplar de El viejo y el mar, que dio mucho que hablar en el encuentro.

Castillo no es el único que ha publicado poesía este año, pues el Febre amb gel (Fonoll), de Francesc Bombí-Vilaseca, también llevaba tiempo cocinándose y por fin ha visto la luz; al igual que Palabras ojos (Vaso roto), de Juan Bufill, que desde una perspectiva antinihilista explora la posibilidad de una vida verdadera; o Ernest Farrés, que en Franciscanismes (Stonberg editorial), presenta unos poemas protagonizados por Francisco de Asís y otros que ilustran virtudes o vicios humanos”.

Además de poetas, este año, el grupo también incorpora dibujantes, Jordi Canyissà, que, con Ibáñez. El maestro de la historieta (Bruguera), adentra al lector al amplio mundo del dibujante barcelonés; y Jaume Capdevila, más conocido como KAP, que junto a Elisenda Pineda publica La catalana llengua (Ara Llibres). Quien sabe si en un futuro alguno de ellos se anima a ilustrar El jove Palau i Fabre (Galàxia Gutenberg), de Julià Guillamon; o Los inculpados (La esfera de los libros), de Ignacio Orovio. A ambos autores les gusta cocinar a fuego lento. El primero lleva más de veinticinco años escribiendo este libro, y, Orovio, desde 2004, cuando diez bombas estallaron en cuatro trenes de Cercanías de Madrid. Él estaba allí cubriendo la noticia, y ese mismo día empezó a escribir.

Mallorca estuvo muy bien representada, con Carme Riera, que logró sacar tiempo de debajo de las piedras pese a lo atareada que anda estas últimas semanas con la promoción de Una sombra blanca (Alfaguara/Edicions 62); por Llucia Ramis, que junto con Gemma Sardà participa en los relatos colectivos de T’estimo com la sal (Viena); y por Marta Mora, que está haciendo una beca en la sección de cultura y que identificó desde el minuto uno a todas las mujeres de su tierra cuando estas todavía estaban de espaldas. “Creo que es por la bolsa que llevo, de tela de llengües, es muy típica de Mallorca”, dice Ramis al conocer el don de la joven periodista.

No estaba claro hasta última hora que pudiera venir Màrius Carol (Historias de la canallesca, Libros de Vanguardia), por su apretada agenda; Alexis Racionero (Mushin, Kairós), que terminaba una reunión a cinco minutos de que se disparara esta foto; Enric Juliana (España: El pacto y la furia, Arpa), pues habitualmente está en Madrid; o Josep Playà (Els últims secrets de Dalí, Gavarres), quien, pese a seguir colaborando habitualmente con el diario, disfruta de una más que merecida jubilación y podría perfectamente haber estado bañándose en la playa de Cadaqués. Por fortuna para todos, pudieron venir para celebrar con sus compañeros los días previos al día de la Rosa y el Libro.

Otra de las dudas era si Piergiorgio M. Sandri (La fórmula 1 del mar, Libros de Vanguardia), se atrevería o no a venir en pijama, pues a mitad de semana sugirió esa idea en redacción. Finalmente, no lo hizo, aunque no lo descarta para la próxima convocatoria. Quien sabe si entonces lo hace con uno con diamantes incrustados, si se inspira leyendo El primer millonario de Barcelona (Libros de Vanguardia), de Fèlix Badia. Aunque el futuro mejor lo dejamos para Josep Oliver y Albert Lladó, que en sus ensayos respectivos, Un mundo distópico (Tibidabo Ediciones) y en Contra la actualidad (Galaxia Gutenberg), reflexionan sobre cómo determinadas acciones de nuestro presente pueden provocar profundos cambios a no tan largo plazo.

De tecnología tenían mucho de qué hablar José Ramón Ubieto, que en ¿Adictos o amantes? (Octaedro) aporta las claves para la salud mental digital en infancias y adolescencias: y Francesc Bracero, que en su libro Bicicletas para la mente (Península), “pensado para la gente que no entiende la tecnología”, hace un viaje desde el primer PC hasta la inteligencia artificial. De su misma sección de sociedad, también estaba presente Albert Molins, que aportó el toque gastronómico, como siempre hace en redacción para deleite de todos, con Comer sin pedir permiso (Rosamerón).

El estelar grupo lo cerraron Pablo Foncillas, con su Maestros del juego: 18 reglas para ganar la partida de los negocios (Conecta), dedicado a todos aquellos que nunca tuvieron tiempo de leer su manual de instrucciones; y Jaume Collell, que en Serrat, la música de una vida (Debate / Rosa dels Vents) rescata la trayectoria del ‘noi’ de Poble Sec, una de las figuras más importantes de la canción moderna.

Además de los ya mencionados, vuelven a las librerías Quim Monzó (Ments preclares. El llibre dels idiotes, Libros de Vanguardia); Sergi Pàmies (A les dues seran las tres, Quaderns crema /Anagrama); Pedro Vallín (C3PO en la corte del rey Felipe, Arpa); Raúl Montilla (Las hijas de la fábrica, Grijalbo); Laura Freixas; Irene Solà (Et vaig donar ulls i vas mirar les tenebres, Anagrama); Jordi Llavina (Proses de l’entreclaror, Gavarres) y Oriol Malet (La bèstia de Montserrat, Edicions Paper d’Estrassa).

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