Un hola (Ruud), un adiós (Nadal) y un hasta luego (Alcaraz), por Joan Josep Pallàs

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No ha sido este un Trofeo Godó cualquiera. La aceptación del paso del tiempo como algo irremediable no impermeabiliza contra el total de las nostalgias. Hay despedidas que marcan más que otras. Y la experimentada en la presente edición del gran torneo de Barcelona puede considerarse la más importante de su historia. Hubo un tiempo en el que Rafa Nadal nos pareció invencible. El campeón de doce Godós pisaba la arcilla del Real Club de Tenis de Barcelona dejando huella de gigante. La noticia era que perdiera, no ya un partido sino un set.

Esta vez el balear no vino para ganar sino para decir adiós compitiendo con una dignidad a la altura de su reputación. Ganar también es eso. Dejar un buen recuerdo. Ser tenista para que el público te recuerde manejando la raqueta sin la soltura de antes pero con la integridad de siempre. Acabado el partido, Nadal, en la sala de prensa, dio las gracias al torneo de Barcelona con la sinceridad del discurso no preparado sino integrado de modo orgánico en uno mismo. Por eso le salió tan bien. “Lo normal es que haya sido mi último partido en el Godó. Todos sabéis lo importante que ha sido este torneo para mi carrera, este ha sido el torneo por excelencia que tenemos en España desde hace mucho tiempo. Los mejores jugadores de la historia han pasado por aquí y yo siempre he respetado esa historia. Encima se juega en un club de tenis, por eso este torneo es diferente a la gran mayoría. He disfrutado muchísimo de jugar aquí, he vivido momentos muy bonitos, he conseguido ganar 12 veces. Algo inimaginable para mí. Sólo puedo dar las gracias por el trato recibido a toda la gente de este club”. Una placa para esas palabras.

La vida sigue. Después de un gran adiós llega un, de momento, pequeño hola. Prosiguió el Godó y ganó Casper Ruud. El noruego, sexto del mundo pero con pocas victorias significativas, se llevó la final (su primer 500) ante Stéfanos Tsitsipás, el griego al que ama la ciudad pese a que se le resiste (cuatro finales perdidas lleva). El tenis de Ruud, más mecánico, se impuso esta vez al de su adversario, con más repertorio y toques geniales (su revés a una mano es una deliciosa rareza en el circuito) pero en ocasiones demasiado irregular. Seguramente tuvo que ver el cansancio arrastrado por Tsitsipás, con partidos a tres sets en los cuartos de final y las semifinales en el turno de tarde, mientras Ruud levantó el trofeo sin perder un solo set. El noruego, que había caído con claridad en la final de Montecarlo ante el mismo rival, firmó en el RCTB una rápida venganza.

Todo pasa 

La vida sigue y Ruud ganó un torneo que Alcaraz ya sueña con arrebatarle

El presente Godó será recordado también por la desaparición de tenistas españoles a partir de los cuartos de final, un hecho que no sucedía desde hacía 35 años. Ha sido una semana dura para el tenis español. Nadal se va despidiendo de las pistas y Garbiñe Muguruza ha decidido hacerlo del todo. Pero regresarán los gigantes. Carlos Alcaraz lloró por no poder venir a Barcelona. Un adiós, un hola y, menos mal, un hasta luego.

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Ruud, en acción en la final del Trofeo Conde de Godó

Xavier Cervera / Propias

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