El federalismo no es una utopía, por Lluís Foix

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Los últimos diez años no han ido bien para Catalunya, que ha dedicado más tiempo y energías en lo que debía ser que en lo que tenía que hacer. Una fecha aceptada para marcar el comienzo del procés puede ser la gran manifestación del 10 de julio del 2010 en contra de la sentencia del Estatut, que había recorrido todos los pasos previstos por la Constitución y, sin embargo, fue enmendado en 14 artículos a instancia de los recursos presentados por el Partido Popular.

Aquella gran manifestación de cientos de miles de catalanes llenando el paseo de Gràcia fue encabezada por el president José Montilla, que tuvo que ser escoltado por un cordón de seguridad de los Mossos antes de terminar el recorrido al verse increpado por un grupo de manifestantes.

Desde aquel choque emocional de gran voltaje político se sucedieron manifestaciones multitudinarias a partir de la Diada del 2012, que el entonces president Mas se hizo suya. Pidió una mayoría excepcional adelantando las elecciones al 25 de noviembre y pasó de 62 a 50 diputados de lo que entonces era CiU. No supo leer aquellos resultados y siguió adelante hacia la independencia, volvió a convocar elecciones en septiembre del 2015, las ganó nuevamente encabezando Junts pel Sí, pero no contó con los diez votos de la CUP para ser investido y en palabras de un diputado cupero fue enviado “a la papelera de la historia”. En su lugar fue elegido inesperadamente presidente de la Generalitat el diputado Carles Puigdemont, que impulsó la celebración del referéndum unilateral del primero de octubre del 2017 y una brevísima declaración de independencia el 27 del mismo mes.

foto XAVIER CERVERA estelades (banderes independentistes) senyeres catalanes, llaços grocs, samarretes de l ANC,... a la cruilla de passeig sant joan amb carrer sant antoni maria claret, on hi conflueixen el la delegacion a barcelona del ministerio de trabajo y seguridad social, i tambe el govbierno de españa pel q fa a inmigracio Oficina de Extranjeria La Diada Nacional d’enguany és diferent, per la Covid-19 i la crisi econòmica i social que la segueix. Aquest 11 de Setembre ens tornarem a mobilitzar per expressar que necessitem les eines d’un estat independent per fer front a la crisi actual i defensar els drets fonamentals, en especial el dret a manifestació. La mobilització presencial treballa la idea bàsica de la independència com a únic mitjà per poder disposar de totes les eines necessàries per sortir d’aquesta crisi amb garanties i construir un futur millor. Així, proposem concentrar-nos en diferents edificis de l’administració estatal espanyola, per recordar on és el poder que aspirem a reemplaçar, per exercir-lo en benefici de la ciutadania de Catalunya. Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) i Tesorería General de la Seguridad Social (TGSS) Agència Tributaria espanyola Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) Estacions de Renfe Jutjats Davant d’aquests edificis es desplegaran un seguit de pancartes amb missatges que il·lustraran els greuges que pateix Catalunya dins l’Estat espanyol i evidenciaran la necessitat d’assolir un Estat independent com més aviat millor. Recomanacions sanitàries per l’11S20 Hem adaptat la mobilització presencial de l’11 de Setembre als requeriments sanitaris vigents per garantir la seguretat de totes aquelles persones que vulguin participar de la Diada. L’Assemblea està plenament capacitada per organitzar una mobilització segura, controlada i ordenada. Disposem de la suficient experiència i expertesa per tal d’idear concentracions que compleixin tots els requisits sanitaris i de seguretat. Les concentracions seran estàtiques i es controlarà el nombre d’assistents.

  

Xavier Cervera

La reacción del gobierno Rajoy es de sobras conocida y lo que ha ocurrido desde entonces hasta hoy, también. La historia analizará en perspectiva los azarosos hechos que han protagonizado las autoridades del Estado y las fuerzas políticas y sociales de Catalunya. Aplicación del 155, detenciones, encarcelamientos, exilios, juicios, indultos, una ley de amnistía, fuga de miles de empresas y una división entre catalanes que se pondrá otra vez de relieve en las elecciones del 12 de mayo.

Nadie ha ganado ni siquiera el relato. Como dice Anne Applebaum, siempre hay múltiples y distintas opiniones sobre todo. El problema es que también existen hechos alternativos o la ausencia de marcos de discusión sobre hechos probados colectivamente aceptados.

El contencioso histórico entre Catalunya y España viene de muy lejos y no se resolverá en las próximas elecciones ni en las siguientes generaciones. Catalunya no tiene fuerza suficiente para separarse unilateralmente de España, pero sí que puede desestabilizar al Estado hasta el punto de producirse la paradoja de que un político huido de la justicia española se haya convertido temporalmente en la piedra angular que corona el edificio de la gobernabilidad asegurando la investidura de Pedro Sánchez. No me importa repetir lo que tantas veces he escrito en estas páginas: la independencia de Catalunya no se producirá en contra de España y sin contar con el visto bueno de Europa y la comunidad internacional.

La independencia de Catalunya no llegará en contra de España y sin el visto bueno de Europa

El gran historiador hispanista J.H. Elliot, en su último libro Catalanes y escoceses, señala que con demasiada frecuencia los gobiernos de Londres y de Madrid no se tomaron en serio las preocupaciones de escoceses y catalanes, y no advirtieron las barreras culturales y emocionales que les separaban. El diálogo constituye una función central del gobierno democrático, pero “existen barreras en los dos bandos que no se quieren derribar”. Es una ausencia de imaginación para entender y asumir las razones del otro.

Pero hacen falta hechos concretos y continuados para que el diálogo entre las partes ofrezca resultados satisfactorios. Cuando cesa el diálogo, prosigue Elliot, un nuevo obstáculo en el camino hacia la independencia es eliminado y la secesión puede parecer como la solución más conveniente.

Las elecciones del 12 de mayo podrían indicar que el camino emprendido hace diez años no ha llevado a ninguna parte y que es necesaria una fuerte dosis de realismo para ocuparse primero de los problemas en Catalu­nya, que no son pocos y afectan a muchos, y, segundo, llegar a un pacto fiscal, económico y financiero con el Estado que facilite la paz social, el progreso y el entendimiento con los demás pueblos de España. El federalismo ha tenido éxito en Estados Unidos y en Alemania. No es una utopía.

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